El peronismo santafesino terminó el año 2025 con una foto que, más allá del asado y la camaradería, buscó enviar un mensaje político concreto hacia adentro y hacia afuera del partido. Después de un año áspero, atravesado por cierres de listas conflictivos, internas mal resueltas y tensiones públicas, la dirigencia justicialista decidió bajar un cambio y ensayar un balance informal, con la mirada puesta en el calendario que acaba de comenzar. En ese encuentro hubo una coincidencia transversal que este medio ya había planteado con anterioridad: si el peronismo logra sostener la unidad, será competitivo y tendrá serias posibilidades de volver a gobernar la provincia de Santa Fe.
La lectura compartida parte de una lógica electoral que varios dirigentes consideran evidente. El voto de derecha y libertario tenderá a disputarse entre el oficialismo provincial que encabeza Maximiliano Pullaro y La Libertad Avanza, un escenario que, de concretarse, dividiría ese electorado. En ese marco, un peronismo ordenado, sin rupturas internas y con reglas claras, aparece como una alternativa con chances reales de disputar el principal despacho de la Casa Gris.
Un asado para juntar los pedazos
El encuentro se realizó en Pérez, en la casa del intendente Pablo Corsalini, uno de los referentes de la liga de intendentes peronistas. No fue una cumbre formal ni un ámbito de toma de decisiones, sino un gesto político: sentarse a la misma mesa después de un 2025 marcado por el ruido interno. Participaron prácticamente todas las tribus del peronismo santafesino con representación provincial: La Cámpora, La Corriente, Activemos, el Movimiento Evita, el espacio Vamos y el bloque de senadores.
La ausencia más notoria fue la del sector que responde al exgobernador Omar Perotti. Desde ese espacio explicaron a este medio que la decisión de no asistir no fue casual. “Primero debemos resolver en el seno oficial del partido algunas cuestiones, como por ejemplo que las decisiones no sean cerradas entre unos pocos. No nos olvidemos que nos censuraron la participación en las últimas elecciones”, señalaron. El perottismo se apoya tanto en la representación parlamentaria que conserva como en el alto nivel de conocimiento del rafaelino, que sigue siendo considerado un gran elector dentro del electorado provincial.
Un balance que deja señales positivas
A pesar de las tensiones, puertas adentro del peronismo hubo conformidad con algunos resultados de 2025. “Fuimos la segunda fuerza en convencionales y diputados nacionales. En el Congreso no perdimos ninguna de las tres bancas que renovábamos”, remarcaron varios de los asistentes. El dato no es menor en un contexto de retroceso electoral del peronismo a nivel nacional y provincial.
La mesa que se conformó no tendrá institucionalidad ni periodicidad fija. Funcionará como un espacio extraordinario al que se recurrirá cuando los temas lo ameriten. El mensaje fue claro: mostrarse capaces de dialogar, de corregir errores y de proyectar 2026 y 2027 sin que el frente vuelva a estallar por los aires como ocurrió en el último cierre de listas.
Durante el encuentro volvió a sobrevolar una preocupación central: evitar que se repita la imposibilidad de competir en internas, como ocurrió en 2025. El reclamo por nuevas reglas internas y una toma de decisiones menos concentrada fue uno de los puntos más sensibles. Hoy, los resortes legales del partido siguen en manos del bloque de senadores y del sector que lidera Agustín Rossi, mientras otras tribus exigen mayor representación y participación real.
“Necesitamos un ámbito para ordenar las diferencias. Tenemos que ser generosos. Somos muchos, pero después hay que salir a buscar los votos y no todos los tienen”, sintetizó uno de los dirigentes presentes, poniendo en palabras una tensión estructural del peronismo santafesino.
La reforma electoral, el primer gran desafío
Si hay un tema que aparece como la primera prueba de fuego para la unidad peronista en 2026, ese es la reforma electoral que impulsa el gobernador Pullaro. Todos los sectores coinciden en que será el primer gran desafío para mostrar si el aprendizaje del último año fue real o solo una tregua coyuntural.
El peronismo comparte una posición troncal: defender las PASO tal como están. Con un frente amplio, diverso y en proceso de renovación, las primarias son vistas como una herramienta indispensable para ordenar candidaturas y evitar rupturas. También hay coincidencias en elevar algunos pisos electorales para evitar la atomización excesiva, aunque persisten diferencias sobre otros aspectos, como el posible pegado de boletas que propone Unidos.
A diferencia de la reforma constitucional, Pullaro no necesita a la oposición para avanzar con un nuevo código electoral: le alcanza con mayoría absoluta. Con esa certeza, el peronismo busca negociar desde una posición de fortaleza política, ofreciendo legitimidad a cambio de incidir en el diseño de las reglas.
Una conclusión compartida
Más allá de las ausencias y las diferencias, el cierre de 2025 dejó una conclusión compartida entre quienes se sentaron a la mesa: el peronismo santafesino tiene chances reales de volver a gobernar si logra sostener la unidad. Romperse, en cambio, sería volver a regalarle el poder a otros en un escenario donde la derecha y el libertarismo parecen destinados a dividirse.
El 2026 recién comienza y la reforma electoral asoma como la primera gran prueba. Allí se verá si el asado fue apenas una postal de fin de año o el primer paso de una reconstrucción política con ambición real de poder.



