A semanas del inicio del ciclo lectivo, el Gobierno de Santa Fe comenzó a marcar el terreno de la discusión salarial con los docentes. Esta vez fue el propio ministro de Educación, José Goity, quien se anticipó públicamente a la convocatoria paritaria —prevista para los primeros días de febrero— y dejó un mensaje que seguramente caera mal en los maestros: la negociación estará condicionada por la falta de recursos.
Con altos niveles de rechazo entre maestros públicos y privados, Goity optó por instalar antes de tiempo el marco de la conversación. “La economía no arranca, tenemos muchas dificultades”, afirmó en declaraciones radiales, y agregó que desde su cartera no puede resolver “los problemas estructurales” que atraviesa la provincia. En los hechos, el ministro adelantó lo que ningún trabajador quiere escuchar al momento de discutir salarios: no hay plata.
El funcionario explicó que la convocatoria formal a los gremios se realizará a través del Ministerio de Trabajo, mientras que la propuesta salarial quedará en manos del Ministerio de Economía. Desde el Ejecutivo aseguran que el objetivo será sostener el poder adquisitivo, aunque siempre “con las limitaciones que impone la situación económica”, una fórmula que ya genera desconfianza en los sindicatos.
Las palabras del ministro no pasaran inadvertidas en el universo docente. En redes sociales comenzaron a multiplicarse los reclamos de maestros y maestras que exigen a sus representantes gremiales una postura más dura frente al Gobierno provincial. Entre los mensajes se repite una consigna: activar medidas de fuerza, incluso un paro general, si la oferta salarial no recompone lo perdido frente a la inflación.
El malestar no es nuevo. Tras un 2025 atravesado por tensiones, descuentos y conflictos, una parte importante de la docencia llega a esta nueva paritaria con salarios deteriorados y un fuerte desgaste con la gestión educativa. En ese contexto, la intervención anticipada de Goity es leída como una señal política: el Gobierno busca bajar expectativas antes de sentarse a la mesa.
Más allá de la cuestión salarial, el ministro volvió a insistir con uno de los ejes centrales de su gestión para este año: la alfabetización. “Nos vamos a comprometer a que todos los chicos terminen tercer grado totalmente alfabetizados”, sostuvo, ubicando ese objetivo como prioridad del Ministerio de Educación.
Sin embargo, para los trabajadores de la educación el debate inmediato pasa por otro lado. Con la fecha del inicio de clases cada vez más cerca y una paritaria que arranca con el discurso de la escasez, el escenario se presenta tenso. Mientras el Gobierno habla de restricciones presupuestarias, en las aulas crece la presión para que los gremios dejen atrás la cautela y vuelvan a las calles.
La convocatoria oficial en los próximos días marcará el primer capítulo de un conflicto que amenaza con reactivarse antes del comienzo del ciclo lectivo. Y esta vez, con un clima social mucho más cargado.



