El primer lunes del nuevo año encontró a Rosario con un conflicto latente que lejos está de apagarse. En la puerta del Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (HECA), trabajadores municipales realizaron una manifestación y un abrazo simbólico al edificio en repudio a las declaraciones del intendente Pablo Javkin, quien vinculó los reclamos por fallas en el sistema de aire acondicionado con la reciente condena judicial a cuatro ex empleados por robo de insumos hospitalarios. El episodio dejó expuesta, una vez más, una relación profundamente deteriorada entre el Ejecutivo municipal y el Sindicato de Trabajadores Municipales, una grieta que se arrastra desde comienzos de 2024 y que todo indica se profundizará en los meses que vienen.
Las palabras del intendente no cayeron en saco roto. Calificar el reclamo sanitario como “un vueltito” del gremio en solidaridad con empleados condenados fue interpretado por los trabajadores como una descalificación generalizada y un intento de correr el eje del debate: de las condiciones edilicias y laborales a un hecho judicial que, aseguran, no puede utilizarse para desacreditar a toda la planta municipal. El resultado fue una protesta que combinó malestar gremial, reclamo sanitario y un fuerte acto político de desagravio.
El reclamo: calor extremo y condiciones inhumanas
La protesta se realizó en uno de los accesos al hospital ubicado sobre avenida Pellegrini, donde trabajadores del HECA y dirigentes del Sindicato Municipal denunciaron la falta de aire acondicionado en amplios sectores del edificio, una situación que —según remarcan— se repite todos los veranos pero que se volvió insostenible con la última ola de calor.
Juan Manuel Basso, delegado en el efector y subsecretario de Salud del gremio, fue uno de los primeros en responderle al intendente. “Yo no sé si está mal informado, no está viendo la realidad o no sé”, afirmó. Relató que el lunes se realizó una ablación en condiciones extremas y que los profesionales “le estaban secando la cara” a quienes trabajaban en quirófano porque no había forma de soportar las altas temperaturas. En algunos sectores del primer piso, aseguró, se registraron hasta 50 grados.
El testimonio de los trabajadores fue aún más contundente. Mariana, enfermera del HECA, explicó que no se trató de un desperfecto puntual, sino de “una falla general del aire que viene de hace años”. Detalló que el sistema funciona mal por sectores, con áreas donde directamente no hay refrigeración. “Los pacientes salían todos transpirados del quirófano. Le poníamos hielo a los pacientes”, contó.
La situación llegó a extremos difíciles de disimular. “Una paciente se tiraba la jarra de agua en la cama porque no soportaba el calor. No teníamos ninguna manera de ventilarla. Es inhumano”, relató la enfermera, quien también describió cómo muchos pacientes deben llevar sus propios ventiladores para soportar la internación.

El sindicato pide una rectificación
El secretario general del Sindicato de Trabajadores Municipales, Antonio Ratner, fue categórico al reclamar que Javkin se rectifique. Señaló que la semana pasada el hospital quedó “en un 50 por ciento sin aire acondicionado” y que, debido a las altas temperaturas, hubo que evacuar pacientes de un sector de internación y trasladarlos a la guardia, generando hacinamiento.
Ratner rechazó de plano la acusación del intendente. “Esto no es una maniobra del gremio ni un acto de solidaridad con quienes fueron condenados. Esto es falta de inversión, falta de mantenimiento y desconocimiento de lo que pasa en los efectores públicos”, sostuvo. También recordó situaciones similares en otros centros de salud, como la Maternidad Martin, donde hubo inundaciones que obligaron a trasladar pacientes.
El dirigente sindical apuntó directamente contra las prioridades del Ejecutivo municipal. “Vemos que se gasta en obras innecesarias y no se atienden las reparticiones municipales, que no son para los empleados sino para la comunidad. En la pérgola de la maternidad se gastaron 42 millones de pesos. Uno elige. El intendente eligió”, disparó.
Ratner fue más allá y desafió públicamente al mandatario: “Si el intendente sostiene lo que dijo, que un fiscal actúe de oficio y lo investigue. Y si no puede probarlo, que se rectifique”.
La respuesta de Javkin y el telón de fondo judicial
Lejos de bajar el tono, Pablo Javkin redobló sus críticas. En declaraciones radiales, negó que exista un conflicto en el HECA y aseguró que la atención funciona con normalidad. Vinculó la protesta con la condena judicial a cuatro trabajadores del hospital y sostuvo que los carteles colocados durante la manifestación buscaron “desviar la atención” de un hecho que calificó como histórico: la condena penal a quienes robaron insumos y medicamentos del hospital.
“El procedimiento de recambio de la climatización está en marcha”, afirmó el intendente, aunque reconoció que puede haber interrupciones parciales mientras se realizan las obras. Aseguró que esos cortes no superan los 20 o 30 minutos y volvió a insistir en la “oportunidad” con la que aparecieron los reclamos.
El trasfondo judicial es conocido. Cuatro empleados del HECA fueron condenados por robo sistemático de medicamentos e insumos hospitalarios, tras una investigación que incluyó allanamientos, registros fílmicos y secuestro de material en domicilios particulares. Las condenas incluyeron prisión efectiva y condicional, multas económicas e inhabilitación para trabajar en ámbitos de salud.
Una relación rota y un horizonte de conflicto
Para el sindicato, mezclar ese hecho judicial con el reclamo sanitario es una estrategia política que profundiza el enfrentamiento. Yamile Baclini, secretaria adjunta del gremio, lo sintetizó con claridad: “Cuando hay una emergencia, se recurre a este hospital. Lo que defendemos son condiciones laborales que afectan a toda la comunidad”.
El episodio del HECA no es un hecho aislado. Forma parte de una relación cada vez más tirante entre Javkin y los trabajadores municipales, marcada por acusaciones cruzadas, conflictos salariales, reclamos por inversión y una creciente desconfianza mutua. El inicio de 2026 encontró a las partes más lejos que nunca y con un horizonte que no anticipa distensión, sino una profundización de la grieta en uno de los vínculos más sensibles para la gestión de la ciudad.



