Por Celia Arena *
Trabajo, cuidados y decisiones: una reflexión sobre cómo se distribuyen o se desordenan las responsabilidades en la vida cotidiana.
Hay algo que muchas mujeres conocen muy bien. No siempre se ve, pero pesa. Es como una mochila invisible. En esa mochila se van acumulando cosas: el trabajo, el pago y el que nadie paga, los cuidados, las preocupaciones por la casa, por los hijos, por los padres. Los horarios que no alcanzan. Las desigualdades que todavía aparecen donde menos se espera.
Todo eso, va dentro de la mochila. Y si, durante mucho tiempo lo vimos como algo natural, como si las mujeres tuviéramos una especie de talento especial para sostener muchas cosas al mismo tiempo.
El 8 de marzo vuelve cada año. Y con él llegan los saludos, los mensajes, los reconocimientos. Está bien. Siempre es bueno que una sociedad se detenga un momento a mirar el lugar de las mujeres, pero el 8M centralmente nos invita a hacernos una pregunta incómoda:¿cómo se reparte realmente el peso de la vida cotidiana?
Cuando uno mira de cerca, aparecen escenas bastante conocidas. Las mujeres que empiezan su jornada laboral antes de salir de sus casas, las que salen de trabajar y empiezan su segunda o tercera jornada al llegar. La que organiza todo para que los demás puedan hacer lo suyo. La que está pendiente de mil cosas al mismo tiempo.
No es solo una percepción. Los números lo muestran con claridad. Según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo del INDEC, en Argentina las mujeres dedican en promedio 6 horas y media por día al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, mientras que los varones destinan poco más de 3 horas.Es decir: más del doble.
Ese tiempo, que sostiene hogares, familias y comunidades, muchas veces ni siquiera aparece cuando se habla de economía.
Durante años nos dijeron que las mujeres podíamos con todo. Que éramos multitarea, fuertes, capaces de sostener mil cosas a la vez. Y si, muchas veces lo somos. Pero la cuestión no es demostrar cuánto podemos cargar, la cuestión es equilibrar la balanza: que los cuidados se compartan, que el trabajo se valore igual, que las oportunidades no tengan género.
Además, el mundo del trabajo está cambiando muy rápido: aparecen nuevas modalidades, teletrabajo, trabajo por plataformas, empleo digital, entre otras que prometen flexibilidad y nuevas oportunidades y sin dudas también traen desafíos nuevos.
Según la Organización Internacional del Trabajo, en el trabajo a través de plataformas digitales la brecha de ingresos entre varones y mujeres puede llegar al 30%. Muchas veces esa flexibilidad termina siendo la opción para mujeres que necesitan compatibilizar empleo y cuidado pero con ingresos más inestables y menor protección social. Es decir: el trabajo cambia, pero las desigualdades encuentran la forma de adaptarse.
Por eso la discusión sobre igualdad tiene mucho que ver con decisiones concretas. Y con algo que a veces se subestima: quiénes están en los espacios donde se toman esas decisiones y por eso las mujeres en lugares de responsabilidad importan.
Importan en la política, en la justicia, en las empresas, en los lugares de conducción. No por una cuestión simbólica, sino por algo mucho más concreto: cuando las mujeres participan en las decisiones, aparecen temas que durante mucho tiempo quedaron fuera de la agenda. Los cuidados, la conciliación entre trabajo y vida familiar, las violencias, las desigualdades que durante década parecieron normales.
Las leyes de paridad ayudaron a abrir puertas que durante mucho tiempo estuvieron cerradas; pero una cosa es entrar y otra distinta es incidir realmente en las decisiones: que nuestra voz tenga peso, que la experiencia cuente, que la agenda pública refleje también las vidas de las mujeres.
El desafío es construir una sociedad donde trabajo, vida familiar y proyectos personales puedan convivir sin tensiones imposibles, donde los cuidados se asuman como una responsabilidad compartida y donde las oportunidades estén realmente abiertas para todos y todas.
En una provincia como Santa Fe, marcada por la producción, el trabajo y una fuerte vida comunitaria, ese desafío también forma parte de nuestro futuro. Porque cuando las mujeres pueden desplegar plenamente su trabajo, su talento y sus proyectos, no solo se amplían derechos: también se fortalece la sociedad en su conjunto.
Todavía falta camino y si algo muestra todo el tramo ya recorrido es que cuando las mujeres nos organizamos, cuando nos acompañamos y cuando participamos en los espacios donde se decide, las cosas empiezan a cambiar.
Entonces los 8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora, sirven para hacer visible esa mochila. En una sociedad, que pretendemos sea más justa, urge seguir apostando por políticas que reparten mejor el peso de la vida que compartimos.
Celia Arena*
Diputada provincial y Presidenta del Bloque “Hacemos Santa Fe”.



