El intendente de Funes profundiza su enfrentamiento con la conducción del Partido Justicialista y construye junto a otros intendentes una alternativa con la mirada puesta en 2027. Sin embargo, su movimiento despierta fuertes recelos dentro del propio peronismo santafesino por un antecedente todavía demasiado reciente: en las elecciones nacionales de 2025 Santacroce se alejó de la estrategia del PJ y respaldó a Provincias Unidas, el espacio electoral impulsado por Maximiliano Pullaro, con Gisela Scaglia como candidata. Ahora, mientras cuestiona a la conducción partidaria y busca instalar una alternativa para la Gobernación, algunos dirigentes se preguntan si su construcción pretende fortalecer al justicialismo o terminar fragmentándolo. La intempestiva postulación de Gonzalo Belloso para la Intendencia de Rosario, posteriormente relativizada por el propio presidente de Central, agregó otro capítulo a una interna donde la palabra que comienza a dominar es desconfianza.
El peronismo santafesino sabe que tiene por delante una tarea tan sencilla de explicar como difícil de ejecutar: encontrar una fórmula que le permita recuperar competitividad para intentar regresar a la Casa Gris en 2027.
Después de perder el gobierno provincial en 2023 y atravesar sucesivas discusiones internas, la mayoría de los sectores coincide al menos públicamente en una idea: para competir contra Maximiliano Pullaro será necesario ampliar, ordenar y evitar nuevas fracturas.
En ese escenario comenzó a crecer con fuerza un actor que pretende discutir el rumbo del justicialismo desde el poder territorial de los intendentes: Roly Santacroce.
El mandatario de Funes viene recorriendo la provincia con la Red de Acción e Identidad Santafesina (RAÍS), un espacio integrado por intendentes y referentes que reclama protagonismo en la reorganización del PJ y que ya anticipó su intención de participar en las definiciones de 2027. Santacroce aparece como una de sus caras principales y como uno de los nombres que podrían disputar una candidatura a gobernador.
El problema es que mientras Santacroce intenta construir confianza hacia afuera, todavía encuentra una importante dosis de desconfianza hacia adentro. Y las razones están en la historia reciente.
Santacroce rompe puentes con la conducción del PJ
El último movimiento volvió a mostrar hasta dónde está dispuesto a llevar su confrontación.
Durante un encuentro de RAÍS realizado en el Complejo Cultural Atlas de Rosario, Santacroce cuestionó duramente a la conducción provincial del Partido Justicialista. Sostuvo que los intendentes son convocados cuando llegan las elecciones pero quedan afuera cuando deben tomarse las decisiones y llegó a afirmar que el partido está “secuestrado” por quienes actualmente manejan su estructura.
Su planteo apunta a modificar la distribución del poder interno. Santacroce considera que los intendentes deberían tener un protagonismo mucho mayor y propone que uno de ellos encabece la reconstrucción partidaria. Su argumento es que son quienes mantienen diariamente el contacto con los vecinos y quienes conservaron capacidad de gestión territorial incluso después de la derrota provincial de 2023.
La discusión es legítima y forma parte de cualquier proceso de renovación partidaria. El problema para Santacroce es otro: para reclamar confianza dentro del PJ necesita explicar también algunas decisiones que tomó cuando el peronismo necesitaba ordenar su propia estrategia electoral. Porque su enfrentamiento con la conducción no comenzó ahora y tampoco quedó limitado a declaraciones.
En la elección de convencionales constituyentes de 2025 compitió por fuera de la alianza que integraron el PJ y Ciudad Futura, como candidato departamental de Activemos. Meses después tomó una decisión todavía más significativa: en las elecciones nacionales respaldó a Provincias Unidas, el armado impulsado por Pullaro que llevaba a la entonces vicegobernadora Gisela Scaglia como principal candidata santafesina. Ese antecedente permanece fresco en la memoria del peronismo.
La cercanía con Pullaro que todavía genera ruido
La relación política entre Santacroce y Pullaro durante 2025 no fue precisamente un secreto.
En agosto de aquel año, el intendente de Funes fue anfitrión de un encuentro de dirigentes e intendentes peronistas que exploraban su incorporación a Provincias Unidas, el frente federal integrado, entre otros, por Pullaro y el gobernador cordobés Martín Llaryora. El propio Santacroce también mantuvo reuniones con el gobernador santafesino en medio de aquel proceso electoral.
Pocos días después, durante los festejos por los 150 años de Funes, Santacroce realizó públicamente un fuerte reconocimiento al gobernador y respaldó la candidatura nacional de Scaglia. “Cuando me estaba cayendo, Pullaro me agarró el brazo y me levantó”, llegó a expresar al describir su relación con el mandatario provincial.
Por eso, cuando ahora aparece recorriendo Santa Fe, enfrentando a la conducción justicialista y preparando una alternativa para disputar la Gobernación, en determinados sectores del PJ aparece inevitablemente una pregunta: ¿Santacroce está construyendo para fortalecer al peronismo o su armado terminará beneficiando políticamente a Pullaro?
Un dirigente de extensa trayectoria dentro del justicialismo santafesino fue todavía más lejos al hablar con este medio. “Da la sensación que Roly construye más para Pullaro que para el peronismo”, sostuvo. Y agregó una interpretación todavía más fuerte: “Probablemente Pullaro lo haya mandado al intendente de Funes a construir una candidatura para detonar la unidad, es decir, lo mandó a destruir”.
No existe evidencia pública que permita presentar esa hipótesis como un acuerdo entre Pullaro y Santacroce. Se trata de la interpretación de un dirigente peronista y debe ser entendida en esos términos.
Pero políticamente resulta significativa por otra razón: muestra hasta dónde llegó la desconfianza.
Que dentro del PJ haya dirigentes que consideren posible semejante maniobra revela que Santacroce todavía tiene por delante una tarea importante si pretende transformarse en una opción competitiva dentro del peronismo: convencer a sus propios compañeros de que su proyecto de 2027 termina dentro del PJ y no nuevamente en una construcción electoral asociada al gobernador.
El movimiento Belloso agregó todavía más incertidumbre
En medio de esa discusión, Santacroce abrió inesperadamente otro frente.
Durante una entrevista radial aseguró que el presidente de Rosario Central, Gonzalo Belloso, sería candidato a intendente de Rosario dentro de su construcción política. No lo presentó como una posibilidad remota. “Tengo una relación con Belloso y va a ser candidato a intendente de Rosario”, afirmó, aunque dejó abierta la posibilidad de una interna.
La declaración tuvo un impacto inmediato porque Rosario ya tiene una candidatura opositora instalada desde hace tiempo: Juan Monteverde, referente de Ciudad Futura y actual aliado del peronismo, quien viene trabajando para disputar el Palacio de los Leones.
Santacroce prácticamente desestimó esa construcción al asegurar que no conoce políticamente a Monteverde y que apenas lo vio un par de veces.
Para algunos sectores del PJ, la aparición del nombre de Belloso volvió a alimentar las sospechas sobre la estrategia del intendente de Funes. Si el objetivo central del peronismo es encontrar mecanismos de unidad para competir en 2027, instalar unilateralmente otro candidato en el principal distrito electoral de la provincia inevitablemente introduce un nuevo factor de tensión.
Pero ocurrió algo todavía más llamativo. Belloso tuvo que salir públicamente a bajar el tono de la supuesta candidatura.
El presidente de Rosario Central agradeció las palabras de Santacroce y dijo sentirse halagado, pero aclaró que actualmente está concentrado exclusivamente en el presente y futuro del club y pidió no ser involucrado en conversaciones ajenas a esa responsabilidad.
La secuencia dejó una imagen políticamente incómoda: Santacroce anunció prácticamente como candidato a una persona que, menos de 24 horas después, aclaró que no quería discutir ninguna cuestión que no fuera Rosario Central.
Ante las declaraciones del amigo Roly Santacroce, intendente de Funes, para que presente mi candidatura a intendente de Rosario:
Agradezco y me siento halagado por una persona de tanto reconocimiento.
En este momento estoy concentrado en el día a día y la toma de decisiones que tienen que ver con el presente y el futuro de Rosario Central, institución a la que saben que le dedico todo mi tiempo y esfuerzo con mi equipo de trabajo.
No quiero entrar en ninguna conversación sobre otra cosa que no sea Rosario Central, todo lo que hay en juego y la propuesta que definamos para los próximos años. Le debo ese respeto a la institución y les pido a todos que me permitan honrarlo.
— Gonzalo Belloso (@GonzaloBelloso7) October 25, 2026
¿Una jugada política o la necesidad de mostrar un armado?
El episodio Belloso generó distintas interpretaciones dentro del peronismo. Una lectura sostiene que Santacroce pretende demostrar que su construcción tiene capacidad para encontrar candidatos por afuera de las estructuras tradicionales y sumar figuras con conocimiento público y experiencia de gestión.
Otra interpretación es bastante menos favorable para el intendente. Para quienes miran con desconfianza sus movimientos, la precipitación con Belloso expuso la necesidad de exhibir rápidamente nombres que permitan darle volumen a un armado provincial que todavía está en construcción.
El dato objetivo es que Belloso no había anunciado su candidatura cuando Santacroce decidió hacerlo por él. Incluso tres días antes había evitado confirmar si pretendía buscar una nueva gestión al frente de Rosario Central.
En política, instalar un candidato antes de que el propio candidato decida serlo puede servir para generar repercusión. Pero también puede dejar expuesta la fragilidad de una construcción si la persona mencionada inmediatamente toma distancia. Y existe un segundo efecto.
La sola instalación de Belloso agrega un eventual competidor a Monteverde y, por lo tanto, abre otro foco de disputa dentro del universo opositor que intenta construir una alternativa a Unidos en Rosario.
Eso no demuestra que exista una estrategia deliberada para perjudicar al candidato de Ciudad Futura. Pero explica por qué dentro del PJ algunos dirigentes interpretaron el movimiento con preocupación.
El dilema del PJ: sumar a todos sin convertirse en una suma imposible
La paradoja es que el peronismo santafesino difícilmente pueda darse el lujo de excluir dirigentes.
Después de perder la Provincia en 2023, el desafío para 2027 pasa por reconstruir competitividad. Eso supone incorporar intendentes, legisladores, organizaciones políticas, sectores sindicales, dirigentes territoriales y expresiones que durante los últimos años transitaron caminos diferentes.
RAÍS también forma parte de esa realidad. De hecho, la conducción provincial se prepara para sumar formalmente al espacio de intendentes a la mesa de acción política donde comenzará a discutirse la estrategia electoral de 2027.
La pregunta es cómo alcanzar esa amplitud sin que cada incorporación termine convirtiéndose en una nueva fractura.
Santacroce sostiene que el PJ necesita “de cada uno, de todos” y que nadie debería quedar afuera. Probablemente sea uno de los pocos diagnósticos sobre los que casi todos los sectores internos puedan coincidir. Pero para alcanzar esa unidad no alcanza con reclamarla. También hay que generar confianza. Y allí está el verdadero desafío del intendente de Funes.
Santacroce quiere ser parte de la solución, pero primero deberá despejar las sospechas
La carrera hacia 2027 recién comienza y sería prematuro afirmar quiénes terminarán compitiendo por la candidatura a gobernador del peronismo. RAÍS todavía debe resolver su estrategia y el PJ apenas comienza a ordenar una mesa en la que convivirán sectores con diferencias profundas.
Santacroce tiene elementos para intentar jugar esa discusión. Gobierna Funes, construyó una red con otros intendentes, tiene exposición provincial y decidió confrontar abiertamente con la conducción partidaria.
Pero carga también con una mochila que otros posibles candidatos no necesariamente tienen: haber acompañado electoralmente al espacio de Pullaro apenas dos años antes de la elección en la que ahora pretende enfrentar al oficialismo. Allí nace buena parte del mar de desconfianza que hoy atraviesa determinadas conversaciones del peronismo santafesino.
Algunos creen que representa una renovación necesaria. Otros consideran legítimo que los intendentes reclamen mayor poder. Y también están quienes sospechan que su irrupción puede terminar dividiendo mucho más de lo que promete unir.
La hipótesis más extrema —que Pullaro lo haya impulsado deliberadamente para fracturar al PJ— pertenece por ahora al terreno de las sospechas internas y no de los hechos demostrados. Pero que esa sospecha exista ya constituye un dato político.
Porque el problema de Santacroce rumbo a 2027 quizá no sea solamente conseguir intendentes, instalar candidatos o recorrer la provincia. Antes deberá responder una pregunta mucho más básica dentro del espacio que pretende representar: ¿el proyecto que está construyendo busca llevar nuevamente al peronismo a la Casa Gris o terminará, aun sin proponérselo, facilitando el camino de Pullaro para quedarse en ella?.




