« »
HOY:  domingo 11 de enero del 2026

¡Accedé a contenido exclusivo!

PASO, boleta única y pisos electorales: la reforma que puede redefinir el poder en Santa Fe

El gobernador busca que la Legislatura sancione cambios en el primer cuatrimestre, con foco en boleta única y PASO. El debate expone tensiones entre gobernabilidad, reparto de poder y calidad democrática.

El inicio del año político en Santa Fe no viene con un tema menor: la reforma electoral. Tras la reforma constitucional y el nuevo esquema de representación legislativa —que eliminó el histórico “premio” de mayoría automática para quien ganaba Diputados— el oficialismo provincial reconoce que el sistema electoral quedó desajustado y que, tarde o temprano, habrá que reescribir reglas.

El gobernador Maximiliano Pullaro ya definió su hoja de ruta: pretende que la Legislatura sancione la reforma electoral durante el primer cuatrimestre de 2026, con un objetivo explícito: alejar la discusión del clima electoral de 2027, donde él buscará la reelección.

Sin embargo, mientras públicamente se busca acelerar, hacia adentro del frente gobernante Unidos hay un dato clave: no existe un acuerdo interno sobre los dos pilares del debate.

  1. ¿Se sostienen o se eliminan las PASO?

  2. ¿Se modifica la boleta única y cómo?

Lo que se anticipa, en términos políticos, es un debate de alta tensión porque no es solamente técnico: es una discusión sobre cómo se distribuye el poder dentro del sistema, qué margen se le deja al voto ciudadano y cuánto se ordena desde arriba.

El nuevo mapa: se terminó la “mayoría automática” y eso obliga a revisar las reglas

La reforma constitucional santafesina trajo un cambio estructural que altera todo lo demás: se dejó atrás el sistema por el cual quien ganaba la categoría Diputados accedía automáticamente a 28 de 50 bancas.

Ese diseño había sido, durante décadas, la base del “gobierno con mayoría garantizada”. Ahora, Santa Fe pasa a un D’Hondt puro, lo que implica algo que parece obvio pero que cambia el juego: se puede ganar y aun así no tener control legislativo.

Y eso explica por qué el gobierno provincial quiere discutir boleta única, pisos electorales y PASO: la gobernabilidad ya no está asegurada por la matemática.

En esa transición aparece el dilema que empieza a atravesar a Unidos: o se impulsa una reforma electoral para ordenar el sistema y volverlo menos fragmentado; o se prioriza que el sistema mantenga herramientas de competencia interna, participación y diversidad, aunque eso complique mayorías estables.

Boleta Única: Pullaro admite que se estudian cambios

El gobernador confirmó que se analiza cambiar el sistema de boleta única vigente, donde actualmente hay una papeleta por categoría.

Ese modelo —que Santa Fe convirtió en bandera institucional hace años— permitió en la práctica un comportamiento electoral típico: el voto cruzado, eligiendo opciones diferentes según cada tramo.

Pero con el nuevo esquema constitucional, ese voto cruzado genera una consecuencia política mayor: puede traducirse en legislaturas más fragmentadas, con mayor dificultad para construir acuerdos.

Por eso, Pullaro lo reconoce y lo pone sobre la mesa: se estudia una boleta que integre categorías en menos papeletas o incluso en una sola, para inducir un voto más lineal.

Tres modelos en discusión: Córdoba, Nación o “intermedio santafesino”

En la mesa de análisis aparecen dos modelos completos y una alternativa intermedia:

1) Modelo Córdoba

La boleta reúne todas las categorías y tiene un elemento decisivo: un casillero para votar lista completa.

Ese “botón” político tiene efectos inmediatos: fortalece el voto a un espacio como bloque; reduce el corte; potencia a quien encabeza (gobernador o intendente).

2) Modelo Nacional

También concentra categorías en una boleta única integrada, pero sin el mismo esquema cordobés de lista completa como atajo dominante.

3) Modelo “mixto” (dos o tres boletas)

Dentro de Unidos hay sectores que empujan algo “menos drástico”: Gobernador + Diputados en una boleta. Intendente + Concejales en otra. Senadores: en una tercera o integrado a la primera.

Esta opción tiene una lectura política clara: no tocar del todo el ADN santafesino, pero reducir el número de papeletas y ordenar más el voto.

Senadores: el poder territorial que no quiere diluirse

Un punto central de la discusión es el rol de la Cámara Alta.

En Santa Fe, el Senado es una maquinaria territorial: no solo legisla, sino que construye estructura, gestión y vínculos locales con enorme peso político. Por eso, los senadores —radicales y peronistas— resisten un sistema que pueda licuarlos dentro de la boleta del gobernador y de Diputados.

En términos simples: si el senador va “colgado” del gobernador, pierde autonomía. Y en Santa Fe, el senador no suele querer ser un segundo plano.

Esta resistencia no es ideológica: es estructura de poder real.

El piso electoral: herramienta para frenar atomización

Otro aspecto que se discute es elevar el piso mínimo para acceder a representación, hoy establecido en torno al 1,5% del padrón.

La explicación técnica es simple: evitar una Legislatura con exceso de bloques pequeños.

Pero el efecto político es enorme: subir pisos implica que fuerzas chicas o expresiones locales puedan quedar afuera, empujando un escenario hacia: menos partidos con banca, más concentración de poder, tendencia a “coaliciones grandes obligatorias”.

Es decir: el piso se presenta como herramienta de gobernabilidad, pero tiene costos en pluralidad.

PASO: la discusión que puede romper el equilibrio interno

En la interna de Unidos, el tema PASO es todavía más sensible que la boleta única.

Pullaro no definió una postura tajante. Reconoció que se estudia todo y lanzó una frase que en realidad encierra un mensaje hacia adentro:

“Yo soy producto de las Paso también. Pero hay que estudiarlo todo”.

La pregunta no es solo si se vota o no se vota. La pregunta real es: ¿quién decide candidaturas?

Eliminar o debilitar las PASO fortalece: conducción central, acuerdos de cúpula, “dedazo” o listas cerradas de consenso armado. Y eso genera resistencia en sectores del propio Unidos que temen quedar subordinados al liderazgo del gobernador o de intendentes fuertes.

Socialismo: cautela, pero con bandera institucional

El socialismo —que es un socio pesado en Diputados dentro del oficialismo— no mostró aún una posición formal definitiva, pero dejó una línea marcada: cualquier reforma debe ser con “consenso amplísimo” y sin retroceder en calidad democrática.

El argumento de fondo es político e identitario: Santa Fe fue pionera en: boleta única y PASO

Ambas reformas se vendieron como: más transparencia; más participación; menos dedo; más poder al voto popular.

Por eso, el socialismo teme que en nombre del orden institucional se haga una reforma que, en la práctica, consolide poder en pocos actores.

Peronismo: acompañamientos parciales y una defensa cerrada de las PASO

En el PJ el mapa también está dividido. El Perottismo, aparece como sector más cercano a algunos cambios: subir pisos electorales, unificar boletas, incluso integrar categorías.

Para los demás sectores del Peronismo, las PASO son clave para evitar fracturas, ordenar internas y permitir competencia sin quiebre definitivo.

En un peronismo con muchas tribus, suprimir PASO sería, para muchos, sinónimo de ruptura garantizada o de candidatos digitados sin legitimidad.

Un debate que no es técnico: es sobre el reparto de poder

En el fondo, la discusión electoral en Santa Fe viene cargada por algo mayor: la percepción de que la reforma constitucional modificó el reparto de poder, pero dejó afuera lo que determina el poder real.

Porque las reglas electorales no son neutras: determinan qué fuerzas entran o quedan afuera, cuánto valen las minorías, qué margen tienen los aparatos partidarios, y cuánta decisión final queda en manos del elector.

Las críticas más duras —expresadas desde una mirada institucional— advierten que las reformas en danza podrían tener un objetivo no declarado: empujar, por vía normativa, hacia un esquema de 2 o 3 coaliciones dominantes y una periferia política sin incidencia real.

Dicho de otro modo: “ordenar el sistema” puede ser, también, “cerrarlo”.

Lo que viene: una reforma “a contrarreloj” pero con impacto a largo plazo

Pullaro quiere la ley electoral lista en el primer cuatrimestre de 2026. Tiene números legislativos para lograrlo. Pero aun con mayorías, el riesgo es que una reforma sin acuerdo amplio quede marcada como una reforma conveniente y no como una reforma necesaria.

Y hay una dimensión que ningún bloque puede ignorar: la apatía social.

Hoy la participación electoral cayó —según se advierte en el debate— desde niveles históricos del 70/75% hacia registros cercanos al 50%. No es solo cansancio: también es pérdida de confianza.

Por eso, modificar reglas electorales sin reconstruir credibilidad puede resultar un gesto político vacío: cambiar para que nada cambie, o cambiar solo para garantizar mayor control del sistema.

La verdadera discusión de Santa Fe no será solo PASO sí o no, o boleta integrada o no. Será, de fondo:

si la reforma electoral amplía el poder ciudadano o reordena el sistema para consolidar el poder de los actores principales.

Compartí esta nota:

Facebook
X
Threads
LinkedIn
WhatsApp
Email

Temas de la nota:

Banner Universo Largo
Banner Universo Mobile
Banner Concejo Santa Fe 1
Banner Ideatorio Agencia Chico

Otras noticias

Más noticias