15/09/2026 10:06 pm

La otra cara de Santa Fe: 40% de pobreza y escuelas que hacen malabares para dar de comer

Mientras la Provincia despliega una inversión extraordinaria por los Juegos Suramericanos, las cooperadoras advierten que las partidas para comedores no alcanzan. En el Gran Santa Fe, la pobreza llegó al 39,7% y la indigencia al 10,4%.

Mientras Santa Fe despliega una inversión extraordinaria para la realización de los Juegos Suramericanos, otra realidad mucho menos visible atraviesa a la provincia. En el Gran Santa Fe la pobreza alcanzó al 39,7% de la población y la indigencia al 10,4% durante el primer trimestre de 2026. En paralelo, un reclamo que comenzó a tomar fuerza en la capital provincial se extiende hacia otras ciudades: cooperadoras escolares advierten que los $1.502 que aporta el Gobierno por cada ración de comedor no alcanzan para cumplir con los propios menúes establecidos para los alumnos. El problema ya no es solamente presupuestario: cada vez son más los chicos que necesitan alimentarse en la escuela.

Santa Fe vive por estos días dos realidades. Una es la que muestran los Juegos Suramericanos, con estadios, nuevas infraestructuras, visitantes internacionales y una provincia que busca proyectarse hacia el país y Sudamérica a través de un acontecimiento deportivo de enorme magnitud. La otra ocurre todos los días dentro de las escuelas: cooperadores haciendo cuentas, directivos buscando alternativas, docentes que conocen las necesidades de sus alumnos, familias que ya no consiguen cubrir todas las comidas y chicos para quienes la escuela dejó de ser solamente el lugar donde aprenden para transformarse también en el lugar donde comen.

Una provincia que invierte millones y escuelas que cuentan pesos

Los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 representan una inversión extraordinaria para la Provincia. Las estimaciones difundidas alrededor de la organización ubican el desembolso global en una cifra que supera largamente los US$100 millones al considerar infraestructura, equipamiento, villas y gastos vinculados con el evento. El Gobierno de Maximiliano Pullaro defiende esa decisión como una inversión destinada a dejar infraestructura deportiva permanente y generar actividad económica, turística y urbana.

La discusión tiene argumentos atendibles de ambos lados. Las obras quedarán, los escenarios podrán utilizarse después de la competencia, el turismo genera movimiento económico y la organización de un acontecimiento internacional posiciona a la provincia. Pero ninguna de esas razones elimina otra discusión: la de las prioridades. Porque mientras Santa Fe moviliza inversiones extraordinarias para organizar un acontecimiento internacional, cientos de escuelas cuentan pesos para intentar garantizar que sus alumnos puedan comer.

$1.502 para darle de comer a un chico

El Gobierno provincial actualizó un 9,3% las partidas destinadas a comedores escolares y copa de leche. Con los nuevos valores, el Estado aporta $1.502 por alumno para una ración de comedor y $626 para la copa de leche. La Provincia, por lo tanto, realizó una actualización de los recursos. El problema planteado por las cooperadoras es que el monto resultante continúa sin alcanzar para afrontar el costo real de los alimentos.

Cuando esos $1.502 salen de una resolución administrativa y llegan a la góndola, aparece la diferencia. Desde las cooperadoras utilizaron como ejemplo uno de los platos contemplados en los menúes: bife con puré. Una porción incluye aproximadamente 100 gramos de carne, además de papa y calabaza. Con un kilo de carne que, según los valores señalados en el reclamo, puede ubicarse entre $18.000 y $22.000, solamente los 100 gramos necesarios para esa comida representan entre $1.800 y $2.200. Es decir, el costo de la carne puede superar por sí solo todo el dinero que el Estado provincial asigna para financiar la ración completa.

La diferencia la terminan cubriendo las cooperadoras

Allí comienza el verdadero problema. Si el dinero no alcanza, las escuelas deben modificar menúes, buscar precios, reemplazar alimentos, administrar cantidades y recurrir a recursos adicionales. Buena parte de esa diferencia termina siendo cubierta por las cooperadoras escolares, que realizan beneficios, actividades y diferentes acciones para conseguir fondos que permitan completar aquello que la partida provincial no alcanza a financiar.

El costo real de alimentar a un estudiante no desaparece porque el presupuesto oficial establezca un monto inferior. Alguien termina pagando la diferencia y, cuando el Estado no la cubre completamente, el esfuerzo se traslada hacia la propia comunidad educativa. El reclamo que comenzó a hacerse visible en la ciudad de Santa Fe empezó además a extenderse hacia otros puntos de la provincia, donde aparecen dificultades similares para sostener los servicios alimentarios.

Ya no es solamente cuánto cuesta: cada vez son más

Existe un segundo problema que resulta todavía más preocupante: el aumento de la demanda. Según los datos aportados por las cooperadoras, sobre un universo cercano a 900.000 alumnos en toda la provincia, aproximadamente 460.000 reciben algún tipo de asistencia alimentaria en las escuelas y se distribuirían alrededor de 580.000 raciones.

El planteo sostiene que la cantidad de chicos que necesitan asistencia creció a un ritmo superior al incremento de las partidas y de la cobertura. Según la organización, el Gobierno provincial aumentó aproximadamente un 10% la cantidad de raciones otorgadas a comienzos del año, mientras que la demanda reconocida rondaría el 30%. La diferencia deja a establecimientos y estudiantes reclamando mayor cobertura y también alimenta el pedido para extender la copa de leche a todas las escuelas públicas.

El número que explica buena parte del problema: 39,7%

El contexto socioeconómico del Gran Santa Fe permite comprender mejor lo que sucede. Según estimaciones del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina, elaboradas a partir de datos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, la pobreza alcanzó al 39,7% de la población del Gran Santa Fe durante el primer trimestre de 2026. Casi cuatro de cada diez personas.

Con ese registro, el aglomerado quedó ubicado como el cuarto con mayor nivel de pobreza entre los relevados, ampliamente por encima del promedio nacional estimado para el mismo período, que se ubicó en el 30%. El número describe un deterioro social que inevitablemente termina llegando a las instituciones educativas, porque cuando disminuye la capacidad económica de las familias también aumenta la importancia de los servicios que encuentran en la escuela.

Uno de cada diez habitantes, bajo la línea de indigencia

El segundo indicador resulta todavía más duro. La indigencia alcanzó al 10,4% de la población del Gran Santa Fe, colocando también al aglomerado dentro del grupo con los registros más elevados del país. La diferencia entre pobreza e indigencia adquiere una dimensión especial cuando se habla de comedores escolares: una persona indigente integra un hogar cuyos ingresos no alcanzan siquiera para cubrir una canasta básica alimentaria.

Que aumente la demanda de alimentos dentro de las escuelas mientras uno de cada diez habitantes del aglomerado se encuentra bajo la línea de indigencia no permite establecer automáticamente una relación causal caso por caso, pero ambos fenómenos describen un mismo escenario de vulnerabilidad. La escuela recibe muchas veces el impacto de la crisis antes de que ese deterioro termine reflejado completamente en las estadísticas.

El comedor empieza donde termina el ingreso familiar

Hay situaciones cotidianas relatadas desde las cooperadoras que explican el problema mejor que cualquier porcentaje. Chicos que intentan guardar el postre para comerlo durante la tarde o que buscan llevar un pedazo de pan a sus casas para compartirlo con algún integrante de su familia. Escenas que transforman por completo una discusión que podría parecer exclusivamente presupuestaria.

Ya no se trata solamente de determinar si $1.502 por ración resulta suficiente desde una oficina administrativa. Se trata de comprender qué representa esa cifra cuando la comida que recibe un alumno dentro de la escuela puede convertirse en una parte importante de su alimentación cotidiana.

El cierre de merenderos traslada la presión hacia las escuelas

Las cooperadoras agregan otro fenómeno que agrava la situación: comedores comunitarios y merenderos que dejaron de funcionar o redujeron prestaciones debido a las dificultades para conseguir financiamiento. Cuando uno de esos espacios cierra, la necesidad social no desaparece sino que se traslada, y una parte termina llegando inevitablemente a las escuelas.

Ese proceso obliga a mirar el sistema educativo desde una dimensión que excede ampliamente lo pedagógico. Cuando una familia pierde capacidad económica, la escuela lo siente. Cuando cierra un merendero, la escuela recibe nuevas demandas. Cuando aumenta la pobreza, directivos, docentes y cooperadores comienzan a advertirlo en la vida cotidiana mucho antes de que aparezca un nuevo informe estadístico.

Un reclamo que comenzó en Santa Fe y se extiende

La denuncia comenzó a adquirir mayor visibilidad desde la ciudad de Santa Fe, pero ya no aparece como una preocupación exclusivamente capitalina. Situaciones similares comienzan a plantearse en otras ciudades de la provincia y el reclamo apunta fundamentalmente a revisar si las partidas establecidas alcanzan efectivamente para garantizar la alimentación que se pretende brindar.

El planteo no consiste únicamente en reclamar una nueva actualización porcentual. Lo que las cooperadoras ponen en discusión es el mecanismo: si la partida aumenta siguiendo determinados índices, pero los alimentos concretos incluidos en los menúes cuestan más que aquello que el Estado transfiere, el monto puede estar formalmente actualizado y continuar siendo insuficiente en la práctica.

El Gobierno actualizó; las cooperadoras dicen que no alcanza

La discusión requiere reconocer las dos partes. La Provincia incrementó las partidas un 9,3%, por lo que no existe una ausencia absoluta de respuesta oficial. Las cooperadoras, sin embargo, sostienen que el nuevo valor continúa lejos de cubrir los costos reales y utilizan los precios de los alimentos como principal argumento.

El reclamo comenzó además a encontrar eco político. Desde las cooperadoras valoraron que el tema ingresara en la Legislatura y reclamaron que diputados y senadores discutan mecanismos para ampliar la cobertura y actualizar los recursos. Detrás de una diferencia presupuestaria aparece una discusión mucho mayor: quién termina garantizando la alimentación cuando el ingreso familiar ya no alcanza.

Los Juegos no provocaron la pobreza

Establecer una relación directa entre los Juegos Suramericanos y estos indicadores sociales sería simplificar un problema mucho más complejo. Los Juegos no generaron el 39,7% de pobreza del Gran Santa Fe y cancelar un acontecimiento deportivo tampoco resolvería automáticamente la crisis alimentaria, laboral o social. Buena parte del deterioro socioeconómico está atravesado por variables nacionales como la actividad económica, los salarios, el empleo, la inflación, las transferencias y los ingresos familiares.

Pero que no exista una relación causal directa no significa que la comparación presupuestaria carezca de sentido político. Gobernar también implica establecer prioridades. Y cuando un Estado demuestra capacidad financiera, administrativa y política para movilizar una inversión extraordinaria destinada a un acontecimiento internacional, resulta razonable discutir qué capacidad destina simultáneamente a responder necesidades básicas que también están creciendo.

Dos escalas completamente diferentes

Millones de dólares destinados a infraestructura y organización de los Juegos. $1.502 para financiar una ración de comedor escolar. No son cifras directamente comparables desde el punto de vista presupuestario: una corresponde a una inversión extraordinaria y otra al valor unitario de una prestación recurrente que debe sostenerse durante todo el calendario escolar. Pero políticamente muestran dos escalas muy diferentes de intervención estatal.

Para los Juegos, Santa Fe movilizó financiamiento, recursos propios, planificación, obra pública y capacidad administrativa. Para una comida escolar, las cooperadoras denuncian que el monto asignado no alcanza siquiera para reproducir algunos de los menúes previstos. La discusión, entonces, no debería reducirse a Juegos o comedores. La pregunta es si una provincia capaz de organizar un acontecimiento internacional de semejante magnitud puede garantizar al mismo tiempo que ninguna escuela necesite organizar actividades para completar el plato de sus alumnos.

La verdadera discusión empieza después de la fiesta

Los Juegos terminarán y quedarán estadios, pistas, centros deportivos, equipamiento e infraestructura que la Provincia presenta como parte del legado de Santa Fe 2026. También quedará para analizar cuánto costó finalmente el acontecimiento, cómo se financiaron las inversiones y qué movimiento económico consiguió generar.

Pero cuando termine la competencia, las escuelas volverán a abrir al día siguiente. Los mismos chicos volverán a entrar, las cooperadoras volverán a comprar y los comedores deberán volver a servir. Allí aparece la otra Santa Fe: una región donde casi cuatro de cada diez habitantes son pobres, uno de cada diez está bajo la línea de indigencia y comunidades educativas advierten que deben completar con esfuerzo propio aquello que las partidas estatales no consiguen cubrir.

El debate no consiste en negar el deporte, las obras o la posibilidad de organizar un acontecimiento internacional. Consiste en discutir prioridades. Porque el legado de una gestión no se mide solamente por los estadios que consigue inaugurar. También se mide por algo mucho más elemental: si cuando un chico se sienta a la mesa de una escuela, alcanza la plata para llenar su plato.

Juan Francisco 1
Juan Francisco

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