En Rosario, los problemas que afectan a la vida cotidiana de miles de vecinos no parecen figurar entre las prioridades del Concejo Municipal. Mientras aumentan las personas en situación de calle, el sistema de transporte público retrocede en frecuencia y calidad, y los centros de salud se debaten entre la falta de insumos y personal, los concejales se dieron el gusto de aprobar —con amplia mayoría— la distinción como Visitante Distinguida a la cantante Lali Espósito.
El reconocimiento fue aprobado con una celeridad que contrasta notablemente con el letargo de otros expedientes mucho más urgentes y sensibles para la ciudadanía. Espósito, si bien es una artista reconocida a nivel nacional, no tiene relación directa con la ciudad, más allá de haber ofrecido conciertos como parte de sus giras. La decisión de declararla visitante distinguida generó una ola de críticas en redes sociales, pero también reavivó viejas denuncias de falta de sintonía entre el Concejo y la realidad que atraviesan los rosarinos.
Con 18 votos positivos, 5 abstenciones (de los concejales del PRO Agapito Blanco, Carlos Cardozo y Anita Martínez junto al oficialista Hernán Calatayud y el peronista Lisandro Cavatorta) y el voto en contra del libertario Franco Volpe, el Concejo finalmente aprobó declarar visitante distinguida de Rosario a la cantante Mariana «Lali» Espósito. Todo ello transitó un insólito proceso, en medio de la campaña electoral para el recambio parcial de bancas en el Concejo Municipal que se produjo el domingo pasado en las urnas.
Fui el único concejal que rechazó la distinción a Lali Espósito. Por estas cosas la gente no va a votar, pero parece que algunos concejales que viven del Estado, hace más de diez años, gastan tiempo en esto, y no en lo que realmente necesitan los rosarinos.
El sentido común… pic.twitter.com/OEMyxcVrel— Franco volpe (@FrancoVolpeOK) July 3, 2025
Una de las principales críticas gira en torno a la gestión interna del propio cuerpo legislativo, encabezado por la presidenta María Eugenia Schmuck. Hasta el momento, no se ha dado curso a un pedido formal de informe para que la titular del Concejo transparente el uso de fondos públicos. A pesar de que existe una ordenanza de acceso a la información que fue votada años atrás por la propia Schmuck, no se ha respetado, lo que deja un manto de opacidad sobre el presupuesto y el manejo administrativo de “la casa del pueblo”.
La misma opacidad cubre también otros aspectos: no se conocen los sueldos de los concejales y tampoco se detalla cuánto se gasta en asesores, viáticos, actividades protocolares o declaraciones simbólicas como la que motivó la visita de Lali Espósito.
En este contexto, no sorprende el creciente desinterés de la población hacia la política local. Los niveles de abstención en las últimas elecciones rozaron cifras récord, y buena parte de la ciudadanía manifiesta su hartazgo por sentirse desoída. A la luz de este episodio, resulta evidente por qué: quienes deberían ser representantes del pueblo priorizan acciones simbólicas, vacías y alejadas de las preocupaciones reales de la gente.
La declaración a favor de una celebridad puede parecer un gesto inocente, incluso bienintencionado. Pero en el marco actual —con una Rosario golpeada por la inseguridad, la pobreza y la precariedad institucional— ese tipo de gestos se convierte en un símbolo más del divorcio entre la política y la sociedad. Un divorcio que se agrava con cada acto que elige el espectáculo por sobre las soluciones.