08/10/2026 7:11 pm

Empalme Graneros le reclama respuestas a Pullaro ante el temor de una nueva inundación

La vecinal historica rosarina, asegura que solicitó una audiencia con el gobernador al comienzo de su gestión y todavía no fue recibida. Ortolani pidió avanzar con las obras estructurales de la cuenca antes de una eventual emergencia.

Osvaldo “Lalín” Ortolani, histórico referente de la Vecinal Empalme Graneros, lanzó una fuerte advertencia sobre la situación hídrica del noroeste rosarino y cuestionó la falta de avances en las obras estructurales que, según sostiene, necesita la cuenca del arroyo Ludueña. En una entrevista reclamó respuestas al Gobierno provincial, aseguró que desde diciembre de 2023 vienen solicitando una audiencia con Maximiliano Pullaro, que todavía no se concretó y planteó que los anuncios y dispositivos para actuar ante una emergencia no pueden reemplazar las obras de prevención. “Hasta ahora no empezaron nada”, afirmó.

La preocupación por una posible emergencia hídrica volvió a instalarse con fuerza en Empalme Graneros, uno de los barrios de Rosario que carga con una extensa historia de inundaciones. Esta vez la advertencia surgió de Osvaldo “Lalín” Ortolani, uno de los principales referentes de la vecinal del barrio y protagonista durante décadas de los reclamos por obras para la cuenca del arroyo Ludueña.

En una extensa entrevista realizada en Democráticamente, el programa que conduce Juan Francisco por AGOFA TV, Ortolani repasó cuatro décadas de reclamos, recordó las inundaciones sufridas por el barrio y advirtió que las transformaciones que experimentó la cuenca modificaron las condiciones bajo las cuales fueron pensadas muchas de las obras existentes.

Su planteo aparece, además, en un momento particularmente sensible. Las previsiones vinculadas al fenómeno de El Niño volvieron a colocar el comportamiento hídrico de la región bajo observación y las últimas lluvias reactivaron la preocupación en sectores históricamente vulnerables, entre ellos Empalme Graneros y el entorno del Ludueña.

Una historia atravesada por el agua

Para comprender la preocupación actual hay que retroceder varias décadas.

Ortolani recordó que Empalme Graneros sufrió, según los registros de la propia organización barrial, 17 inundaciones durante el siglo XX. Aquella experiencia terminó convirtiendo a la lucha contra el agua en una de las principales causas colectivas del barrio y dio origen a una larga organización vecinal alrededor de las obras hidráulicas.

El dirigente mencionó la pelea por los aliviadores, la presa retardadora y diferentes intervenciones que permitieron reducir considerablemente el riesgo. Pero advirtió que el problema ya no puede pensarse solamente desde Empalme Graneros.

Según explicó, la cuenca comprende alrededor de 80.000 hectáreas y alcanza directa o indirectamente a numerosas localidades y barrios. En un escenario extremo, sostuvo, entre 120.000 y 140.000 personas podrían quedar alcanzadas por las consecuencias de una emergencia hídrica.

Su principal advertencia está relacionada con la velocidad con la que actualmente escurre el agua.

Ortolani comparó la inundación de 1986, cuando afirmó que el pico de crecida demoró aproximadamente cuatro días y medio en llegar, con el episodio de 2012, cuando aseguró que ese recorrido se produjo en apenas 23 horas. Para el vecinalista, las transformaciones productivas, la urbanización y el avance de loteos sobre terrenos que anteriormente funcionaban como reservorios naturales modificaron sustancialmente el comportamiento de la cuenca.

Ese diagnóstico constituye el corazón de su reclamo: las obras que funcionaron durante años pueden resultar insuficientes si el agua llega mucho más rápido.

“Hasta ahora no empezaron nada”

La crítica más fuerte de Ortolani estuvo dirigida a las respuestas oficiales.

El dirigente sostuvo que recorren periódicamente distintos sectores de la cuenca y cuestionó que, mientras existen carteles y anuncios sobre trabajos destinados a mitigar los efectos de El Niño, las intervenciones estructurales que vienen reclamando todavía no comenzaron.

“Empiecen la obra, pónganle fecha”, reclamó durante la entrevista. Y resumió su diagnóstico con una frase: “Hasta ahora no empezaron nada”.

El planteo requiere una distinción. Municipio y Provincia sí tienen actualmente obras en ejecución dentro de Empalme Graneros. La Municipalidad informó en septiembre que avanza una intervención conjunta con el Gobierno santafesino que incluye pavimento, eliminación de zanjas, nuevos conductos, cámaras, sumideros y otras tareas de saneamiento hídrico, con una inversión superior a los $45.800 millones.

El cuestionamiento de Ortolani apunta a otra escala: las obras estructurales necesarias para administrar el comportamiento de toda la cuenca y evitar que una masa de agua cada vez más rápida termine concentrándose sobre los sectores bajos.

Entre las alternativas mencionó un conducto que permitiría interceptar agua antes de su llegada al área crítica y recordó estudios realizados sobre pequeñas represas y otras intervenciones complementarias. Para el dirigente, no se trata de proyectos que deban comenzar a pensarse desde cero: sostiene que existen antecedentes técnicos y estudios acumulados durante décadas.

El cuestionamiento a los loteos y al crecimiento de la región

Otra parte central de la entrevista estuvo dedicada a la transformación urbana de toda la cuenca.

Ortolani cuestionó el desarrollo de urbanizaciones sobre terrenos bajos y zonas que históricamente funcionaban como espacios de acumulación del agua. Su argumento es que cuando una laguna es rellenada o urbanizada, el agua que anteriormente quedaba retenida allí necesariamente debe desplazarse hacia otro sector.

En ese punto extendió la responsabilidad más allá de una administración particular y remarcó que se trata de un proceso de varias décadas que involucró a gobiernos locales de distintos signos políticos.

“No quiero politizar el tema”, aclaró. Su posición, explicó, es acompañar a quien realice las obras y reclamar frente a quien no las haga.

El señalamiento introduce un problema que excede ampliamente los límites de Rosario: cómo compatibilizar el crecimiento inmobiliario de toda el área metropolitana con un sistema hídrico que no reconoce fronteras municipales.

El reclamo a Pullaro: una audiencia que aseguran esperar desde 2023

Ortolani también formuló un cuestionamiento directo al Gobierno provincial.

Según relató, la vecinal pidió una audiencia con Maximiliano Pullaro el 11 de diciembre de 2023 para plantearle la situación que observaban en la cuenca. Aseguró que, desde entonces, no consiguieron reunirse con el gobernador y comparó esa situación con el vínculo que mantuvieron históricamente con mandatarios provinciales de diferentes partidos.

“Todos los gobernadores”, recordó al describir décadas de reuniones y contactos durante períodos de obras y emergencias. Sobre Pullaro, en cambio, afirmó que todavía no fueron recibidos personalmente.

Sí mantuvieron, según contó, un encuentro con el ministro de Obras Públicas, Lisandro Enrico, aunque Ortolani cuestionó la respuesta obtenida y consideró insuficiente el conocimiento inicial que encontró sobre algunos antecedentes históricos de la problemática.

Su crítica, aclaró durante la entrevista, no está dirigida a las características personales del funcionario sino a su responsabilidad dentro de la gestión.

Prepararse para la inundación o trabajar para evitarla

Uno de los puntos más contundentes del planteo vecinal aparece cuando Ortolani diferencia dos conceptos: prepararse para una emergencia y realizar las obras necesarias para intentar impedirla.

El referente contó que participó de reuniones donde se analizaron centros operativos, instalación de pluviómetros y mecanismos de respuesta frente a un eventual fenómeno hídrico. Pero cuestionó que la discusión gubernamental se concentre demasiado en cómo actuar cuando llegue el agua y no suficientemente en las intervenciones necesarias para evitar que la emergencia ocurra.

Incluso cuestionó la posibilidad de instalar un centro operativo en un lugar que, según su experiencia, podría quedar afectado por el agua ante una inundación severa. La diferencia parece pequeña, pero constituye el núcleo político del reclamo.

Para los vecinos que atravesaron sucesivas inundaciones, organizar evacuaciones, distribuir agua o establecer protocolos es indispensable, pero representa solamente la última barrera. La prioridad, sostienen, debe ser disminuir previamente el riesgo.

Lo que una inundación deja cuando el agua se va

Ortolani dedicó buena parte de la entrevista a explicar algo que difícilmente pueda medirse únicamente en pérdidas económicas. Una inundación destruye muebles, electrodomésticos y viviendas. Pero también modifica la vida de quienes la atraviesan.

El dirigente hizo especial hincapié en los adultos mayores. Para una persona que necesitó décadas para construir su casa y comprar sus pertenencias, perderlas a determinada edad significa enfrentarse a la posibilidad de no tener tiempo ni recursos para recuperarlas. “Hay un montón de muertos en vida”, describió al hablar de quienes sobreviven a la inundación pero quedan profundamente afectados por sus consecuencias.

Ese recuerdo explica también por qué cada lluvia intensa genera preocupación en Empalme Graneros. “Cada vez que llueve mucho estamos todos psicopateados con eso”, reconoció Ortolani. Después de décadas siguiendo milímetros de lluvia, recorriendo la cuenca y organizando sistemas vecinales de información, el agua dejó de ser simplemente un fenómeno climático para convertirse en parte de la memoria colectiva del barrio.

El reclamo que llegó al Concejo

La discusión adquirió mayor visibilidad después de la participación de Ortolani en una reunión del Concejo Municipal.

Allí protagonizó un intercambio con concejales cuando reclamó poder expresar públicamente las preocupaciones de la vecinal. El dirigente sostuvo que la problemática no puede quedar restringida a especialistas, funcionarios o reuniones técnicas porque son los habitantes de los barrios quienes finalmente padecen las consecuencias si las previsiones fallan.

“Quiero una denuncia pública, porque los rosarinos no podemos hacernos unos idiotas ni mirar para otro lado. Es un problema de todos”, expresó durante la entrevista al reconstruir aquel episodio.

Su reclamo, además, buscó mantenerse alejado de una disputa partidaria. Ortolani insistió en que no importa si quien impulsa una solución es socialista, peronista o radical: la vecinal acompañará a cualquiera que tome el problema y avance con las obras.

“Queremos que los que se tienen que ocupar, se ocupen”

Después de 17 inundaciones durante el siglo pasado y cuatro décadas de organización alrededor de la cuenca del Ludueña, Empalme Graneros no reclama únicamente protocolos para actuar frente a una eventual emergencia. Reclama prevención.

La advertencia de Ortolani adquiere especial relevancia porque no desconoce las obras que se realizaron históricamente ni las intervenciones que actualmente se ejecutan dentro del barrio. Su cuestionamiento apunta a si todo eso alcanza frente a una cuenca profundamente transformada y ante fenómenos meteorológicos que pueden poner nuevamente a prueba el sistema. “Queremos que los que se tienen que ocupar, se ocupen”, resumió.

En el final de la entrevista apareció también una definición que explica el sentido del reclamo. Ortolani recordó cómo, después de sucesivas inundaciones, vecinos, comerciantes, instituciones religiosas y organizaciones barriales entendieron que debían actuar juntos para tener mayor peso frente al Estado. Y pidió que esa misma lógica atraviese hoy a la política: que concejales, diputados, senadores y funcionarios discutan entre sí las alternativas, pero que finalmente hagan las obras.

Porque para quienes levantaron muebles una y otra vez cada vez que entró el agua, el debate no consiste en determinar quién obtiene políticamente el mérito de una obra. Consiste en evitar que tengan que volver a levantarlos.

 

 

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