miércoles 18.05.2022

Opinión

¿Qué es el Albertismo? Ideología y Autoridad en un frentetodismo sin sustancia

El des-acuerdo respecto al FMI marca un punto de quiebre en el FDT, la fractura es evidente y el fracaso de canales profesionales para procesar tensiones es indiscutible.

La pregunta es: ¿existe el “Albertismo”? Si vamos a los hechos, sí existe, débil y avergonzado, pero existe. Como si fuera poco, degradado por un sector del kirchnerismo.

Pero indaguemos al menos en dos aspectos claves de la política, ideología y autoridad, para entender de qué trata el Albertismo naciente.

1 – Ideología:

La autora Nancy Fraser definió Neoliberalismo Progresista a la “alianza” entre corrientes dominantes como los nuevos movimientos sociales (feminismo, antirracismo, multiculturalismo y derechos LGBTQ) y por otro, sectores “simbólicos” del capitalismo financiero, disfrazando a estos últimos con el apoyo de los primeros, un neoliberalismo amigable.

Si tuviésemos la posibilidad de preguntarle al propio Alberto seguramente quisiera alinear ideológicamente su gobierno con el primer kirchnerismo (transversal). Su mejor escenario sería que lo linkeen imaginariamente con Néstor.  

En cambio si le preguntamos a otros dirán que el Albertismo es en la práctica una especie de gobierno progresista, socialdemócrata. Otros se animarán a decir –el ex Secretario de Comercio Interior-  que lisa y llanamente es un gobierno radical, liviano, débil. Y otros directamente le bajarán el precio diciendo que es un gobierno sin sustancia, incapaz de realizar transformaciones (“no volvimos mejores, volvimos al pedo”).

Recordemos que en 2019 cuando Cristina elije a Alberto lo hace porque con ella sola no alcanzaba y lo trae a escena como una figura que podía captar por un lado el voto “moderado” y a la vez ser un nexo político para la vuelta de los gobernadores peronistas y el massismo, entre otros, a un frente único que garantice la victoria. 

¿Entonces es válido hoy torpedear a Alberto por sus antiguas virtudes? 

Los gobiernos de centro traen consigo desamor, se los termina oradando por derecha y por izquierda. No enamoran a propios y menos a extraños. Virtudes y defectos. Ganar o gobernar, o bien, ¿cómo ganar y gobernar?

2 – Autoridad:

En más de dos años nadie ha hecho nada por fortalecer la autoridad del Presidente. Si ni el propio Alberto lo hizo ¿quién lo haría por él? Pero es clave entender que NO HAY POLITICA SIN AUTORIDAD. La carencia de poder, entendida como la posibilidad de imponer decisiones, vacía de sentido cualquier gestión. 

El Presidente soporta pacientemente  (renuncias, ser tildado de ocupa, votaciones en contra, etc) en pos de mantener la unidad -que cada vez duele más-. Uno podría pensar que está esperando su momento, donde las relaciones de fuerza lo favorezcan (¿llegará? ¿quizá abril de 2020 era demasiado pronto?). Una espera táctica.

Otra opción es como se mencionó arriba, tratar de soportar y ser garante de la unidad. La idea de 2019 que con la unidad alcanza. ¿alcanzará ahora? Difícil si JXC también lo espera unido. 

Como deslizamos en estas líneas tanto ideología como autoridad son dos aspectos que no están nada claros en el Albertismo. 

De querer tener sobrevida en la arena política el “Albertismo” deberá ser capaz de crear un marco de creencia común que movilice a sus funcionarios y a la ciudadanía en general, a la par de restablecer la autoridad presidencial, porque sin autoridad y marco ideológico no hay política.

 

Lic. Hernán Rodríguez Berardi. Politólogo.