La política vuelve a ponerse en el centro de una discusión que excede largamente el gesto puntual y se proyecta sobre una pregunta más profunda: ¿cómo debe remunerarse la representación política y qué se espera, social y éticamente, de quienes ocupan cargos públicos?.
En las últimas semanas, concejales de La Libertad Avanza en Villa Constitución y Rafaela anunciaron decisiones similares pero no idénticas: sortear la totalidad o parte de sus dietas mensuales, bajo el argumento de la austeridad, la ejemplaridad y una crítica de fondo al “costo de la política”.
El gesto no es aislado ni ingenuo. Se inscribe en una lógica discursiva propia del universo libertario, que cuestiona la profesionalización de la política, relativiza la carga horaria de los cargos legislativos y sostiene que los sueldos no guardan relación con el trabajo efectivo realizado. Del otro lado del debate, aparecen miradas que advierten que la responsabilidad de un concejal no se mide solo en horas de presencia, sino en el peso institucional de cada voto, cada ordenanza aprobada o rechazada y cada decisión que impacta en la vida cotidiana de una comunidad.
En ese cruce de sentidos aparece la pregunta inevitable: ¿convicción ideológica o demagogia política?
Villa Constitución: sorteo total de la dieta y un mensaje de ruptura
En Villa Constitución, el concejal Matías Tomasi anunció que sorteará el 100 % de su sueldo como edil, cumpliendo una promesa de campaña. A través de un video difundido en redes sociales, sostuvo que desde 1951 “ningún concejal donó su dieta” y cuestionó el carácter “honorable” del Concejo Municipal, al que consideró vaciado de ese sentido por el cobro de remuneraciones.
Tomasi vinculó su decisión a una crítica más amplia a la política tradicional y afirmó que su inspiración proviene de instituciones como los bomberos voluntarios, que prestan servicios sin percibir salario. En su discurso, evitó hablar de “donación” y eligió una definición más confrontativa: “es devolverle una fracción de lo que los políticos le roban a los vecinos con impuestos”.
El esquema de sorteo no involucra solo su dieta: se conformará un fondo integrado por el 100 % del sueldo de Tomasi, el 50 % de la dieta de la concejal Marianela de los Santos y el 50 % de los haberes de los secretarios Eliana Roberto y Néstor de los Santos. Podrán participar vecinos e instituciones de la ciudad, con un mecanismo de inscripción abierto y público.
El anuncio se dio, además, en un contexto de fuerte crítica al presupuesto municipal 2026, al que Tomasi cuestionó por el nivel de gasto en áreas como Comunicación Estratégica, Género, Cultura y Desarrollo Estratégico, a las que calificó como sobredimensionadas.
Rafaela: media dieta, destino institucional y transmisión pública
En Rafaela, la concejala Milagros Zafra, también de La Libertad Avanza, optó por una modalidad diferente: sortear el 50 % de su dieta mensual, destinando esos fondos exclusivamente a instituciones educativas públicas.
Según detalló, su dieta mensual asciende a 3.073.000 pesos, por lo que el aporte al sorteo fue de poco más de 1,5 millones. El procedimiento fue transmitido públicamente desde su oficina, con la presencia de una veedora, y el sorteo determinó como institución beneficiaria a la Escuela Mitre Nº 481, quedando otra escuela como suplente.
Zafra aclaró que el dinero no será entregado en efectivo, sino utilizado para la compra directa de bienes y mejoras que la institución necesite, en acuerdo con directivos o cooperadoras. El objetivo, según explicó, es garantizar transparencia y evitar intermediaciones.
La iniciativa se produce luego de que el bloque libertario impulsara sin éxito un proyecto para reducir las dietas de todo el Concejo. Tras la modificación del régimen salarial, ningún concejal –fuera de La Libertad Avanza– optó por el esquema de dieta compensatoria equivalente al RIPTE. Desde el espacio libertario sostienen que devolverán “la diferencia” y que en el caso de otros ediles del bloque, como Fabricio Dellasanta, el mecanismo será el sorteo entre vecinos.
El fondo del debate: salario, representación y responsabilidad política
Más allá del impacto comunicacional y de la polémica que generan estos anuncios, el debate de fondo sigue abierto.
En una democracia representativa, la remuneración de un cargo político no es un privilegio, sino una condición para garantizar que personas de distintos orígenes sociales puedan acceder a la función pública sin depender de ingresos externos o intereses privados.
Reducir la discusión a la cantidad de horas trabajadas es, como mínimo, incompleto. Un concejal no solo “trabaja” cuando está sentado en una banca: lo hace cuando estudia proyectos, toma decisiones, define votos y asume responsabilidades políticas que tienen consecuencias reales y duraderas.
Al mismo tiempo, también es legítimo que cada dirigente decida qué hacer con su dinero, siempre que no se confunda el gesto individual con una vara moral para juzgar al resto. Cobrar un salario por una tarea que demanda tiempo, preparación y compromiso no debería ser motivo de vergüenza ni de estigmatización, ni en la política ni en ninguna otra actividad.
¿Gestos personales o mensaje político?
Las decisiones de Tomasi y Zafra expresan una identidad política clara y coherente con el discurso libertario. Pero también plantean interrogantes incómodos: ¿estos gestos buscan transformar la política o interpelar emocionalmente a una sociedad cansada de la dirigencia?. ¿Son actos de convicción profunda o herramientas de diferenciación simbólica frente al resto del sistema?.
Probablemente convivan ambas cosas. Lo cierto es que, una vez más, la política queda atrapada entre el gesto y la sustancia, entre el impacto inmediato y el debate de fondo. Y ese debate, lejos de agotarse en un sorteo, seguirá abierto mientras no se discuta en serio qué Estado se quiere, qué representación se espera y cómo se construye legitimidad en tiempos de desconfianza.



