La obra pública también tiene memoria. Y en Santa Fe, esa memoria se volvió parte del debate político en redes sociales: dirigentes ligados al ex gobernador Omar Perotti salieron en los últimos días a celebrar el avance final del Gasoducto Metropolitano, una infraestructura estratégica para el centro provincial que —según remarcaron— fue iniciada durante la gestión peronista, aunque todo indica que será puesta en funcionamiento durante el gobierno radical de Maximiliano Pullaro.
Los mensajes de la diputada provincial Celia Arena y del referente perottista Nacho Martínez Kerz funcionaron como una intervención con doble intención: por un lado, resaltar la dimensión del proyecto y su impacto futuro en el corredor de la Ruta 1 y el Gran Santa Fe; por el otro, marcar la autoría política de la obra, en un contexto en el que la administración actual viene inaugurando obras que, en gran medida, fueron proyectadas, licitadas o iniciadas durante el mandato anterior.
El Gasoducto Metropolitano, con un avance del 90%, es una de esas piezas que condensan un dato incómodo para el oficialismo y un argumento central para el perottismo: la continuidad de obra pública como política de Estado, pero también como disputa por el crédito político.
Una obra clave, a un paso del final
La infraestructura del Gasoducto Metropolitano ya alcanza el 90% de ejecución, de acuerdo a lo informado por el presidente de Enerfe, Rodolfo Giacosa, quien explicó que la obra está prácticamente concluida en sus tramos estructurales, incluyendo estaciones reductoras de presión y extensiones previstas hacia la zona de la costa.
Sin embargo, su puesta en marcha depende de un punto técnico crítico: el hot-up (o hot tap), el procedimiento final de conexión al ducto principal, una operación de alta complejidad que —según Enerfe— solo pueden ejecutar cuatro empresas habilitadas por TGN en todo el país, debido a que la conexión se realiza sobre infraestructura de gasoductos en funcionamiento.
Ese cuello de botella explica la demora: dos empresas “se cayeron” por agenda y disponibilidad. Y, según Giacosa, se busca realizar el proceso en febrero o marzo, con una ventana operativa que tiene un límite: el procedimiento debe completarse antes del 1º de mayo, fecha a partir de la cual se restringen este tipo de obras por normativa y condiciones operativas.
Cuando esa etapa se concrete, los trabajos finales demandarían entre 20 y 30 días hasta la habilitación definitiva.
Un gasoducto con impacto regional
La magnitud del proyecto explica la centralidad del debate. El Gasoducto Metropolitano está diseñado para beneficiar a 100.000 usuarios, es decir más de 250.000 habitantes de: Santa Fe, Esperanza, Recreo, Monte Vera, San José del Rincón, Arroyo Aguiar, Arroyo Leyes y Ángel Gallardo.
Además, apunta a potenciar el entramado productivo regional: se estima que permitirá abastecer a 7.000 industrias y 1.600 comercios que actualmente no cuentan con gas natural o que deberán ampliar capacidad.
La obra toma gas del GNEA a la altura de Esperanza, recorre el área metropolitana y se proyecta como una reserva estratégica de gas a alta presión para el abastecimiento urbano e industrial. Enerfe ya confirmó trabajos paralelos con empresas como Litoral Gas, y el interés de subdistribuidoras como Setúbal y Recreo, que prevén apoyarse en el ducto para ampliación de redes.
Es decir: no se trata solo de una obra de infraestructura, sino de un instrumento de calidad de vida, competitividad industrial y desarrollo territorial.
La disputa por la autoría política
En ese marco, la diputada provincial Celia Arena publicó un mensaje con celebración y advertencia.
Por un lado, remarcó que el gasoducto fue iniciado por la gestión de Perotti asumiendo que no se terminaría dentro del mandato, con una lógica estratégica y no electoral:
“El gobierno de Omar Perotti arrancó la construcción del gasoducto a sabiendas de que no se iba a finalizar durante su mandato. Primó una mirada estratégica por sobre cualquier cálculo mezquino de política chiquita”.
El mensaje contiene un concepto clave: el perottismo busca instalar que las obras trascendentales no pueden medirse por el calendario electoral, en un momento donde la política santafesina discute qué gestión “hace” y cuál “solo inaugura”.
Al mismo tiempo, Arena apuntó contra el Gobierno nacional de Javier Milei por el freno de la obra pública a nivel país y por las dificultades adicionales que genera incluso para obras provinciales:
“No solamente abandonó obras fundamentales en Santa Fe, sino que también dificulta las que ejecutan las provincias”.
El señalamiento no es menor: busca ubicar al gasoducto dentro del marco político actual, donde el abandono nacional obliga a provincias y municipios a sostener infraestructura con recursos propios o rediseñando financiamiento.
🚧 Celebramos que siga avanzando esta obra clave para la zona de la costa santafesina en el corredor de la ruta 1. Queremos decir también varias cosas al respecto:
1) El gobierno de @omarperotti arrancó la construcción del gasoducto a sabiendas de que no se iba a finalizar… pic.twitter.com/BGwaPjokvv
— Celia Arena (@celiaarena) January 21, 2026
A ese planteo se sumó Nacho Martínez Kerz, quien introdujo una crítica directa a la gestión local y a la falta de previsión para que la obra troncal se traduzca en gas domiciliario real:
“En 2023 planteamos que el intendente de Santa Fe debía anticiparse y tener aprobados los proyectos técnicos para las conexiones domiciliarias. Más de dos años después, todavía estamos en veremos”.
Ese punto abre un interrogante concreto: aun con el gasoducto operativo, sin redes y conexiones de distribución el impacto en hogares puede demorarse. Es decir: hay una infraestructura lista para abastecer, pero el entramado urbano no siempre está preparado para aprovecharla.
La discusión de fondo: obras iniciadas por el PJ, inauguradas por Unidos
El caso del Gasoducto Metropolitano aparece como parte de un patrón que el perottismo viene insinuando desde hace meses: múltiples inauguraciones de la gestión Pullaro corresponden a obras proyectadas o lanzadas en el mandato anterior.
El fenómeno no es nuevo en política: muchas gestiones capitalizan “cortes de cinta” de infraestructura iniciada por gobiernos previos. Pero en Santa Fe, el contexto lo vuelve más sensible, porque el oficialismo provincial sostiene un discurso de “cambio y eficiencia”, mientras sectores del PJ señalan que gran parte del “relato de obra” se apoya en una base material heredada.
Por eso, desde el equipo de Perotti el avance del gasoducto no es solo una buena noticia: es también un argumento político. Una forma de decir que hubo planificación, que hubo inversión y que incluso cuando no había margen para inaugurar, se dejó encaminado lo estructural.
Lo que viene: la etapa técnica final y la pregunta por el uso político
Todo indica que la obra ingresa en semanas decisivas. Si el hot-up se concreta en febrero o marzo, el gasoducto podría estar operativo antes de mayo.
Pero el capítulo político ya empezó antes de que el gas llegue a los hogares: quién lo inició, quién lo terminó, quién lo inauguró y quién se queda con la foto.
En Santa Fe, la infraestructura avanza. Lo que todavía está en disputa es otra cosa: la narrativa. Y el Gasoducto Metropolitano se convirtió, por estas horas, en un ejemplo perfecto de esa tensión: una obra pensada para cambiar la región, atravesada por el clásico dilema de la política argentina.



