Por Gonzalo Macco
Por años, una parte importante del debate político argentino quedó atrapada en una lógica centrada en liderazgos, disputas electorales y coyunturas. Se discute quién gobierna, quién gana y quién pierde. Mucho menos frecuente es una pregunta más estructural: ¿qué capacidades tienen los Estados para sostener políticas públicas, administrar problemas complejos y producir resultados más allá de un ciclo electoral?.
Esa discusión apareció con fuerza durante «La Noche de los Intendentes 2026«, organizada por la Red de Innovación Local (RIL) el pasado 13 de mayo en Rosario. El encuentro reunió a más de 300 intendentes y 800 referentes del sector privado entre las actividades desarrolladas en el Teatro El Círculo y el Salón Metropolitano. Pero el dato político más relevante de la jornada no estuvo únicamente en la magnitud del evento ni en la convocatoria.
El gran ganador llegó desde Mendoza.
Luján de Cuyo, conducido por el intendente Esteban Allasino, fue la gestión más reconocida de toda la jornada y recibió el «Premio Ciudad RIL«, una distinción inédita otorgada al municipio con mayor compromiso y desempeño dentro de la red.
Sin embargo, reducir lo ocurrido a una premiación sería quedarse con una lectura superficial. La experiencia presentada por Luján de Cuyo dejó al descubierto una ausencia: mientras se habla de autonomía, innovación y futuro de las ciudades, la profesionalización del Estado y la construcción de capacidades públicas siguen sin ocupar un lugar central en la discusión política.
Durante sus intervenciones en distintos medios, Allasino insistió sobre una idea que excede la discusión tradicional sobre eficiencia administrativa: la necesidad de construir Estados capaces de sostener políticas públicas en el tiempo. La definición remite a un debate clásico dentro de la teoría del Estado y la administración pública: la diferencia entre gobiernos que administran coyunturas y Estados que desarrollan capacidades.
En el debate público suele hablarse con frecuencia de los “equipos de gestión”, aunque pocas veces se distingue con claridad qué rol cumple cada actor dentro del Estado. Los gobiernos electos toman decisiones, fijan prioridades y definen orientaciones políticas. Pero la implementación cotidiana de esas decisiones recae sobre estructuras administrativas y equipos profesionales permanentes que sostienen el funcionamiento estatal más allá de los cambios de gobierno.
Esos equipos no solo ejecutan políticas públicas. También aportan conocimiento técnico, acumulan experiencia institucional y condicionan -muchas veces de manera decisiva- aquello que efectivamente puede hacerse.
Hay además una cuestión que llama la atención en Santa Fe. La provincia atraviesa un proceso de transformación institucional inédito: comunas se convertiran en municipios y municipios que asumirán nuevas competencias y mayores niveles de responsabilidad. En otras palabras, los gobiernos locales deberán repensar parte de sus estructuras, organización y capacidades.
Sin embargo, resulta difícil encontrar en la discusión pública un debate sostenido sobre la profesionalización de la función pública local. Se habla de autonomía, competencias, atribuciones, recursos y nuevos esquemas institucionales. Se discute quién gobernará esos futuros municipios. Mucho menos parece discutirse cómo se van a fortalecer las capacidades para gestionarlos.
Incluso resulta llamativo que el tema no aparezca en discursos de intendentes, dirigentes o candidatos a ocupar las intendencias el año proximo. La pregunta entonces no es menor: si los municipios tendrán más responsabilidades, ¿por qué la profesionalización del Estado local todavía no ocupa un lugar central en la agenda política santafesina?
Tal vez allí exista una de las discusiones pendientes. Porque ampliar funciones sin fortalecer capacidades puede terminar trasladando problemas nuevos a estructuras pensadas para otro tiempo.
Rosario fue sede del encuentro. Pero quizás el debate más importante que dejó el RIL 2026 no haya sido quién recibió un premio. La discusión de fondo parece ser otra: entender que el futuro de los gobiernos locales dependerá cada vez menos de la improvisación y cada vez más de la capacidad para construir instituciones, equipos y gestión profesional.



