El intendente de la ciudad de Santa Fe, Juan Pablo Poletti, oficializó en las últimas horas una reconfiguración de su gabinete que incluye la incorporación de dos ex concejales que dejaron sus bancas el pasado 10 de diciembre, tras cumplir sus mandatos de cuatro años: Carlos Suárez y Laura Mondino. Ambos pasan ahora a ocupar roles estratégicos dentro del Ejecutivo municipal, en un movimiento que combina gestión, equilibrio interno de la coalición gobernante y ampliación de la estructura política del Estado local.
La decisión se inscribe en un proceso más amplio de reorganización administrativa orientado —según explicó el secretario de Gobierno, Sebastián Mastropaolo— a mejorar la coordinación con la Provincia y fortalecer la presencia territorial del municipio. Pero también vuelve a poner sobre la mesa una discusión recurrente en la política santafesina: qué ocurre con los dirigentes cuando concluyen sus mandatos electivos y cómo los grandes frentes terminan, casi sin excepción, engrosando la planta política.
Suárez, enlace con la Provincia
El ex concejal Carlos Suárez quedó al frente de una nueva Gerencia de Coordinación de Proyectos Estratégicos para la Ciudad, una estructura creada específicamente para articular las múltiples obras provinciales que hoy se ejecutan en la capital: intervenciones de Aguas Santafesinas, la EPE, Plan Abre, Acuerdo Capital, Juegos Odesur y otros programas que impactan de manera simultánea sobre el territorio.
Desde el Ejecutivo explicaron que el objetivo es evitar superposiciones operativas, como repavimentaciones que luego deben romperse por trabajos de infraestructura, y dotar al municipio de un “seguimiento 24 horas” de las obras compartidas con la Casa Gris.
Suárez dependerá directamente del intendente, lo que le otorga rango político para participar de las reuniones de gabinete y actuar como interlocutor permanente con el gobierno provincial. Su llegada también tiene una lectura interna dentro del radicalismo: el dirigente está referenciado en el sector de Julián Galdeano, hoy con fuerte peso en la estructura de Unidos y con responsabilidades clave en la organización de los Odesur.
Mondino y el regreso del socialismo al primer plano municipal
Laura Mondino, por su parte, se incorpora como Subgerenta de Innovación Comunitaria y Transformación Digital, un cargo de nombre técnico pero con fuerte impronta territorial. Su tarea estará enfocada en Desarrollo Social y Cultura Territorial, con responsabilidad directa en el despliegue municipal en los barrios y en la coordinación de eventos de gran escala, como los carnavales santafesinos.
Con su desembarco, el socialismo vuelve a ocupar un lugar visible dentro del Ejecutivo local. Mondino mantiene vínculos estrechos con los principales referentes provinciales del PS y funcionará como nexo político con el Ministerio de Cultura santafesino, en una estrategia que busca recomponer la histórica agenda social del espacio dentro del gobierno de Unidos.
Desde el municipio destacaron su experiencia legislativa y su predisposición al trabajo articulado durante su paso por el Concejo. Al igual que Suárez, Mondino dependerá directamente del intendente, integrándose de lleno a la mesa chica de decisiones.
Más movimientos y reparto interno
La reestructuración también incluyó el arribo de Florencia Pinatti a la presidencia del Ente de Coordinación del Área Metropolitana (ECAM), representando al sector de los Radicales Libres, y el nombramiento de Javier Escorbio al frente de la Dirección de Control de Tránsito y Seguridad Vial.
Con estos movimientos, Poletti termina de completar un delicado rompecabezas político: suma representación del radicalismo en sus distintas vertientes, reincorpora al socialismo orgánico y ordena áreas sensibles en un contexto de alta inversión provincial en la capital.
La lectura política es clara: el intendente busca blindar gobernabilidad, aceitar el vínculo con la Casa Gris y sostener el equilibrio interno de Unidos para Cambiar Santa Fe, de cara a una segunda mitad de gestión atravesada por obras, demandas sociales crecientes y el horizonte electoral de 2027.
Cuando termina el mandato, empieza la rosca
Más allá de los nombres propios —dirigentes con trayectoria, formación y condiciones para las funciones asignadas—, la decisión vuelve a exponer una dinámica conocida: en los grandes frentes electorales, prácticamente nadie queda afuera.
Como suele decir un viejo dirigente radical, hoy alejado de su partido: “todos quieren seguir enganchados de la teta de la vaca”. La frase, cruda pero gráfica, resume una lógica estructural de la política argentina: cuando se gobierna con coaliciones amplias, el costo es casi siempre el mismo, una expansión sostenida de la planta política del Estado.
El fenómeno no es exclusivo del municipio santafesino. Basta mirar al gobierno provincial, que hoy cuenta con cerca de 3.000 personas dentro de su estructura política. Secretarías, subsecretarías, agencias, entes y coordinaciones se multiplican al ritmo de los acuerdos internos y de la necesidad de contener a los socios del frente.
En ese esquema, los ex concejales rara vez vuelven al llano. La experiencia legislativa se transforma en credencial ejecutiva, y el cierre de una etapa electoral suele dar paso a un nuevo nombramiento dentro del mismo entramado.
Gestión, coalición y Estado cada vez más pesado
La incorporación de Suárez y Mondino responde a necesidades reales de gestión: coordinación intergubernamental, presencia territorial y ordenamiento operativo. Pero también confirma una regla no escrita de la política contemporánea: los gobiernos de coalición tienden a crecer hacia adentro, sumando capas administrativas para sostener equilibrios políticos.
El desafío, como siempre, no pasa solo por quiénes ocupan los cargos, sino por cuánto se expande el Estado para contener a la dirigencia y cuánta eficiencia logra producir ese crecimiento. En tiempos de ajuste, demandas sociales acumuladas y discursos de austeridad, esa tensión vuelve a quedar expuesta.
En Santa Fe, la gestión Poletti empieza a transitar esa delgada línea: fortalecer el gobierno sin convertirlo en una estructura cada vez más pesada. Una ecuación conocida, que atraviesa a todos los frentes amplios y que, una vez más, muestra que en política nadie se va del todo: simplemente cambia de oficina.



