Más de 25 organizaciones sindicales, con presencia rosarina se declararon en estado de alerta y unidad frente al avance de la reforma laboral impulsada por el presidente Javier Milei. El encuentro, realizado en la sede de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), dejó una señal política clara: el movimiento obrero comienza a reagruparse para enfrentar lo que considera un intento de flexibilización regresiva que amenaza derechos históricos de los trabajadores.
En paralelo, el histórico dirigente rosarino Walter Palombi, secretario general del Sindicato del Correo, fue aún más lejos y apuntó directamente contra buena parte del arco político nacional y provincial. “Hay que sacarse las caretas: a Milei le votaron todo”, disparó, en una entrevista que rápidamente circuló en ámbitos gremiales y políticos.
El contexto no es menor. Mientras el Gobierno nacional avanza con su proyecto de reforma integral del sistema laboral —enmarcado dentro de la reforma del Código Penal y del paquete de cambios estructurales del modelo libertario—, crece la preocupación en los sectores sindicales por el impacto que estas medidas pueden tener sobre la estabilidad laboral, las condiciones de trabajo y la negociación colectiva.
Unidad gremial frente a una reforma “regresiva”
La reunión en la UOM congregó a representantes de más de 25 gremios de distintas ramas productivas y de servicios: industria, transporte, energía, gráficos, ferroviarios, aceiteros, aeronáuticos, viales, mineros, remiseros, entre otros. Allí se resolvió avanzar en una estrategia común que combine tres frentes de acción: el jurídico, el legislativo y la movilización política.
Los dirigentes coincidieron en caracterizar la iniciativa del Ejecutivo nacional como un intento de flexibilización laboral orientado a facilitar despidos, profundizar la precarización y debilitar el entramado productivo argentino.
“Queremos aportar ideas y unir esfuerzos para que las estrategias nos encuentren de pie y en lucha, con unidad y propuestas concretas”, expresaron los participantes, bajo la conducción del secretario general de la UOM, Abel Furlán.
Uno de los puntos más sensibles del encuentro fue el rol de los gobernadores en las negociaciones con la Casa Rosada. Desde el sindicalismo fueron tajantes: advirtieron que los mandatarios provinciales no pueden discutir la reforma laboral en función de intereses fiscales o políticos locales, resignando derechos del conjunto de los trabajadores. En ese sentido, exigieron que el movimiento obrero tenga un lugar central en cualquier mesa de diálogo con el Gobierno nacional.
Como parte del plan de acción, se fijó una nueva reunión para el próximo miércoles 28, nuevamente en la UOM, donde se terminarán de definir medidas concretas.
Palombi y un mensaje sin rodeos
En ese clima de reorganización gremial, Walter Palombi se convirtió en una de las voces más duras contra el rumbo económico y laboral del Gobierno nacional, pero también contra quienes —según su mirada— facilitaron ese camino desde el sistema político.
“El problema es que después se hacen los distraídos. Gobernadores, intendentes, legisladores: a Milei le votaron todas las leyes que pidió”, sostuvo el dirigente del Correo. Y agregó: “No hay lugar para esconderse. Si creen que esta reforma es buena, que lo digan. Si piensan que este modelo económico regresivo es positivo, que lo salgan a defender públicamente”.
Palombi describió un escenario social cada vez más complejo, marcado por salarios que no alcanzan, temor a la pérdida del empleo y un deterioro generalizado de las condiciones laborales. En ese marco, llamó a profundizar la organización de base, con recorridas por oficinas, sucursales y localidades del interior, para dialogar directamente con los trabajadores y fortalecer la unidad.
“El movimiento obrero tiene una gran oportunidad cuando se trate la reforma laboral. Tiene que haber una movilización nacional muy grande. Hay que ganar las calles”, remarcó en una entrevista con Panorama Gremial.
Para el dirigente rosarino, la iniciativa oficial no ofrece ningún beneficio para los trabajadores ni siquiera para las pequeñas empresas. Por el contrario, anticipó un escenario de mayor precarización, donde se repetirán prácticas ya vistas durante la pandemia: renuncias forzadas y recontrataciones bajo peores condiciones laborales.
“En el mundo se discute cómo reducir la jornada laboral y ampliar derechos. Acá vamos para atrás”, advirtió.
Críticas al modelo y al silencio político
Más allá del rechazo a la reforma laboral, Palombi puso el foco en lo que considera una falta de compromiso de los gobiernos provinciales frente al impacto del ajuste nacional en sus territorios.
Se preguntó públicamente dónde están las autoridades cuando cierran fábricas, se pierden puestos de trabajo o se vacían servicios esenciales. Mencionó casos emblemáticos como Vassalli, Villa Constitución, los peajes y el cierre de sucursales bancarias, y cuestionó la ausencia del Estado provincial acompañando esos conflictos.
“El original está claro: es un presidente puesto por corporaciones y un modelo económico que expulsa trabajadores del mercado laboral. Pero lo demás también son responsables. No pueden mirar para otro lado”, sentenció.
También expresó su solidaridad con los docentes y con los distintos sectores en conflicto, y criticó que se enfrente a trabajadores mientras no se discute de fondo el impacto del programa económico nacional.
Rosario, epicentro de una resistencia en construcción
Con más de 25 gremios alineados y dirigentes históricos llamando a “sacarse las caretas”, Rosario vuelve a posicionarse como un nodo clave del movimiento obrero frente al avance del programa libertario. La consigna es clara: militar el rechazo a una reforma que consideran regresiva y organizar una respuesta colectiva que trascienda lo sectorial.
En ese marco, el mensaje de Palombi sintetiza el clima que empieza a tomar forma en el sindicalismo local: no alcanza con señalar al Gobierno nacional. Para muchos dirigentes, llegó el momento de interpelar también a quienes, desde el poder territorial o legislativo, facilitaron el rumbo actual.
La próxima semana, con una nueva convocatoria gremial, podría marcar un punto de inflexión en la construcción de una estrategia común. Mientras tanto, el movimiento obrero rosarino comienza a reagruparse, con la calle como horizonte y la reforma laboral como principal campo de disputa.



