27/09/2026 10:25 pm

Pidió acompañar a su hijo, cuestionó la falta de empatía y dejó el Gobierno

Una ex diputada radical que integró el bloque de Pullaro renunció después de solicitar dos semanas para atravesar una situación familiar y que se la negaran. Su caso expone una discusión sobre empatía, prioridades y la movilización de funcionarios durante los Juegos.

La exdiputada radical Marlén Espíndola renunció a su cargo en el área de Vinculación Territorial y Asuntos Electorales de la Provincia después de atravesar una situación familiar que, según relató públicamente, requería que permaneciera cerca de su hijo. Había solicitado dos semanas para acompañarlo y terminó dejando el Gobierno luego de que le plantearan una reducción salarial. El episodio coincidió con una exigencia laboral vinculada a los Juegos Suramericanos y vuelve a poner bajo discusión hasta dónde llegó la movilización del aparato estatal alrededor del evento. También abre otro interrogante: si una funcionaria podía prescindir temporalmente de sus tareas habituales para ser destinada a los Juegos, ¿cuál era exactamente la función que cumplía dentro de la estructura provincial?. 

Los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 terminaron. Las delegaciones regresaron a sus países, las medallas fueron entregadas y las luces comenzaron a apagarse después de quince días en los que Rosario, Santa Fe y Rafaela estuvieron en el centro del deporte continental. Más de 4.000 atletas de 15 países participaron del acontecimiento entre el 12 y el 26 de septiembre.

Pero mientras el Gobierno provincial comienza a realizar su balance, aparece una historia que muestra otra cara de aquellas dos semanas. No habla de estadios, récords, Fan Fest ni podios. Habla de una funcionaria del norte santafesino, de un problema familiar y de una renuncia.

Marlén Espíndola, exdiputada provincial de la UCR y funcionaria del área de Vinculación Territorial y Asuntos Electorales, presentó su dimisión el 14 de septiembre, con vigencia desde el 30. Según contó públicamente, atravesaba desde hacía semanas una situación delicada relacionada con la salud de uno de sus hijos y necesitaba permanecer cerca de él.

No quiso brindar detalles sobre el cuadro por respeto a su familia. Sí explicó que su hijo estaba acompañado por un equipo médico y que su prioridad era estar presente. “Lo primero es que mi hijo esté mejor”, resumió al explicar una decisión que, según aseguró, no lamentó ni un solo día.

Hasta allí podría tratarse simplemente de una historia personal dentro de la administración pública. Pero el contexto en el que ocurrió y las condiciones que Espíndola asegura haber recibido antes de renunciar convierten el episodio también en un asunto político.

Dos semanas para estar con su hijo y una respuesta que terminó en renuncia

De acuerdo con el relato de Espíndola, había solicitado solamente dos semanas para atender la situación familiar. La exfuncionaria sostuvo que inicialmente encontró una respuesta favorable, pero posteriormente se le planteó que esa posibilidad implicaría una reducción de su remuneración. Identificó al secretario de Vinculación Regional y Asuntos Electorales, Roberto “Tito” Vergé, como la autoridad involucrada en aquella decisión.

Su respuesta fue renunciar.

“No me parece para nada justo vivir esta situación y tener que ponerme a pensar en esto, cuando debería ser lo único que me importa en este momento”, explicó a medios locales al reconstruir aquella conversación.

Espíndola aseguró además que había informado previamente las dificultades que atravesaba y que esa situación ya le había impedido participar de algunas reuniones. “No podés negociar algunas cuestiones cuando tenés a tu nene que tiene un problema, que te necesita”, afirmó.

La propia exfuncionaria eligió hablar de “falta de empatía”. Recordó que cuando fue diputada procuraba que quienes trabajaban junto a ella dispusieran del tiempo necesario cuando atravesaban situaciones personales complejas. “Yo creo que eso debe primar por sobre todas las cosas: una cuestión humana”, sostuvo.

Su planteo introduce una discusión que excede su situación particular: qué ocurre cuando las necesidades de una organización chocan con circunstancias familiares extraordinarias de sus trabajadores.

Espíndola reconoció, además, que pudo tomar una decisión que muchos empleados públicos o privados difícilmente podrían asumir. Es abogada, tiene una profesión y puede regresar a su estudio jurídico. “No toda la gente tiene esa posibilidad de renunciar”, advirtió.

La frase desplaza la discusión desde el caso particular hacia quienes, frente a una situación semejante, no tienen la posibilidad económica de elegir entre conservar un salario o acompañar a un hijo.

Y no es la primera vez que una situación familiar de un trabajador del Estado provincial genera controversia. Durante este año tomó estado público el caso de la suboficial Rocío Aguilar, oriunda de Reconquista y destinada en Rosario, quien reclamaba un traslado para permanecer cerca de su familia. Según su testimonio, una de sus hijas había atravesado un intento de suicidio vinculado a una situación de bullying y otro de sus hijos tenía diagnósticos que requerían acompañamiento. La agente terminó expresando públicamente que no regresaría a Rosario.

Las situaciones administrativas son diferentes y corresponden a estructuras estatales distintas. Pero ambas permiten formular una pregunta común: qué capacidad tiene el Estado provincial para contemplar circunstancias familiares excepcionales cuando entran en tensión con una exigencia laboral.

Los Juegos en el medio y otra pregunta sobre su función

El caso Espíndola adquiere otra dimensión porque ocurrió exactamente durante los Juegos Suramericanos.

Según la información conocida alrededor del episodio, durante esas semanas debía colaborar con tareas vinculadas al evento en Rafaela, lo que implicaba trasladarse desde Reconquista y permanecer varios días fuera de su ciudad.

Ese aspecto merece una explicación oficial detallada: cuál era la tarea específica que se le había asignado, quién dispuso su afectación, durante cuántos días debía permanecer en Rafaela y qué alternativas se evaluaron cuando comunicó la situación familiar.

La discusión no pasa por cuestionar que un acontecimiento de semejante magnitud necesitara funcionarios trabajando. Los Juegos demandaron una estructura organizativa extraordinaria en Rosario, Santa Fe y Rafaela y fueron presentados por el propio Gobierno como el evento deportivo internacional más importante de la historia provincial.

La pregunta es hasta dónde debía llegar esa exigencia cuando chocaba con una emergencia familiar.

Pero aparece además otro interrogante incómodo. Si una funcionaria destinada a Vinculación Territorial podía apartarse durante varios días de sus tareas habituales para colaborar con el evento en otra ciudad, resulta legítimo preguntar cuál era exactamente su función cotidiana y por qué era necesario trasladarla desde Reconquista hasta Rafaela.

Eso no significa afirmar que su cargo fuera innecesario. Para sostenerlo sería necesario conocer sus funciones, responsabilidades, objetivos y resultados. Pero el episodio permite preguntar: si su tarea territorial era relevante para el norte santafesino, ¿por qué podía ser desplazada hacia Rafaela durante buena parte de la semana? Y si su presencia en los Juegos resultaba indispensable, ¿qué ocurría mientras tanto con sus funciones ordinarias?

La respuesta debería surgir del propio Gobierno.

Cuando buena parte de la política quedó concentrada en los Juegos

El episodio conecta directamente con una discusión que acompañó prácticamente toda la competencia.

Durante esas dos semanas fue habitual observar ministros, secretarios, subsecretarios, directores y funcionarios de numerosas áreas participando de recorridas, actividades, ceremonias y publicaciones relacionadas con Santa Fe 2026.

Naturalmente, presencia institucional y trabajo operativo no son lo mismo. Una fotografía o una publicación en redes tampoco permiten concluir que un funcionario hubiera abandonado sus responsabilidades habituales.

Pero la concentración de la agenda gubernamental alrededor de los Juegos fue evidente. También hubo cuestionamientos opositores por la menor actividad parlamentaria durante ese período y por la centralidad que el evento adquirió dentro de la agenda oficial. Políticamente quedó instalada una discusión sobre las prioridades y sobre cuánto de la estructura estatal fue puesto al servicio de Santa Fe 2026.

A ello se sumó otra imagen que dejaron los Juegos: la enorme exposición de funcionarios en redes sociales. Recorridas, fotografías con atletas, videos desde estadios, ceremonias, Fan Fest, inauguraciones y publicaciones personales acompañaron prácticamente cada jornada.

La discusión empieza cuando resulta difícil distinguir la comunicación institucional de la promoción personal. Durante los Juegos algunos funcionarios adquirieron una exposición en redes poco habitual para sus funciones, algo que alimentó cuestionamientos políticos sobre si el evento también fue utilizado como plataforma para construir visibilidad propia.

Determinarlo exige analizar cada caso y no atribuir intenciones sin pruebas. Pero sí queda planteada una pregunta sobre los límites entre comunicar una política pública y utilizar una política pública para posicionar funcionarios.

En ese contexto, el caso Espíndola aporta un elemento mucho más concreto: mientras numerosos integrantes del Gobierno aparecían afectados al acontecimiento, una funcionaria que atravesaba una situación familiar aseguró que necesitaba dos semanas para acompañar a su hijo y terminó renunciando después de que le plantearan una reducción salarial.

¿Espíndola fue la única?

Esa es probablemente la última pregunta que deja el episodio. ¿Fue Marlén Espíndola la única funcionaria que tuvo dificultades para compatibilizar sus obligaciones habituales o familiares con las tareas extraordinarias vinculadas a los Juegos?

Hasta ahora no existe información suficiente para afirmar que hayan existido otros casos semejantes. Tampoco existe un relevamiento público que permita descartarlo. Las versiones hablan de que si habría un par de casos más. 

Sería importante conocer cómo se organizó la afectación extraordinaria de personal político y administrativo durante los quince días de competencia: qué áreas participaron, qué funcionarios fueron destinados a tareas diferentes de las habituales, durante cuánto tiempo y bajo qué régimen.

Espíndola decidió contar su historia. Dijo que necesitaba estar junto a su hijo, que pidió dos semanas, que le plantearon una reducción salarial y que prefirió renunciar.

Después recibió mensajes de dirigentes políticos que la acompañaron. Según contó, algunos llegaron cuando su salida ya había trascendido públicamente. Cuando tuvo que tomar la decisión, en cambio, respondió que ese acompañamiento no estuvo. Ese probablemente sea el aspecto más incómodo del episodio.

Los Juegos Suramericanos fueron presentados por el Gobierno como una demostración de organización, infraestructura y capacidad del Estado santafesino. Pero detrás de cualquier gran organización existen trabajadores y funcionarios con vidas que continúan cuando se apagan las cámaras.

En el caso de Marlén Espíndola, según su propio relato, cuando tuvo que elegir entre las exigencias laborales y acompañar a su hijo, eligió a su hijo.

La pregunta que queda para el Gobierno es por qué esa elección tuvo que terminar en una renuncia.

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