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HOY:  domingo 18 de enero del 2026

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Educación primaria: Redefinen contenidos y métodos, pero crece el rechazo y la tensión

La propuesta oficial promete un “marco común” con alfabetización, matemática, transversalidad y educación digital. Docentes y gremios advierten desconexión con la realidad escolar y falta de diálogo. En paralelo, se agrava el malestar por salarios y paritarias.

La educación primaria santafesina ingresó en un proceso de transformación que el gobierno provincial presenta como histórico: un nuevo diseño curricular para todas las escuelas, luego de casi tres décadas sin modificaciones estructurales. La medida, según sostiene el Ministerio de Educación, busca ordenar los aprendizajes, actualizar contenidos y modernizar la enseñanza frente a las nuevas demandas sociales, culturales y tecnológicas.

Pero detrás del anuncio oficial, y mientras se empieza a hablar de implementación gradual y formación docente, crece un clima de incertidumbre y malestar en la docencia santafesina. No se trata únicamente de resistencia a un cambio pedagógico: el conflicto combina dudas reales sobre la viabilidad del diseño, cuestionamientos al método con el que fue elaborado y un contexto que lo vuelve explosivo: paritarias que no se convocan, salarios corroídos por la inflación y un ministro desgastado, José Goity, señalado por amplios sectores por su falta de diálogo político y técnico con trabajadores, gremios y comunidades educativas.

En ese escenario, el nuevo diseño curricular se instala como uno de los debates educativos más sensibles del año: un cambio profundo en el papel, pero con interrogantes concretos en el aula.

Una reforma estructural: el sistema cambia después de 27 años

El gobierno provincial remarca un dato contundente: el diseño curricular anterior había sido aprobado hace 27 años. Desde entonces, Santa Fe atravesó transformaciones que impactaron de lleno en la escuela primaria: nuevas realidades sociales y territoriales, caída de indicadores de comprensión lectora, cambios culturales en infancias y consumos, masificación de pantallas, nuevas formas de comunicación y aprendizaje, expansión de problemáticas complejas vinculadas a convivencia, vínculos y salud mental.

Frente a ese cuadro, el Ministerio sostiene que el nuevo diseño es más que una actualización: busca ser un “marco común” para garantizar aprendizajes secuenciados, progresivos y comparables en todo el sistema.

José Goity afirmó que la primaria “ya está en proceso de cambio” a partir del Plan Raíz, al que definió como programa bisagra. La idea oficial: alfabetizar con mayor control del proceso, fortalecer matemática y ordenar las prácticas docentes con una hoja de ruta clara.

El punto político: el gobierno construyó el diseño sin diálogo real con la docencia

La principal crítica que emerge desde las escuelas y los gremios no es la existencia de un diseño curricular nuevo, sino cómo se elaboró.

Mientras el Ministerio habla de “construcción colectiva” y participación de especialistas, supervisión e institutos superiores, la docencia santafesina —sobre todo desde las estructuras gremiales— insiste con otra lectura: el nuevo diseño se armó sin diálogo real con docentes, sindicatos y actores territoriales.

Y eso abre un frente complejo: cuando un gobierno decide “imponer” un nuevo currículo, deja de tratarse sólo de pedagogía y pasa a convertirse en una disputa de poder.

En particular, los cuestionamientos apuntan a: falta de consulta formal y sistemática con docentes en ejercicio, ausencia de debate técnico con Amsafé y Sadop, escasa transparencia sobre equipos redactores y responsables, una narrativa de participación que, en la práctica, se percibe como unilateral.

En el corazón del conflicto aparece una sospecha: que el diseño curricular sea el producto final de una lógica que ya viene generando tensión con el sector educativo: gestión verticalista, decisiones cerradas y comunicación posterior, sin construcción previa.

Preguntas concretas que nadie responde con claridad

Con la presentación oficial del diseño y su distribución en ámbitos directivos, empezaron a circular inquietudes en los equipos docentes. No son dudas “ideológicas”: son preguntas técnicas, operativas y de realidad cotidiana.

1) ¿Qué grado de obligatoriedad tiene el nuevo diseño?

Una pregunta clave: si funciona como marco orientador, si será un “piso mínimo”, o si se impondrá con inspección y evaluación formal. En la docencia aparece el temor de que se transforme en un instrumento de control burocrático.

2) ¿Habrá recursos reales para aplicarlo?

No hay reforma curricular viable si no hay: materiales, conectividad, bibliotecas activas, horas institucionales, infraestructura, equipos interdisciplinarios.

El riesgo que señalan docentes es que el diseño proponga un ideal de escuela que no coincide con las condiciones reales de muchos establecimientos, especialmente en territorios vulnerables.

3) ¿Qué pasa con la heterogeneidad del aula?

La reforma se apoya en criterios de progresión de aprendizajes, pero los docentes advierten el núcleo del problema: las aulas hoy están marcadas por:  desigualdades profundas, trayectorias fragmentadas, alumnos que no acceden a apoyos terapéuticos, sobrecarga docente y falta de acompañamiento.

La pregunta se repite: ¿cómo se alfabetiza “con hoja de ruta” en aulas que no son homogéneas?

4) ¿Qué formación docente habrá y en qué condiciones?

El Ministerio promete instancias formativas. Pero en las escuelas aparece otra inquietud: ¿en qué tiempos?, ¿con qué carga horaria?, ¿con qué reemplazos?, ¿qué reconocimiento tendrá ese esfuerzo?

En un contexto de salarios deteriorados, la idea de “más exigencia” sin mejora material genera resistencia.

5) ¿Quién evalúa el éxito o fracaso del diseño?

En el borrador y los documentos circula un discurso fuerte sobre evaluación integrada, formativa y procesos. Sin embargo, docentes advierten que esa evaluación: demanda tiempo, demanda instrumentos múltiples, demanda retroalimentación individual, demanda condiciones que hoy no existen.

La preocupación es que la evaluación termine siendo más carga administrativa que mejora pedagógica.

Alfabetización, Plan Raíz y el debate de fondo: método, equilibrio y resultados

El gobierno coloca como pilar del cambio al Plan Raíz, base del nuevo diseño. Allí se abre uno de los debates pedagógicos más profundos, que ya divide aguas: ¿alfabetización con enfoque sociocultural amplio?; ¿métodos fonológicos más explícitos?; ¿equilibrio entre código y comprensión? y ¿qué se prioriza en 1°, 2° y 3° grado?

Las críticas internas sostienen que el discurso oficial es moderno y ambicioso, pero no termina de resolver el “cómo” en el aula real. Hay temor de que el enfoque se vuelva demasiado abstracto, cargado de jerga pedagógica y con baja aplicabilidad.

La dimensión sindical: reforma curricular en medio de paritarias congeladas

En condiciones normales, un debate curricular ya sería sensible. Pero en Santa Fe se da en un contexto donde el conflicto docente está lejos de apagarse.

El clima se recalienta por: paritarias que no se convocan con regularidad, salarios que, según los gremios, quedan atrapados en la inflación, desgaste por falta de respuestas a reclamos históricos (titularizaciones, traslados, condiciones de trabajo), malestar generalizado en trabajadores del Estado.

En ese marco, el nuevo diseño curricular aparece para muchos docentes como un movimiento político doble: se exige más, se anuncian reformas estructurales, se habla de calidad… pero sin recomponer el contrato básico con quienes sostienen la escuela todos los días: salario, condiciones y participación.

Un ministro desgastado como cara del conflicto

Otro punto central es el rol del ministro José Goity, señalado por amplios sectores como cuestionado y desgastado.

No sólo por el diseño curricular en sí, sino por el clima acumulado: tensión permanente con gremios, falta de espacios de debate técnico, un estilo de conducción percibido como rígido, comunicación más orientada a mostrar logros que a absorber demandas.

Esto alimenta una pregunta de fondo: si la autoridad política que debe liderar una reforma curricular profunda no tiene consenso mínimo con los actores del sistema, la implementación se vuelve cuesta arriba.

Una contradicción de época: “cambio histórico” sin base social docente

El gobierno remarca —con razón— que se trata de la renovación de primaria más importante en décadas. Y es cierto: actualizar un diseño curricular tras 27 años es un hecho estructural.

Pero el problema político no está en el diseño como documento, sino en el método: una reforma curricular requiere algo más que papel.

Requiere: legitimidad, diálogo, acuerdos mínimos, tiempos realistas, recursos, acompañamiento.

Sin eso, el riesgo es que el diseño quede como un ideal pedagógico sin anclaje, una declaración técnica que se estrella contra la realidad cotidiana del aula santafesina.

Y, sobre todo, contra una docencia que hoy no discute sólo contenidos: discute respeto, participación y condiciones materiales.

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