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¿Quién frena la reforma? La calle se organiza, el Senado resiste y un gobernador levanta la voz

Organizaciones de todo el país convocan a una movilización histórica. En Santa Fe denuncian falta de diálogo y advierten sobre un retroceso de derechos. Los gremios copan la agenda, Rosario emerge como centro del conflicto y un gobernador se planta contra el avance del proyecto.

El rechazo a la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional terminó de encender al movimiento obrero. Sin esperar una convocatoria formal de la CGT en su conjunto, más de 80 organizaciones sindicales activaron un plan de lucha que tendrá su punto más alto el próximo 10 de febrero, con una movilización nacional cuyo epicentro será la ciudad de Rosario.

La decisión se tomó tras un encuentro de dirigentes gremiales en la sede nacional de la UOM, donde se resolvió iniciar una serie de acciones coordinadas en todo el país. La primera parada será Córdoba, el 5 de febrero. Cinco días después, Rosario concentrará columnas de trabajadores provenientes de distintas provincias, en lo que los organizadores ya anticipan como una protesta de magnitud inédita en la etapa reciente.

El mensaje sindical es directo: la reforma laboral propuesta por la administración Milei representa un retroceso profundo en materia de derechos y no surgió de ningún proceso de diálogo con los trabajadores. En el documento consensuado, las organizaciones advierten que el proyecto avanza sobre la negociación colectiva, restringe el derecho de huelga, habilita nuevas formas de precarización y busca institucionalizar un techo salarial, todo bajo la lógica de un modelo económico basado en salarios bajos y empleo inestable.

Desde el sindicalismo sostienen que no hay un solo artículo que apunte a crear empleo genuino o mejorar la calidad del trabajo. Por el contrario, entienden que el objetivo central es facilitar despidos, debilitar a las organizaciones gremiales y despejar el camino para un proceso de ajuste más profundo sobre el entramado productivo.

Santa Fe, en alerta: videos, reproches y un gobernador ausente

En paralelo a la organización de la marcha, la CGT lanzó una campaña en redes sociales dirigida a los senadores nacionales que mantienen diálogo con el oficialismo. A través de videos breves, se repasan promesas de campaña y se interpela directamente a los legisladores para que definan su postura frente a la reforma. La estrategia busca exponer públicamente a quienes podrían acompañar el proyecto del Ejecutivo.

En ese marco, tomó relevancia un mensaje difundido desde Santa Fe por un referente bancario, quien puso en palabras el clima que atraviesa a buena parte de los trabajadores de la provincia. En declaraciones radiales, afirmó que el gobernador Maximiliano Pullaro nunca recibió a los gremios pese a los reiterados pedidos formales, y cuestionó que la dirigencia política local haya avalado en el Congreso la primera etapa del programa económico nacional.

“Presentamos más de quince notas y nunca hubo respuesta. Ya ni los ministros nos reciben”, resumió Claudio Giraldi, titular de la CGT de Santa Fe, al tiempo que advirtió sobre la pérdida de poder adquisitivo, el cierre de fuentes laborales y el impacto directo que el modelo actual tiene sobre la industria. Para el sindicalismo santafesino, el debate no pasa sólo por una ley puntual, sino por el rumbo general del país.

La sensación que recorre a las bases es que la reforma laboral es apenas una pieza más de un esquema más amplio que transfiere costos del ajuste a los trabajadores, mientras se consolida un Estado cada vez más retraído en su rol de protección social.

Kicillof toma distancia y marca diferencias

A diferencia del silencio o la ambigüedad de varios gobernadores, el mandatario bonaerense Axel Kicillof decidió pararse explícitamente en la vereda opuesta al proyecto libertario. En redes sociales cuestionó con dureza la reforma y sostuvo que “no tiene nada que ver con la libertad que pregona” el presidente.

Kicillof puso el foco en aspectos concretos del proyecto, como el recorte de derechos vinculados al descanso y las vacaciones, y citó datos recientes que muestran que más de la mitad de las familias argentinas ya no puede tomarse su merecido receso. Para el gobernador de Buenos Aires, hablar de libertad mientras se deterioran las condiciones de vida de los trabajadores es apenas un eslogan vacío.

El contraste político quedó expuesto: mientras en algunas provincias prima la cautela o el alineamiento con la Casa Rosada, desde Buenos Aires se plantea una oposición frontal a una reforma que reduce indemnizaciones, habilita el fraccionamiento de vacaciones y recorta aportes patronales.

Una calle que vuelve a ser protagonista

Con el Senado como escenario inmediato del debate, los sindicatos decidieron adelantarse y trasladar la discusión al territorio. Rosario será uno de los principales termómetros del clima social, en una provincia donde el malestar laboral se acumula y la falta de interlocución oficial profundiza la distancia entre el gobierno y el movimiento obrero.

La movilización del 10 de febrero no será un hecho aislado. Forma parte de un plan de lucha que promete escalar si el Congreso avanza con el proyecto. Para los gremios, el mensaje es claro: la reforma laboral no se negocia en despachos cerrados ni se define sólo con votos parlamentarios. También se disputa en la calle.

Y esta vez, avisan, la respuesta será masiva.

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