Jorge Zárate y Oscar Blando expusieron ante las comisiones de Presupuesto y Asuntos Constitucionales de Diputados y dejaron advertencias sobre algunos de los puntos más sensibles de la reforma: los elevados umbrales electorales, la intención de reducir la cantidad de boletas únicas y hasta una alternativa que todavía no aparece escrita en ningún proyecto, pero circula por los pasillos legislativos, para habilitar una competencia por la Vicegobernación. Las consultas aportan argumentos técnicos a una discusión trascendente, aunque la definición política continúa concentrada puertas adentro de Unidos, que tiene los votos para imponer su proyecto aun sin acuerdo opositor.
Santa Fe está a pocos días de comenzar a definir las reglas con las que los ciudadanos elegirán autoridades en 2027 y, mientras las negociaciones políticas se aceleran, dos especialistas en derecho electoral y constitucional dejaron una serie de advertencias que deberían ser escuchadas antes de avanzar con modificaciones sustanciales al sistema vigente.
Las comisiones de Presupuesto y Asuntos Constitucionales de la Cámara de Diputados recibieron este miércoles a Jorge Zárate, especialista en derecho electoral, y al constitucionalista Oscar Blando para analizar los diferentes proyectos de reforma que tienen estado parlamentario.
La convocatoria representa una instancia necesaria dentro de una discusión que excede ampliamente los intereses de los partidos políticos.
Porque una ley electoral no debería diseñarse pensando exclusivamente en la próxima elección ni en las conveniencias coyunturales de quienes circunstancialmente tienen mayoría legislativa. Son las reglas mediante las cuales se transforma el voto ciudadano en representación política y, precisamente por eso, requieren estabilidad, transparencia y el mayor consenso posible.
Las exposiciones de Zárate y Blando pusieron el foco sobre algunas cuestiones en las que existen coincidencias, pero especialmente sobre aquellas que todavía dividen al propio oficialismo. Y sus observaciones tocaron puntos neurálgicos de la reforma que negocia Unidos para Cambiar Santa Fe.
Dos coincidencias importantes: PASO y Boleta Única
Uno de los elementos destacados por Blando fue que los diferentes proyectos presentados, más allá de sus procedencias partidarias, mantienen dos características centrales del sistema electoral santafesino.
La primera es la continuidad de las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias como mecanismo para resolver candidaturas. La segunda es la conservación de la Boleta Única de Papel.
Zárate también se manifestó claramente a favor de ambas herramientas. “Soy un defensor de las PASO —que sí necesitan modificaciones— y de la boleta única de papel”, sostuvo el especialista, quien calificó a esta última como “un hallazgo absoluto” por los resultados obtenidos desde su implementación en Santa Fe.
La discusión, por lo tanto, no parece orientada a eliminar esos dos instrumentos. El problema comienza cuando se analiza cómo funcionarán.
Ahí aparecen los umbrales para poder competir, la cantidad de boletas que tendrá el elector frente a sí y las consecuencias que puede generar la agrupación de diferentes categorías.
El primer problema: ¿cuántos votos hay que sacar para seguir compitiendo?
Uno de los principales puntos de controversia es el piso electoral. Los proyectos que se encuentran en discusión plantean alternativas diferentes.
La propuesta radical establece un umbral equivalente al 5% del padrón electoral, mientras el Socialismo propone un 3%. El PRO, en cambio, plantea un 4%, pero introduce una diferencia fundamental: calcula ese porcentaje sobre los votos emitidos y no sobre la totalidad del padrón.
Blando advirtió que algunas de esas alternativas podrían resultar demasiado restrictivas y terminar perjudicando a partidos minoritarios. Su recomendación fue trabajar sobre el universo de votos efectivamente emitidos, estableciendo posteriormente qué porcentaje resulta razonable.
Zárate llegó a una conclusión similar desde otra perspectiva. El especialista explicó que un porcentaje aparentemente moderado puede convertirse en un filtro mucho más alto cuando se lo calcula sobre el padrón total y existe una participación electoral considerablemente menor. “Exigir que superen un piso del 5% o 4% se termina duplicando al 8% o 10% real cuando la participación es de la mitad del padrón”, advirtió. No es un detalle técnico.
Si una elección tuviera, por ejemplo, una participación cercana al 50%, exigir a una fuerza conseguir votos equivalentes al 5% de todo el padrón significaría que, sobre quienes efectivamente fueron a votar, debería alcanzar aproximadamente el 10%.
Ese diseño puede modificar considerablemente las posibilidades de las fuerzas más pequeñas para atravesar las PASO. Y allí aparece una de las preguntas políticas centrales de la reforma: ¿se busca ordenar el sistema electoral o elevar las barreras de entrada para reducir la cantidad de competidores?
El segundo umbral y el acceso a la representación
La discusión se vuelve todavía más relevante porque los proyectos no se limitan necesariamente al piso necesario para superar una primaria. También existe el debate sobre los requisitos posteriores para acceder a lugares en las listas definitivas y, finalmente, a la representación. Por eso los porcentajes no pueden analizarse aisladamente.
Un Código Electoral debe encontrar un equilibrio entre evitar una fragmentación extrema del sistema político y garantizar que las minorías con respaldo ciudadano suficiente puedan participar y conseguir representación.
Subir excesivamente las barreras puede simplificar la oferta electoral, pero también concentrar la competencia en las estructuras partidarias más grandes.
Precisamente allí las advertencias de los especialistas deberían ocupar un lugar central antes de que aparezca el texto definitivo.
Cinco, tres o dos: la batalla por las boletas
El segundo gran punto de discusión parece mucho más sencillo, pero puede tener consecuencias políticas profundas. ¿Cuántas boletas únicas debe recibir un santafesino cuando ingresa al cuarto de votación?
El sistema vigente separa las categorías y utiliza una boleta para cada una.
Blando se mostró partidario de conservar ese esquema de cinco cuerpos, posición que coincide con la propuesta socialista.
El radicalismo, en cambio, pretende reducirlos a dos. Una boleta agruparía las categorías provinciales —Gobernador, Diputados y Senador— y otra concentraría las municipales o locales —Intendente y Concejales—.
En medio de ambas posiciones aparece una alternativa de negociación dentro de Unidos: llegar a tres boletas. Pero tampoco esa posibilidad convenció a Blando.
Zárate advierte sobre el regreso del “arrastre”
La observación de Jorge Zárate sobre este punto agrega una dimensión especialmente interesante.
Para el especialista, votar las categorías de manera independiente constituye una de las fortalezas que consiguió Santa Fe con su sistema electoral. “La facilidad que le ha representado al elector santafesino el tema de votar por categorías no tiene precio”, afirmó.
Agrupar categorías no constituye solamente una modificación estética de la boleta. Según Zárate, puede generar una mayor tendencia al arrastre electoral. Es decir, que la fortaleza electoral de un candidato de una categoría termine trasladándose sobre quienes aparecen asociados con él en otras.
Eso implicaría modificar parcialmente una de las características distintivas que tuvo la Boleta Única santafesina: permitir que el ciudadano construya su voto categoría por categoría con relativa independencia.
También aparece otro problema. Si en las PASO se utiliza una metodología y en las elecciones generales otra diferente, podría generarse confusión entre los electores.
Zárate recordó en ese sentido que la jurisprudencia electoral promueve sistemas simples, eficientes y transparentes. Por eso su posición es conservar la lógica que los santafesinos ya conocen.
Gobernabilidad sin necesidad de pegar las categorías
Blando agregó otro argumento. Santa Fe ya atravesó períodos en los que un gobernador pertenecía a una fuerza política mientras las mayorías legislativas respondían a otra, sin que eso imposibilitara la gobernabilidad.
La observación cuestiona indirectamente uno de los argumentos que pueden utilizarse para justificar la agrupación de categorías.
Si el sistema vigente permite al elector diferenciar su voto y las instituciones demostraron que pueden funcionar aun cuando ese voto produce gobiernos sin mayorías automáticas, ¿por qué modificarlo?
La pregunta cobra todavía mayor relevancia después de la reforma constitucional, que modificó precisamente aspectos de la representación política provincial.
El cambio que nadie escribió pero todos comentan
Hay además una discusión mucho más particular. No figura, al menos hasta ahora, en los proyectos conocidos.
Sin embargo, circula en los pasillos de la Legislatura y la Casa Gris: habilitar una suerte de interna por la candidatura a vicegobernador dentro de una misma fuerza política.
El mecanismo que se comenta permitiría que un mismo candidato a gobernador pudiera presentarse acompañado por diferentes postulantes a vicegobernador en las PASO. Las fórmulas competirían entre sí y sus votos no serían acumulativos.
La hipótesis tiene una lectura política evidente en momentos en que los principales socios de Unidos —UCR y Socialismo— comienzan a pensar cómo distribuir espacios dentro de la coalición de cara a 2027. Pero antes de analizar su conveniencia política aparece un problema bastante más importante: su constitucionalidad.
Blando advirtió que una alternativa de esas características podría significar una interpretación forzada de la nueva Constitución santafesina. Y esa advertencia adquiere especial relevancia.
Las necesidades de convivencia de una coalición electoral no deberían terminar obligando a moldear el Código Electoral alrededor de una eventual interna entre dirigentes.
Especialistas invitados, pero las decisiones siguen dentro de Unidos
La presencia de Zárate y Blando constituye un aporte importante. Son especialistas consultados habitualmente en materia electoral y constitucional y sus opiniones permiten incorporar elementos técnicos a una discusión atravesada inevitablemente por intereses políticos.
Pero existe otra cuestión que no debería pasar inadvertida. Hasta ahora, las grandes definiciones sobre el futuro Código Electoral se están resolviendo fundamentalmente dentro de Unidos para Cambiar Santa Fe.
Radicales, socialistas y dirigentes de los demás espacios que integran la coalición negocian pisos, boletas y mecanismos electorales antes de llevar una propuesta común al resto de las fuerzas.
Después llegará la búsqueda de consensos. Y si aparecen, mejor.
El problema institucional surge si esa búsqueda se convierte únicamente en una formalidad porque el oficialismo dispone por sí mismo de los votos necesarios para aprobar su proyecto. Escuchar especialistas es saludable. Convocar reuniones de comisión también.
Pero una reforma que definirá las reglas de juego de oficialistas, opositores y ciudadanos durante los próximos procesos electorales merece algo más que una serie de consultas utilizadas para legitimar una decisión previamente acordada.
Una discusión pública que debería ser realmente pública
Hay además un aspecto que merece atención: el acceso público a estas discusiones.
Si se convoca a especialistas para analizar cuestiones tan relevantes como los umbrales electorales, el sistema de representación, la cantidad de boletas o una posible modificación en la conformación de las fórmulas ejecutivas, resulta razonable que esas exposiciones tengan la mayor publicidad posible.
No solamente para los legisladores. También para periodistas, universidades, partidos políticos, organizaciones civiles y cualquier ciudadano interesado en conocer por qué se pretende modificar el sistema mediante el cual elegirá a sus representantes. La transparencia de una reforma electoral no comienza el día de la elección. Comienza cuando se escriben sus reglas.
El reloj político ya corre
Los tiempos serán extremadamente rápidos. El oficialismo pretende alcanzar un texto consensuado para llevarlo al recinto de Diputados y avanzar luego con su tratamiento en el Senado. Por eso, lo ocurrido con Zárate y Blando puede convertirse en algo más que una reunión de comisión.
Los dos especialistas marcaron advertencias concretas: cuidado con establecer pisos que terminen excluyendo minorías; cuidado con modificar un sistema de boletas que funciona y puede aumentar el arrastre electoral; cuidado con cambiar las reglas entre las PASO y las generales; y especial prudencia ante cualquier intento de introducir mecanismos para la Vicegobernación que puedan forzar la interpretación constitucional.
Ahora la pelota vuelve a quedar del lado de la política. Unidos tiene la mayoría para imponer las reglas. También tiene la oportunidad de hacer algo institucionalmente más valioso: construirlas con quienes mañana deberán competir bajo ellas. Porque una buena reforma electoral no debería medirse por cuánto beneficia al oficialismo que consigue aprobarla.
Debería medirse por algo bastante más difícil: que quienes ganen y quienes pierdan las próximas elecciones puedan reconocer que compitieron bajo reglas claras, razonables y democráticamente construidas.










