Mientras en los actos oficiales el gobierno provincial insiste con discursos vinculados a la producción, la competitividad y la baja de impuestos, en los hechos la gestión de Maximiliano Pullaro avanza con un nuevo esquema de recaudación que ya comenzó a generar fuerte rechazo en sectores productivos, rurales y políticos.
El eje del conflicto es el plan impulsado por la Casa Gris para financiar obras en las rutas portuarias de la provincia. La iniciativa propone unificar el cobro de una tasa sobre el ingreso de camiones a los puertos del Gran Rosario mediante un fideicomiso que administraría recursos destinados, en teoría, a infraestructura vial.
Sin embargo, detrás del discurso oficial de “modernización” y “ordenamiento”, desde distintos sectores advierten que se trata, en la práctica, de una nueva carga económica sobre la producción en uno de los momentos de mayor presión tributaria para el sector.
La ingeniería política detrás del nuevo esquema
El gobierno provincial logró acordar con intendentes y presidentes comunales de las localidades portuarias un punto clave: los municipios seguirán conservando sus propias tasas viales. Ese fue el principal motivo por el cual las negociaciones destrabaron un conflicto que meses atrás había generado resistencia.
La nueva ingeniería diseñada por la provincia evita tocar los ingresos de los gobiernos locales, pero traslada el peso del financiamiento hacia el circuito productivo y logístico.
El esquema que se analiza contempla un cobro estimado de 1,5 dólares por tonelada transportada. De ese total, una parte quedaría en manos de municipios y comunas, mientras el resto alimentaría un fideicomiso provincial destinado a obras.
El rechazo del campo
La reacción del sector agropecuario no tardó en llegar. El presidente de la Sociedad Rural Argentina, Nicolás Pino, cuestionó abiertamente la iniciativa y advirtió que cualquier nuevo costo terminará impactando sobre los productores.
“No estamos dispuestos a soportar una carga más”, sostuvo, al remarcar que el sistema productivo ya enfrenta una presión impositiva excesiva.
La crítica no solo apuntó al nuevo esquema de financiamiento, sino también a la falta de participación del sector en la discusión. Desde el ruralismo sostienen que se vuelve a cargar sobre el campo la responsabilidad de financiar infraestructura que debería ser asumida por el Estado.
Libertarios también se plantan
Las críticas al plan provincial también encontraron un fuerte eco dentro del espacio libertario. La diputada provincial Silvia Malfesi fue una de las dirigentes que salió con más dureza a cuestionar la iniciativa impulsada por el gobierno de Pullaro y advirtió que detrás del discurso de financiamiento para obras podría esconderse, en realidad, un nuevo esquema de presión fiscal sobre la producción y el transporte.
La legisladora sostuvo que nadie discute la necesidad de mejorar las rutas portuarias ni la infraestructura vial de la provincia, pero remarcó que el problema aparece cuando la solución vuelve a ser “meterle la mano en el bolsillo” a quienes producen y trabajan. En ese sentido, cuestionó que se pretenda crear una nueva tasa cuando los municipios de la región ya cobran tributos millonarios vinculados al tránsito pesado sin que eso se refleje —según planteó— en mejoras reales sobre rutas, accesos o servicios.
Malfesi también puso el foco sobre el posible valor que tendría el nuevo esquema, que rondaría 1,5 dólares por tonelada transportada. “Eso alguien lo termina pagando”, advirtió, al explicar que el costo no desaparece dentro de la cadena logística sino que impacta directamente sobre camioneros, productores y finalmente sobre el precio de los productos.
Además, la diputada libertaria cuestionó el modelo de financiamiento basado en nuevos cargos y fideicomisos, dejando entrever desconfianza sobre el destino concreto de los recursos. “La gente ya paga tasas y peajes que no se traducen en rutas en condiciones. Las cabinas están destruidas y las obras no aparecen”, planteó, marcando una fuerte crítica a la administración de los fondos públicos.
En paralelo, la legisladora vinculó el debate provincial con la política económica nacional impulsada por Javier Milei. Según explicó, mientras el Gobierno nacional intenta sostener un esquema de equilibrio fiscal evitando seguir cargando impuestos sobre la actividad privada, en Santa Fe se avanza en sentido contrario, creando nuevas herramientas de recaudación sobre uno de los sectores más golpeados por la presión tributaria.
El posicionamiento de Malfesi no pasó desapercibido porque refleja algo más profundo: la creciente tensión entre el discurso productivista que intenta mostrar la gestión provincial y las críticas de sectores que consideran que, en los hechos, el modelo sigue dependiendo de más impuestos, más tasas y más carga sobre el aparato productivo.
Más deuda y más impuestos
Uno de los cuestionamientos que empieza a crecer en sectores económicos y opositores es la contradicción entre el discurso oficial y las decisiones concretas de gestión.
Mientras el gobierno provincial anuncia reducciones impositivas en eventos vinculados al agro y la producción, en paralelo impulsa nuevos mecanismos de recaudación y sostiene una fuerte política de endeudamiento externo.
Los números muestran una provincia que multiplicó en poco tiempo su nivel de deuda mediante créditos internacionales, emisiones de títulos y financiamiento externo bajo el argumento de sostener obras de infraestructura.
En ese marco, desde distintos sectores empiezan a hacerse una pregunta incómoda: si la provincia tomó deuda millonaria para infraestructura, ¿por qué ahora necesita crear nuevas tasas sobre el sector productivo?
El trasfondo político
La discusión excede la cuestión técnica de las rutas portuarias. Lo que se empieza a poner en debate es el modelo económico provincial.
Para los sectores críticos, el gobierno de Pullaro mantiene una lógica basada en aumentar la recaudación en lugar de reducir el peso fiscal sobre quienes producen y trabajan. Y sostienen que el nuevo esquema contradice el discurso de alivio tributario que el oficialismo intenta instalar.
El problema para la Casa Gris es que esta vez las críticas no llegan solo desde la oposición tradicional. También aparecen desde sectores del campo y del universo libertario, dos espacios con los que el oficialismo busca mantener diálogo político.
Una discusión que recién empieza
Por ahora, el proyecto definitivo todavía debe pasar por la Legislatura. Pero el conflicto ya quedó planteado.
El gobierno sostiene que las obras son necesarias y que el sistema permitirá ordenar uno de los principales polos logísticos del país. Del otro lado, productores, transportistas y dirigentes opositores advierten que se está construyendo un nuevo esquema de presión fiscal disfrazado de infraestructura.
En el medio queda una pregunta que empieza a repetirse cada vez más: cuando se habla de financiar obras, ¿hasta dónde puede seguir cargándose el costo sobre la producción?



