La reaparición pública de la ex presidenta impacta en la política santafesina. La Libertad Avanza se prepara para polarizar con el peronismo en la ciudad y busca repetir el modelo porteño. Alarma en Unidos por el riesgo de quedar fuera de foco rumbo a 2027.
Aunque Cristina Fernández de Kirchner no pisó Rosario, su última aparición pública agitó el clima político de la ciudad como pocas veces antes. Desde el centro de la escena nacional, la ex presidenta volvió al ruedo con tono combativo, críticas al gobierno de Javier Milei y una señal sugestiva: no descartó volver a competir. En Rosario, ese movimiento fue leído como una oportunidad por el peronismo local, que busca reposicionarse, pero también como un desafío por parte de quienes pretenden disputarle el protagonismo.
La repercusión de sus declaraciones llegó rápido. La dirigencia del kirchnerismo rosarino recogió el guante y comenzó a reorganizarse en torno a la posibilidad de que la narrativa nacional vuelva a traccionar votos en la ciudad. Pero quien más rápido acusó recibo fue La Libertad Avanza, que ya trabaja para replicar en Rosario la estrategia que le permitió ganar terreno en Ciudad de Buenos Aires: una elección binaria, sin terceras vías. Kirchnerismo o libertad.
La jugada es clara. Con el calendario marcando el 29 de junio como una fecha clave, los libertarios locales avanzan con una estrategia de polarización que excluye deliberadamente a la fuerza gobernante: Unidos para Cambiar Santa Fe. Apuntan a construir un escenario donde el electorado se vea obligado a elegir entre dos polos definidos, dejando al oficialismo en un lugar incómodo y sin narrativa potente. La misma receta que Manuel Adorni y compañía impulsaron con éxito en la capital del país.
El efecto dominó preocupa a la Casa Gris. En el oficialismo local y provincial observan con inquietud cómo el crecimiento del espacio libertario y la revitalización discursiva del kirchnerismo comienzan a estrechar el campo de juego. Rosario, históricamente un territorio clave para el progresismo santafesino, podría convertirse en el primer escenario donde se pruebe esta nueva lógica de enfrentamiento directo.
Si la apuesta libertaria prospera, Unidos corre el riesgo de quedar desplazado del centro de la escena. La construcción de una alternativa moderada y de gestión podría no alcanzar frente a la potencia emocional y narrativa de los extremos. En esa hipótesis, el peronismo y los libertarios capitalizarían el nuevo orden político, dejando al actual oficialismo en una posición secundaria.
Por ahora, el peronismo rosarino encuentra en Cristina un punto de cohesión y una brújula para disputar sentido. La Libertad Avanza, por su parte, afina su maquinaria y prepara una campaña que, una vez más, reducirá la discusión a una dicotomía férrea. En el medio, Unidos debe decidir si acepta las reglas del juego o si es capaz de forzar una propia.
Rosario será el primer test. Pero todos ya están mirando hacia 2027.




