En las próximas semanas, mientras la política santafesina intenta ordenar la agenda “pos reforma constitucional”, un debate nacional se cuela con fuerza en la provincia y amenaza con reconfigurar alianzas, discursos y tensiones: la Reforma Laboral que impulsa el presidente Javier Milei.
Lejos de los posicionamientos estridentes, el gobernador Maximiliano Pullaro eligió una estrategia más compleja: no confrontar con Nación, no romper puentes con el universo libertario y, al mismo tiempo, marcar una postura propia “a la santafesina”, con argumentos productivos y foco PyME. Un equilibrio difícil. Una jugada pragmática. Y, sobre todo, un movimiento político con cálculo de largo plazo.
El dato central es que el Gobierno provincial no se para en la vereda de enfrente del proyecto libertario, aun sabiendo que ese gesto profundiza su grieta con trabajadores, gremios y sectores del empleo público, un universo con peso territorial real y capacidad de conflicto, particularmente en un año en el que la provincia quiere mostrar gestión, orden y previsibilidad.
Pero Pullaro parece dispuesto a pagar ese precio: no por afinidad plena con Milei, sino por conveniencia estratégica. En el fondo, el gobernador juega con una certeza: su construcción hacia 2027 no puede quedar pegada al kirchnerismo ni al rechazo absoluto de las reformas nacionales, porque su electorado comparte franjas sensibles con el de La Libertad Avanza.
Una definición que explica todo: Santa Fe no quiere pelearse con Milei
En la Casa Gris repiten, casi como doctrina, tres razones que condicionan la postura pública del gobernador:
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Pullaro tiene otras prioridades y batallas internas: seguridad, control territorial, reforma judicial, implementación constitucional, municipios, elecciones, obra pública. En ese tablero, confrontar con Nación aparece como desgaste extra y de dudoso rendimiento.
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El peso del pullarismo en el Congreso es casi nulo: la experiencia del último año demostró que, más allá de declaraciones, el margen real de incidencia del radicalismo santafesino en las votaciones decisivas es bajo. En esa debilidad, el gobernador evita sobreactuar un poder que no tiene.
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Nación “le bajó el precio” a Santa Fe: el dato político que circula en el oficialismo es elocuente: ni siquiera se concreto una reunión formal del flamante ministro del Interior Diego Santilli con “el hombre de Hughes”. Santa Fe no está en el centro politico del mapa nacional, y Pullaro lo sabe.
Esa combinación explica por qué, a diferencia de otros mandatarios provinciales que amenazan con guerra fiscal por coparticipación, Santa Fe evita una confrontación frontal. El gobernador parece convencido de que pelearse con Milei hoy no suma poder y sí acumula enemigos.
El punto sensible: Ganancias y el golpe en la coparticipación
El proyecto de reforma laboral libertario incluye un capítulo impositivo con un impacto directo sobre las provincias: la baja del Impuesto a las Ganancias, que es coparticipable.
Según estimaciones del IARAF, a Santa Fe podrían “escurrírsele” unos 97 mil millones de pesos anuales.
Ese es el punto que en otras provincias abre la puerta a la resistencia dura. Pero aquí aparece la primera señal de diferencia santafesina: el gobierno provincial no quiere tensionar por el lado tributario.
Y ahí se entiende el trasfondo: Santa Fe elige discutir la reforma laboral más desde el “modelo productivo” que desde el “lamento fiscal”. Es una decisión política: Pullaro no quiere quedar como un gobernador que defiende impuestos, porque su discurso es, justamente, de baja tributaria y estímulo a la inversión.
El canje de Pullaro: “baja de Ganancias sí, pero paguen la deuda previsional”
En ese marco, el gobernador dejó correr una propuesta que es, al mismo tiempo, económica y política:
Aceptar la baja de Ganancias a cambio de que Nación retome transferencias y pague la deuda con la Caja de Jubilaciones de Santa Fe.
Los números explican por qué la Casa Gris insiste en esa idea:
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En 2025, la provincia habría puesto más de 221.610 millones para cubrir déficit previsional (sin contar diciembre).
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La deuda acumulada, según cifras oficiales, rondaría 1,5 billón de pesos.
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Para dimensionar: los ingresos totales por coparticipación de Ganancias en Santa Fe fueron del orden de 1,7 billón.
Traducido a rosca política: Pullaro necesita mostrar que no entrega recursos a Nación sin cobrar algo a cambio. Y el reclamo previsional es una bandera con consenso amplio: lo puede defender ante empresarios, radicalismo, socialismo y hasta parte del peronismo.
Informalidad, empleo registrado y litigiosidad
En paralelo, el Gobierno provincial intenta ordenar su postura para que no sea un mero gesto de alineamiento ideológico con Milei.
El ministro de Trabajo santafesino, Roald “Coco” Báscolo, planteó tres ejes con los que Santa Fe busca entrar al debate: Informalidad laboral: admiten que el principal drama estructural es el trabajo en negro. Se habla de 43% de informalidad a nivel país y picos mayores en algunas provincias. Estancamiento del empleo privado registrado: Báscolo sostuvo que en 10 o 15 años el crecimiento fue mínimo y que el problema se agravó en 2024 y 2025. Litigiosidad laboral: una agenda que Santa Fe intenta “judicializar menos” mediante convenios con Corte, SRT y mecanismos institucionales.
Este enfoque no es ingenuo: permite que Pullaro diga “sí” al debate de modernización laboral sin que eso suene automáticamente a flexibilización cruda o reforma antiobrera. Es, en definitiva, una narrativa de equilibrio: ordenar el trabajo sin romper el tejido productivo.
La jugada política real: acercarse a Milei sin abrazarlo, y marcar rumbo hacia 2027
Detrás de la discusión técnica y fiscal hay un punto que en el oficialismo ya no se disimula: 2027 está en la cabeza de Pullaro.
El gobernador entiende que: comparte electorado con Milei en Santa Fe, el “antikirchnerismo” funciona como cemento cultural de esa base electoral, y quedar ubicado en una posición de rechazo total a las reformas libertarias podría empujarlo a una foto peligrosa: cerca del kirchnerismo, algo que el pullarismo considera una “mancha venenosa” en términos electorales.
En ese esquema, Pullaro elige un lugar: acompañar con matices. No romper. No confrontar. No quedar afuera del nuevo eje ideológico que ordena parte del votante santafesino.
Pero ese movimiento tiene un costo inevitable: la relación con los trabajadores y los gremios.
El gobernador sabe que enviar señales a favor de una reforma laboral libertaria: endurece el vínculo con sindicatos, reaviva memorias del ajuste, y puede tensionar la calle en un año donde también se discuten salarios, educación y empleo público. Además teniendo en cuenta esto, ¿cuál sería la opinión de los socios Socialistas?.
Sin embargo, está dispuesto a asumirlo porque su prioridad no es conservar paz eterna con el mundo gremial: su prioridad es no quedar aislado del nuevo sentido común de su electorado competitivo.
Peronismo en guardia
La oposición peronista —especialmente el perottismo— observa cada gesto del gobernador como posible contradicción futura. El antecedente está a mano: en 2022, cuando el PJ acordó con Nación por otra deuda, el entonces opositor Unidos acusó “entrega”. Hoy, si Pullaro negocia con Milei, puede quedar expuesto al mismo argumento.
Por eso, el PJ prepara la lupa: no discute solo números. Discute relatos. Y en política, muchas veces, el relato pesa más que la letra chica.
Lo que viene
Mientras el Gobierno nacional prepara febrero para avanzar en el Congreso, Santa Fe se posiciona sin gritar, pero con señales concretas: no dinamita el puente con Milei, discute puntos laborales y PyME más que coparticipación, reclama previsión previsional como bandera federal, y administra el impacto interno con sindicatos.
En síntesis, Pullaro entra al debate de reforma laboral con una lógica que lo define: no se trata de apoyar por convicción pura ni de resistir por épica. Se trata de moverse en un tablero donde el poder nacional hoy se llama Milei, el electorado se corre hacia la derecha, y el gobernador quiere llegar fuerte al 2027.
Y si para eso debe pagar el costo de una grieta con trabajadores santafesinos, todo indica que su decisión ya está tomada.



