Este lunes se puso en marcha un momento histórico para la provincia de Santa Fe: la Convención Reformadora de la Constitución quedó oficialmente habilitada. El proceso institucional que muchos reclamaron durante años finalmente se activa, pero no de la forma en que la ciudadanía esperaba ni merece.
Lo que podría haber sido una gran instancia de construcción colectiva, diálogo amplio y escucha territorial, se inició con una puesta en escena armada desde la gestión actual, sin consensos reales, sin acuerdos políticos sólidos y —lo más preocupante— sin participación social efectiva. La reforma llega, sí, pero impuesta desde arriba, con un fuerte tinte de ambición política que no deja de generar inquietudes en distintos sectores.
El acto formal, encabezado por las principales autoridades provinciales y los convencionales constituyentes electos, marcó el comienzo de un debate que tendrá lugar en el recinto de la Cámara de Diputados. Pero lo que debía ser una fiesta de la democracia parece más bien el punto de partida de una estrategia de concentración comunicacional y blindaje institucional.
Porque mientras este medio garantizará un espacio plural para todas las voces que quieran discutir el futuro de la Constitución provincial, ya circulan mensajes y contenidos que evidencian un intento de monopolizar el discurso. Se promocionan redes sociales y supuestas cuentas oficiales que, según se sospecha, funcionarán como canales exclusivos del gobernador Maximiliano Pullaro y su círculo más cercano. Una línea directa con la ciudadanía, sí, pero filtrada, direccionada, sin matices ni contrapuntos.
Es que no sólo preocupa el fondo del debate reformista, sino también la forma. El apuro por llevar adelante la reforma sin un proceso de escucha abierta, sin debates públicos en cada ciudad, sin mecanismos de participación ciudadana amplios, deja en evidencia una visión verticalista que contradice el espíritu democrático que una reforma constitucional debería representar.
Los convencionales ya asumieron. Las comisiones se conformarán. Los temas comenzarán a discutirse. Pero queda flotando una pregunta inquietante: ¿qué reforma es posible si no se construye desde la legitimidad social? ¿Qué nivel de representatividad real puede tener un texto que nace de espaldas a la ciudadanía?
Santa Fe necesitaba actualizar su Constitución, sí. Pero no así. No de este modo. No con la desconfianza instalada, no con la sospecha de un proceso manejado desde el poder sin darle voz a los demás. La historia dirá si esta decisión marcará un avance o una regresión institucional.
Mientras tanto, desde este espacio periodístico, asumimos el compromiso de abrir los micrófonos a todos los reformadores, sin excepciones, sin filtros, sin obediencia a intereses particulares. Porque si hay algo que esta reforma necesita, es aire fresco, discusión real y una ciudadanía atenta.