La ciudad de Santa Fe fue escenario de un encuentro que excedió el marco partidario y dejó definiciones con proyección nacional. La Unión Cívica Radical (UCR) reunió a cinco gobernadores, más de 300 intendentes y dirigentes de todo el país en una cumbre que combinó respaldo a la estabilidad macroeconómica del Gobierno nacional con la construcción de una agenda propia y un horizonte político explícito: volver a disputar la Presidencia de la Nación.
El dato político es relevante. En un contexto donde buena parte del radicalismo vota en el Congreso leyes impulsadas por el presidente Javier Milei, pero al mismo tiempo debate su identidad y su estrategia futura, el encuentro en Santa Fe expuso tensiones, matices y una decisión: construir una alternativa nacional que no quede atrapada en la polarización entre el mileísmo y el kirchnerismo.
Una convocatoria con peso territorial
La cumbre se realizó en la sede del Comité Provincial y fue encabezada por el presidente del Comité Nacional e intendente de Venado Tuerto, Leonel Chiarella. Participaron los gobernadores Maximiliano Pullaro (Santa Fe) y Juan Pablo Valdés (Corrientes), mientras que Alfredo Cornejo (Mendoza), Carlos Sadir (Jujuy) y Leandro Zdero (Chaco) enviaron mensajes.
También estuvieron presentes el intendente de Mendoza, Ulpiano Suárez, el exgobernador correntino Gustavo Valdés, legisladores y cerca de 500 dirigentes territoriales.
Chiarella, en la apertura, marcó el tono político del encuentro:
“Aquí está el radicalismo que gestiona, que escucha y mira a los ojos a sus vecinos porque está cerca de la gente para resolver sus problemas”.
El presidente del Comité Nacional planteó que el partido debe recuperar identidad y vocación de poder:
“Nosotros no vinimos a la Unión Cívica Radical para que las cosas sigan como están. Nos involucramos en cada localidad para cambiar la realidad. Somos el radicalismo austero, honesto y con coraje”.
El volumen territorial fue uno de los ejes del mensaje. La UCR gobierna cinco provincias y alrededor de 500 municipios en todo el país. Esa estructura fue presentada como la base para reconstruir una propuesta nacional sustentada en la gestión.

Entre el respaldo macro y las diferencias productivas
Durante el encuentro hubo una defensa explícita del equilibrio fiscal y del control de la inflación, dos banderas centrales del actual gobierno nacional. Sin embargo, los discursos marcaron límites y diferencias.
Pullaro, por su parte, combinó respaldo y diferenciación. Reconoció la importancia del orden macroeconómico, pero puso el foco en la realidad productiva y social:
“No le podemos pedir al Comité Nacional que tenga hoy un candidato ganador para 2027, pero sí tenemos que prepararnos para dar la pelea. Argentina no puede tener solo dos alternativas”.
El gobernador santafesino fue más allá y subrayó:
“Somos el radicalismo que vino a transformar la República Argentina. No vinimos a quedarnos quietos”.
En el plano institucional, también dejó un mensaje hacia la gestión provincial:
“Son momentos muy difíciles. La coparticipación cae y la plata no alcanza. Pero mientras gobierne un radical en Santa Fe, a ningún ciudadano le va a faltar un plato de comida ni un remedio”.
Ulpiano Suárez sostuvo que la estabilidad macroeconómica es condición necesaria, pero no suficiente. Planteó que el orden fiscal debe ir acompañado de sensibilidad social y políticas que impacten en la economía real. “La estabilidad de pizarrón no alcanza si no llega al bolsillo del vecino”, fue el mensaje subyacente.
En la misma línea, Juan Pablo Valdés reconoció avances en el control inflacionario, pero advirtió sobre el impacto del atraso cambiario y la apertura de importaciones en las economías regionales. El planteo radical giró en torno a la necesidad de discutir competitividad, estructura impositiva y desarrollo productivo.
La agenda incluyó también proyectos de integración regional, como la conexión fluvial entre Bella Vista y Villa Ocampo, pensada como corredor productivo hacia Brasil, y debates técnicos sobre economía, comunicación política y gestión local.
2027 en el horizonte
El punto de mayor voltaje político llegó con las definiciones sobre el futuro electoral. Pullaro fue directo: planteó que la Argentina no puede quedar reducida a una opción “por derecha” representada por Milei o a una “centroizquierda kirchnerista”, y llamó a construir una alternativa desde el radicalismo.
Felipe Michlig, presidente del Comité Provincial de la UCR, expresó:
“Tengo el sueño de que más temprano que tarde podamos tener un presidente de la Nación Argentina de nuestro partido, para consagrar un país equitativo, inclusivo y transparente”.
Michlig reivindicó la fortaleza territorial del radicalismo:
“Cuando algunos apostaban a la desaparición de nuestra fuerza, fueron los dirigentes territoriales los que mantuvimos la mecha encendida. Hoy tenemos cinco gobernadores y cientos de intendentes en todo el país”.
En esa línea, Gustavo Valdés habló de “vocación frentista” y de la necesidad de preparar al partido para volver a ser poder en la Argentina. Felipe Michlig, presidente de la UCR santafesina, fue aún más explícito: expresó su deseo de que “más temprano que tarde” el país tenga un presidente radical.
El mensaje interno fue claro: ordenar el partido, fortalecer la territorialidad y consolidar una identidad propia, sin romper puentes institucionales pero sin diluir el perfil político.

Gestión como activo y debate interno abierto
El encuentro también funcionó como reafirmación de un modelo de gestión. Chiarella reivindicó un radicalismo “austero, honesto y cercano”, mientras que Pullaro subrayó el rol de los intendentes como primera línea frente a las demandas sociales en un contexto de caída de la coparticipación y restricciones fiscales.
Sin embargo, la foto de unidad convive con un debate abierto. Parte del radicalismo acompaña en el Congreso leyes impulsadas por la Casa Rosada, mientras otros sectores plantean la necesidad de mayor autonomía política frente al Ejecutivo nacional.
En Santa Fe, la UCR buscó sintetizar esa tensión: respaldo al orden macroeconómico, diferencias en materia productiva y social, y una estrategia de mediano plazo que mira a 2027 con ambición presidencial.
La cumbre dejó así una señal doble. Hacia afuera, la intención de construir una alternativa nacional con base territorial y agenda propia. Hacia adentro, el desafío de sostener cohesión en un escenario político fragmentado, donde el radicalismo oscila entre el acompañamiento institucional y la búsqueda de un futuro propio.
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