17/09/2026 4:15 am

Los números que no cierran: dos relatos y una misma economía santafesina

El Gobierno reivindica sus cuentas corrientes y la inversión pública mientras la oposición advierte sobre un deterioro financiero histórico. Los números permiten entender dónde termina el dato y dónde comienza el discurso político.

Mientras Walter Agosto advierte que Santa Fe cerró el primer semestre con un déficit financiero de $717.740 millones —el 10,2% de sus recursos totales—, el Gobierno responde que mantiene equilibradas sus cuentas corrientes y sostiene una inversión pública extraordinaria. Técnicamente, ambas afirmaciones pueden convivir. Políticamente, cuentan historias completamente diferentes. Los informes nacionales que ubicaron a Santa Fe entre las provincias con peor resultado fiscal, la fuerte reducción del ahorro corriente, la polémica reasignación de fondos del IAPOS y las versiones sobre demoras con proveedores obligan a mirar más allá del relato elegido por cada sector.

Hay números que no admiten demasiadas interpretaciones y otros que, dependiendo de dónde se coloque la lupa, permiten construir relatos completamente diferentes.

Eso es exactamente lo que está ocurriendo con las cuentas públicas de Santa Fe.

Durante las últimas horas quedaron expuestas dos fotografías aparentemente irreconciliables sobre la economía provincial. Por un lado, el ex ministro de Economía y actual diputado Walter Agosto advirtió que Santa Fe acumuló durante el primer semestre de 2026 un déficit financiero de $717.739,72 millones, equivalente al 10,2% de los recursos totales, y aseguró que se trata del resultado negativo más importante de la última década. Los números utilizados por el legislador surgen de información publicada por el propio Ministerio de Economía provincial.

La respuesta oficial construyó otra fotografía: la Provincia sostiene que conserva el equilibrio de sus cuentas corrientes, que puede financiar el funcionamiento ordinario del Estado con sus ingresos y que el resultado financiero negativo se explica fundamentalmente por una decisión política de sostener un nivel extraordinario de inversión pública. Entonces, ¿quién miente?.

Probablemente la pregunta correcta sea otra: ¿quién está mostrando solamente la parte de los números que resulta funcional a su argumento?

Porque déficit financiero existe. Pero también existe un pequeño superávit corriente. Y precisamente allí comienza la verdadera discusión.

$717.740 millones: el número imposible de esconder

Los datos correspondientes al primer semestre muestran ingresos totales por $7,044 billones y gastos por aproximadamente $7,762 billones.

La diferencia arroja un resultado financiero negativo de $717.739,72 millones.

No se trata de una estimación opositora ni de una consultora privada. Es información surgida de las propias cuentas provinciales.

Agosto agregó otros dos números que merecen atención: mientras los recursos totales crecieron apenas 1% interanual en términos reales, los gastos lo hicieron 9,2%.

El legislador concluye, a partir de esos datos, que el déficit representa el 10,2% de los recursos totales y que constituye el mayor rojo del primer semestre de los últimos diez años.

Pero existe otro indicador quizás todavía más interesante. El ahorro corriente —la diferencia entre ingresos corrientes y gastos corrientes— pasó de $500.492 millones durante el primer semestre de 2025 a apenas $48.038 millones en igual período de 2026.

Según el análisis difundido por Agosto, significa una reducción real del 90,4%. Ese dato resulta particularmente relevante porque permite comprender dónde se encuentran las dos versiones.

El Gobierno responde: las cuentas corrientes siguen equilibradas

La administración de Maximiliano Pullaro no niega el resultado financiero negativo. Lo interpreta de otra manera.

Durante los primeros seis meses del año los ingresos corrientes alcanzaron aproximadamente $6,998 billones y los gastos corrientes fueron de $6,950 billones. Es decir que quedó un ahorro corriente positivo de poco más de $48.000 millones.

Desde esa perspectiva, el Gobierno tiene un argumento técnicamente atendible: los ingresos ordinarios todavía alcanzan para pagar salarios, jubilaciones, transferencias y funcionamiento del Estado.

El déficit aparece cuando se incorpora principalmente el esfuerzo realizado sobre el gasto de capital.

La Provincia sostiene que esa inversión fue financiada mayoritariamente mediante disponibilidades acumuladas durante los ejercicios anteriores: el 70,26% provino de fondos originados en los superávits de 2024 y 2025. A eso se agregaron préstamos destinados a obra pública, convenios bancarios y recupero de anticipos.

Dicho de una manera sencilla: Santa Fe está gastando durante 2026 parte del colchón financiero que había acumulado previamente y también recurriendo a otras fuentes de financiamiento para sostener inversiones.

Eso no equivale automáticamente a una provincia quebrada. Pero tampoco permite afirmar que nada cambió.

El verdadero dato preocupante: el colchón se achicó

El debate, entonces, no debería reducirse a una pelea semántica entre “déficit” y “equilibrio”. La pregunta central es otra. ¿Qué sucede si el ahorro corriente continúa reduciéndose mientras se consumen disponibilidades acumuladas de ejercicios anteriores?

Los $48.038 millones de ahorro corriente todavía permiten al Gobierno afirmar que los ingresos habituales cubren los gastos habituales. Pero representan un margen mucho menor que el existente solamente un año atrás. Y allí aparece una primera señal que la comunicación oficial debería explicar con mayor profundidad.

Porque una cosa es utilizar reservas acumuladas para ejecutar infraestructura estratégica y otra muy diferente sería necesitar progresivamente esos recursos para sostener el funcionamiento cotidiano del Estado.

Por ahora, los números publicados permiten afirmar lo primero, no lo segundo. Pero la velocidad con la que desapareció el ahorro corriente obliga a seguir atentamente la evolución del segundo semestre.

Santa Fe ya había aparecido en rojo en las comparaciones nacionales

Además existe un antecedente que vuelve más difícil reducir toda la discusión a una ofensiva política del peronismo.

Durante el primer trimestre de 2026 distintos análisis nacionales ya habían ubicado a Santa Fe entre las provincias con peor resultado financiero.

Un informe de la Fundación Mediterránea señaló que Santa Fe presentó el mayor déficit provincial del período, equivalente al 18,2% de su gasto total, aunque al mismo tiempo destacó que fue una de las jurisdicciones que incrementó la inversión.

Otro análisis difundido posteriormente, elaborado a partir de datos del Ministerio de Economía nacional, ubicó el déficit santafesino del primer trimestre en el equivalente al 22,2% de sus recursos totales y señaló que el gasto provincial había aumentado 16,1% en términos reales.

Las metodologías y denominadores utilizados no son idénticos y, por lo tanto, esos porcentajes no deberían mezclarse mecánicamente.

Pero ambos antecedentes coinciden en algo: el deterioro del resultado financiero santafesino no nació esta semana con una declaración de Walter Agosto. Ya había aparecido en las estadísticas comparativas nacionales.

El decreto del IAPOS agrega una pregunta, pero requiere una precisión

En medio de esta discusión apareció además el Decreto 1878/2026.

La norma habilita al IAPOS a transferir hasta $57.000 millones provenientes de la fuente correspondiente al Servicio Complementario hacia otra fuente de recursos de libre disponibilidad, sujeto a disponibilidad financiera y con devolución cuando resulte factible. La decisión provocó pedidos de informes y fuertes cuestionamientos opositores.

La primera interpretación opositora fue que el Gobierno estaba tomando dinero del IAPOS para financiar al Tesoro provincial. La Casa Gris rechaza esa lectura.

Según la explicación de una fuente oficial, se trata de una readecuación entre dos fuentes presupuestarias del propio IAPOS destinada a atender gastos prestacionales y los fondos no salen de la obra social hacia otras dependencias provinciales. El Gobierno recordó además que mecanismos semejantes fueron utilizados durante administraciones anteriores.

Por eso sería incorrecto presentar hoy esos $57.000 millones como prueba concluyente de que el Tesoro provincial necesitó apropiarse de recursos del IAPOS.

Pero el episodio sí deja preguntas. ¿Por qué fue necesario habilitar esa reasignación? ¿Cuál es exactamente la situación financiera de cada una de las fuentes del Instituto? ¿Cuál será el destino concreto de esos recursos? ¿Por qué la devolución queda supeditada a que sea “factible”?

En momentos en que se discute la fortaleza financiera provincial, la transparencia sobre esos movimientos deja de ser un detalle administrativo.

La otra alarma: los proveedores

Existe además una variable mucho menos visible en las planillas fiscales pero fundamental para conocer la verdadera salud financiera de cualquier administración: cuánto demora el Estado en pagar lo que debe.

En ámbitos vinculados con proveedores provinciales circulan referencias a demoras que, en algunos casos, llegarían hasta los nueve meses.

De confirmarse de manera generalizada, sería una situación extraordinaria para una provincia históricamente caracterizada por mantener previsibilidad en su cadena de pagos.

Sin embargo, este punto requiere todavía documentación pública suficiente para determinar su verdadera dimensión. Y existe además una contradicción directa que debe quedar explicitada: el propio informe provincial sostiene que a junio no se registraban atrasos o deuda flotante vinculados al gasto de capital.

Por eso, si efectivamente existen proveedores acumulando seis, siete, ocho o nueve meses sin cobrar, el Gobierno debería explicar públicamente qué tipo de obligaciones son, qué volumen representan y por qué esos atrasos no aparecen reflejados en la fotografía oficial difundida sobre las cuentas públicas.

Es probablemente uno de los datos que más merece investigarse durante los próximos meses.

Dos relatos construidos con los mismos números

Quizás allí esté la cuestión más interesante. Walter Agosto mira el resultado financiero y dice: Santa Fe tiene un déficit histórico.

El Gobierno mira el resultado corriente y responde: Santa Fe mantiene sus cuentas equilibradas.

Los dos indicadores existen. El problema aparece cuando cualquiera de ellos pretende explicar por sí solo toda la situación fiscal.

La oposición debería reconocer que buena parte del déficit está asociada al aumento de la inversión pública y que una proporción importante se financia con disponibilidades acumuladas durante ejercicios anteriores.

El Gobierno, en cambio, debería reconocer que el ahorro corriente prácticamente desapareció respecto del año pasado, que el resultado financiero es fuertemente negativo y que Santa Fe ya había aparecido con números preocupantes en comparaciones nacionales.

Porque equilibrio corriente no significa equilibrio financiero. Y déficit financiero tampoco significa necesariamente insolvencia.

La inversión pública explica una parte importante

Hay además una decisión política que atraviesa toda esta discusión.

Pullaro eligió convertir la obra pública en uno de los principales símbolos de su gestión.

Rutas, escuelas, infraestructura penitenciaria, acueductos y otras intervenciones forman parte de una estrategia expansiva de inversión provincial en momentos en que el Gobierno nacional redujo fuertemente su participación en obra pública.

Ese gasto tiene impacto económico y genera patrimonio para el Estado. Pero las obras tampoco son gratuitas.

Si para mantener semejante ritmo de inversión es necesario consumir progresivamente los excedentes acumulados, aumentar el endeudamiento o reducir sustancialmente el ahorro corriente, entonces la discusión no debe ser si hacer o no obra pública.

Debe ser hasta qué nivel puede sostenerse ese ritmo sin comprometer el equilibrio futuro de las cuentas provinciales.

Ni provincia quebrada ni equilibrio perfecto

Tal vez el problema sea precisamente la necesidad política de construir extremos.

Santa Fe no aparece, con los datos disponibles, como una provincia financieramente quebrada. Pero tampoco conserva la misma holgura fiscal que exhibía anteriormente.

Tiene todavía resultado corriente positivo. Pero ese ahorro cayó drásticamente.

Mantiene un nivel elevado de inversión pública. Pero terminó el semestre con un déficit financiero superior a $717.000 millones.

Dispone de fondos acumulados durante ejercicios anteriores. Pero está utilizando una parte considerable de ese colchón para financiar el gasto de capital. Y mientras el Gobierno habla de equilibrio, aparecen simultáneamente discusiones sobre reasignaciones presupuestarias, endeudamiento y eventuales atrasos con proveedores que merecen respuestas más detalladas.

Alguien está contando solamente una parte de la historia

No hace falta modificar un número para manipular una estadística. A veces alcanza con elegir cuál mostrar.

Si solamente se observa el déficit financiero, puede construirse la imagen de una provincia al borde de una crisis fiscal.

Si solamente se observa el resultado corriente, puede proyectarse la fotografía de unas cuentas prácticamente impecables. Ninguna de las dos imágenes alcanza por sí sola.

Los números oficiales muestran una Provincia que todavía puede financiar sus gastos corrientes, pero cuyo margen de ahorro se redujo drásticamente; que mantiene una inversión pública muy elevada, pero para hacerlo está utilizando recursos acumulados y otras fuentes financieras; y que terminó los primeros seis meses de 2026 con un déficit financiero de $717.739 millones. Ese debería ser el verdadero punto de partida de la discusión.

Porque después de varios años en los que la administración santafesina convirtió el equilibrio fiscal en una de sus principales banderas políticas, el interrogante ya no consiste en determinar si existe déficit: los propios números oficiales dicen que existe.

La pregunta es por qué apareció, cuánto tiempo puede financiarse de esta manera y, fundamentalmente, qué ocurrirá cuando el colchón acumulado durante los años de superávit comience a reducirse.

En economía, como en política, el relato puede seleccionar números. Las cuentas, tarde o temprano, terminan mostrando todos.

Juan Francisco 1
Juan Francisco

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