08/10/2026 7:11 pm

La decisión del dueño de La Capital que golpeó el relato sobre la seguridad en Rosario

Un periodista del multimedio aseguró que el empresario Gustavo Scaglione decidió radicarse definitivamente en Buenos Aires porque no se siente seguro en Rosario. La versión contrasta con el discurso oficial sobre la recuperación de la ciudad y abre una discusión que va más allá de la baja de homicidios.

El periodista Roberto Caferra aseguró que Gustavo Scaglione, empresario propietario de La Capital, le confió que decidió radicarse definitivamente en Buenos Aires junto a su familia porque no se siente seguro en Rosario. La afirmación causó impacto por quién la habría pronunciado y porque aparece en momentos en que el Gobierno provincial exhibe una histórica reducción de los homicidios como uno de los principales resultados de su gestión. El episodio abre una discusión que va más allá de las estadísticas: cuánto mejoró realmente la seguridad cotidiana y cuánto cambió la percepción de quienes viven en la ciudad.

Una afirmación realizada este martes en un programa radial volvió a colocar a la seguridad de Rosario en el centro de la discusión política. No fue una declaración de un dirigente opositor ni el reclamo de un vecino después de sufrir un delito. El protagonista fue, indirectamente, uno de los empresarios de medios más importantes de la ciudad.

El periodista Roberto Caferra contó al aire de Radio 2 que Gustavo Scaglione le manifestó, durante una conversación privada, su decisión de radicarse definitivamente en Buenos Aires junto a su familia. Según el relato del periodista, el motivo sería contundente: el empresario no se siente seguro en Rosario.

“Me dijo que se va a vivir definitivamente a Buenos Aires con su familia. Se quiere ir; inclusive alentó a su familia a irse del país en estos días”, relató Caferra. Y atribuyó a Scaglione otra frase todavía más fuerte: “No vuelvo más a Rosario hasta que no me garanticen seguridad”.

Hasta el momento, esas expresiones deben ser consideradas como el relato público que hizo Caferra de una conversación privada. No se conoce una declaración directa de Scaglione confirmando públicamente esos términos. Pero la sola difusión de la versión generó impacto por el peso del empresario dentro de Rosario y, especialmente, dentro de su sistema de medios.

Una bandera y un episodio que encendió las alarmas

La situación se conoció pocos días después del partido que Newell’s disputó como local frente a Lanús en el estadio Marcelo Bielsa. Allí se registró un episodio que excedió cualquier discusión futbolística.

Durante aquella jornada aparecieron volantes anónimos que incluían nombres y apellidos de trabajadores de prensa y empresarios de medios, además de una bandera dirigida contra el diario La Capital. El Sindicato de Prensa Rosario repudió públicamente lo sucedido y solicitó una reunión con las autoridades del club y una manifestación institucional frente a ese tipo de prácticas.

La secuencia adquiere otra dimensión a partir de lo relatado por Caferra. Según su versión, Scaglione —hincha de Newell’s, al igual que integrantes de su familia— habría relacionado su decisión de abandonar Rosario con una preocupación concreta por su seguridad.

Esto no permite afirmar que exista una amenaza específica contra el empresario ni establecer automáticamente que la bandera sea la causa exclusiva de una eventual mudanza. Pero sí permite dimensionar el nivel de preocupación que, siempre de acuerdo con el relato del periodista, habría alcanzado a uno de los empresarios con mayor exposición pública de la ciudad.

¿Volvió Rosario o volvió el miedo?

Es allí donde el episodio inevitablemente ingresa en el terreno político.

Durante los últimos años, el Gobierno de Maximiliano Pullaro convirtió la seguridad en uno de los principales ejes de su gestión y la reducción de los homicidios en Rosario en uno de sus resultados más exhibidos.

Y los números existen. A fines de septiembre, el propio Gobierno informó que Rosario acumulaba 63 homicidios frente a los 222 registrados a la misma altura de 2023. En el primer semestre de 2026, además, el departamento Rosario había registrado 45 homicidios, el menor número para ese período en 25 años y un 70% menos que en 2023.

Negar esa reducción sería desconocer un dato objetivo.

Pero tampoco alcanza con utilizar un solo indicador para describir toda la problemática de seguridad de una ciudad de la dimensión de Rosario. El propio Pullaro reconoció recientemente que la violencia y el delito no están terminados y que las organizaciones criminales no se encuentran completamente desarticuladas, sino contenidas por la acción estatal.

La discusión, entonces, empieza cuando la estadística se encuentra con la percepción social.

Seguridad también es sentirse seguro

La seguridad pública puede medirse a través de homicidios, robos, entraderas, balaceras y otros delitos registrados. Pero también existe una dimensión subjetiva imposible de ignorar: la sensación de poder circular, trabajar, desarrollar una actividad comercial o vivir sin miedo.

El Gobierno provincial ha sostenido que la reducción de la violencia permitió recuperar el espacio público. Incluso su vocera, Virginia Coudannes, aseguró meses atrás que “el miedo cambió de lado” y afirmó que vecinos y comerciantes transmitían esa modificación en la vida cotidiana.

Por eso la versión sobre Scaglione tiene un impacto político que supera ampliamente una decisión personal.

Si uno de los empresarios con mayor capacidad económica, exposición pública y posibilidades de adoptar medidas de seguridad decide abandonar Rosario porque considera que no puede garantizar su tranquilidad, la pregunta surge inevitablemente: ¿cómo procesa la inseguridad un vecino que no dispone de esos recursos?

No significa que la experiencia individual de Scaglione pueda utilizarse como parámetro para describir lo que sienten todos los rosarinos. Tampoco que su eventual mudanza invalide la reducción de homicidios. Pero sí constituye, si finalmente se confirma en los términos relatados por Caferra, una señal difícil de ignorar dentro de la discusión pública.

Entre los números y la vida cotidiana

Uno de los errores habituales de la política es intentar resolver debates complejos con consignas absolutas.

Rosario está objetivamente mejor en uno de los indicadores más graves de violencia: los homicidios descendieron de manera significativa. Pero de allí no se desprende automáticamente que todos los problemas de seguridad hayan desaparecido ni que cada rosarino se sienta seguro.

La cantidad de patrulleros, los operativos, la presencia policial y la reducción de asesinatos forman parte de una realidad. Los robos, hechos violentos y otros episodios policiales que continúan ocurriendo forman parte de la misma realidad. No son necesariamente afirmaciones contradictorias.

El verdadero desafío para cualquier política de seguridad es conseguir que la mejora estadística termine trasladándose a la experiencia cotidiana. Que bajar los homicidios sea el comienzo de una recuperación y no el punto final utilizado para clausurar cualquier discusión.

Una decisión privada con consecuencias públicas

La eventual mudanza de Scaglione podría ser, en términos estrictos, una decisión privada. Pero adquiere inevitablemente una dimensión pública por tratarse del propietario de uno de los grupos de medios con mayor gravitación de Rosario y por el argumento que, según Caferra, habría utilizado para explicarla.

También porque sucede en una ciudad donde Gobierno provincial y Municipio vienen construyendo una narrativa de recuperación del espacio público y superación de los años más violentos.

Por eso la pregunta no debería ser si Rosario volvió o no volvió, como si existieran solamente dos fotografías posibles de la ciudad. La pregunta más incómoda es otra.

Si los homicidios bajaron a niveles históricos, si aumentó la presencia estatal y si existe una estrategia de seguridad cuyos resultados pueden mostrarse estadísticamente, ¿por qué una persona con los recursos y las posibilidades de Gustavo Scaglione habría llegado a la conclusión de que necesita abandonar Rosario para sentirse segura?

La respuesta no invalida los números positivos del Gobierno. Pero obliga a mirar aquello que una estadística, por sí sola, nunca alcanza a explicar: si junto con la reducción de la violencia también disminuyó el miedo.

 

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