Por Marcos Ibáñez *
El fútbol y la política mantienen una relación profunda y compleja, porque ambos forman parte de la vida social y cultural de los pueblos. El fútbol no es solo un deporte: es identidad, barrio, historia compartida y sentimiento colectivo. En una cancha se expresan alegrías, frustraciones y pertenencias que muchas veces no encuentran otros espacios de manifestación. Por eso, resulta inevitable que la política, entendida como la forma de organizar la vida en común, esté presente.
A lo largo del tiempo, el fútbol ha sido una herramienta de integración social, contención y desarrollo comunitario. Muchos clubes nacieron en barrios humildes y se transformaron en espacios de educación, encuentro y oportunidades. En ese sentido, la política cumple un rol positivo cuando acompaña, invierte, genera reglas claras y fortalece a las instituciones deportivas con una mirada social y de largo plazo.
Pero esta relación también exige una responsabilidad central: garantizar la no violencia en las canchas. No puede haber proyecto deportivo ni política pública válida si el fútbol se convierte en un espacio de agresión, miedo o enfrentamiento. La violencia le quita sentido al juego, expulsa a las familias y naturaliza conductas que dañan a toda la comunidad.
La política y los dirigentes deportivos deben trabajar juntos para promover el respeto, el diálogo y reglas claras, con sanciones justas y educación permanente. Jugadores, técnicos, árbitros e hinchas también tienen un rol fundamental: entender que el rival no es un enemigo y que la pasión no justifica el agravio ni la agresión.
El desafío es construir un fútbol donde la política aporte organización, programas, transparencia e inclusión, y donde la no violencia sea un valor irrenunciable. Solo así el fútbol podrá seguir siendo una expresión popular que una, eduque y represente lo mejor de nuestra sociedad.
* Marcos Ibáñez
Presidente del Comité UCR Reconquista
Presidente de la Liga Reconquistense de Fútbol



