29/09/2026 5:36 pm

Rosario será capital del vecinalismo en una ciudad que debe volver a escuchar sus barrios

El Congreso Nacional se realizará el 13, 14 y 15 de noviembre. Para Germán Gago, el encuentro llega en un momento clave para volver a discutir la participación real de los vecinos en las decisiones públicas.

Después de más de dos décadas, Rosario volverá a ser sede del Congreso Nacional de Entidades Vecinales. Será el 13, 14 y 15 de noviembre y reunirá a representantes de todo el país para intercambiar experiencias, discutir problemáticas y construir herramientas de trabajo territorial. Germán Gago, referente de la Casa del Vecinalista Rosario y presidente de la Vecinal 22 de Julio de Tablada, adelantó algunos detalles del encuentro y dejó planteada una discusión que excede al Congreso: cuánto lugar tienen realmente los vecinos en las decisiones que transforman sus propios barrios.

Rosario será durante tres días la capital nacional del vecinalismo. Después de más de 20 años, la ciudad volverá a recibir un Congreso Nacional de Entidades Vecinales, un encuentro que reunirá a organizaciones y dirigentes barriales provenientes de diferentes puntos del país para compartir experiencias, debatir problemas comunes y pensar herramientas que puedan trasladarse después a cada territorio.

El encuentro se realizará el 13, 14 y 15 de noviembre de 2026 y formalmente será el 31° Congreso Nacional y 21° Congreso Internacional de Entidades Vecinales. Su realización en Rosario llegó incluso al Congreso de la Nación, donde se presentó un proyecto para declararlo de interés de la Cámara de Diputados.

La dimensión institucional del encuentro es importante, pero su realización adquiere además un significado particular por la ciudad elegida como sede. Rosario tiene una extensa tradición de organizaciones barriales y mecanismos de participación ciudadana. La propia Municipalidad define oficialmente a las asociaciones vecinales como uno de los espacios de participación territorial de mayor relevancia y mantiene instrumentos como el Presupuesto Participativo.

Sin embargo, esa estructura formal de participación convive actualmente con discusiones concretas sobre cuánto inciden efectivamente los vecinos cuando el poder político toma algunas de las grandes decisiones de la ciudad. Y allí aparece la importancia del Congreso.

“Después de 20 y pico de años vuelve un Congreso Nacional a Rosario”

Germán Gago, presidente de la Vecinal 22 de Julio de barrio Tablada y coordinador general de la Casa del Vecinalista Rosario, contó que conseguir nuevamente la sede fue el resultado de un trabajo que lleva años. “Tenemos la suerte de haber conseguido, con el trabajo de los compañeros que ya hace años están en todo esto, que después de 20 y pico de años vuelva un Congreso Nacional a Rosario”, explicó.

Gago reconoció además la complejidad que supone reunir al movimiento vecinalista. Si en Rosario existen alrededor de un centenar de organizaciones con miradas, experiencias y realidades diferentes, alcanzar acuerdos a escala nacional implica un desafío todavía mayor.

Por eso el encuentro no estará pensado solamente como una sucesión de discursos institucionales. Una parte importante de las actividades se organizará mediante talleres destinados a trabajar sobre problemáticas comunes y permitir que quienes lleguen desde diferentes provincias regresen a sus ciudades con herramientas aplicables a sus propios barrios.

“Vamos a hacer talleres donde la gente se nutra y se lleve para su lugar posibles herramientas para trabajar las problemáticas”, adelantó Gago.

Ese intercambio puede resultar especialmente valioso en un momento en el que las organizaciones territoriales vuelven a absorber demandas que exceden largamente el arreglo de una calle, una luminaria o una plaza.

Cuando las vecinales tienen más trabajo, algo está pasando abajo

Gago utilizó una definición sencilla para describir la situación que atraviesan actualmente muchos barrios: cuando aumenta el trabajo dentro de una vecinal, generalmente es porque afuera están creciendo las necesidades.

Las organizaciones reciben reclamos, gestionan ante diferentes niveles del Estado e intentan encontrar respuestas para problemas que llegan directamente desde los vecinos. En muchos casos, además, quienes realizan esa tarea lo hacen de manera voluntaria y sin remuneración.

“Gestionar, gestionar, gestionar, no cansarse de gestionar a pesar de que muchas veces las puertas no se abren”, describió Gago. Según explicó, un vecinalista no debería gestionar por un interés personal sino trasladar hacia el Estado las necesidades que recibe diariamente en el territorio. “Nosotros somos un fusible”, graficó.

El planteo permite comprender por qué un Congreso de estas características no debería quedar reducido a una actividad sectorial. Las vecinales son, en muchos barrios, uno de los primeros lugares donde aparecen problemas que posteriormente llegan a la agenda política.

La inseguridad, las dificultades económicas, el acceso a servicios, el estado de los espacios públicos, el agua, el transporte, la infraestructura y las situaciones de vulnerabilidad se detectan en el territorio mucho antes de transformarse en estadísticas o expedientes.

Rosario y una contradicción: promover participación y discutir después cuánto se escucha

Rosario conserva instrumentos institucionales de participación que sería incorrecto desconocer. El Presupuesto Participativo continúa funcionando y la Municipalidad asegura haber desarrollado durante 2026 encuentros, operativos territoriales y mecanismos de “escucha activa” para incorporar demandas vecinales a diferentes proyectos.

La discusión, entonces, no pasa por afirmar que no exista participación ciudadana. La pregunta es otra: ¿qué ocurre cuando la opinión de los vecinos contradice una decisión política ya tomada?.

Uno de los ejemplos más visibles durante 2026 fue el Parque Acuático proyectado en la zona de La Florida. Vecinos, organizaciones ambientales, pescadores y agrupaciones vinculadas a la costa cuestionaron principalmente la localización del emprendimiento y reclamaron mayor información y participación. El conflicto llegó al Concejo Municipal y también a la Justicia.

Gago utilizó precisamente ese caso durante la entrevista para explicar su mirada. Según planteó, el cuestionamiento de una parte de los vecinos no estaba dirigido necesariamente contra la existencia de un parque acuático, sino contra su emplazamiento en uno de los sectores de acceso público al río. “No era que la gente decía: ‘No quiero el parque acuático’. No lo quiero en ese lugar”, resumió.

La controversia expone una tensión que puede repetirse en cualquier gestión: escuchar al vecino no significa solamente habilitar mecanismos para que participe, sino determinar qué incidencia tendrá esa opinión cuando entra en conflicto con el proyecto que pretende ejecutar el Gobierno.

“No hay transformación de una ciudad sin los vecinos”

La definición más contundente que dejó Gago durante la entrevista fue precisamente sobre esa relación entre política y territorio. “No hay transformación de una ciudad sin los vecinos. Quien piensa eso se equivoca”, sostuvo.

Su cuestionamiento apunta a las políticas diseñadas exclusivamente “desde un escritorio”, sin suficiente conocimiento de las necesidades territoriales. Para el vecinalista, escuchar no implica que el Estado deba aceptar automáticamente cada reclamo, sino generar ámbitos donde ambas partes puedan explicar sus posiciones, discutirlas y eventualmente modificar las propuestas originales. “Podemos hablar, podemos debatir y podemos llegar a algo mucho más amplio de lo que se tenía tanto de un lado como del otro”, explicó.

La distinción es importante. La participación vecinal no supone reemplazar al intendente, al Concejo Municipal ni a los funcionarios elegidos o designados para tomar decisiones. Significa incorporar el conocimiento de quienes viven diariamente las consecuencias de esas decisiones.

Una obra puede resultar técnicamente correcta y, al mismo tiempo, no responder a las prioridades de quienes habitan el lugar donde será ejecutada. Para Gago, cuando eso ocurre existe el riesgo de invertir recursos públicos sin conseguir la apropiación social necesaria.

Las dos Rosario

La discusión se profundiza cuando se observa cómo se distribuyen las inversiones dentro de la ciudad.

Gago describió una Rosario en la que persisten importantes diferencias entre el centro, el macrocentro y numerosos barrios periféricos. Su planteo no consiste en cuestionar que se realicen obras en las áreas centrales, sino en reclamar mayor equilibrio territorial.

Durante la entrevista puso como ejemplo los problemas de presión de agua existentes en sectores del sur y oeste y los contrapuso con otras inversiones urbanas. Para el dirigente vecinal, la distribución presupuestaria expresa prioridades políticas y determina qué problemas se resuelven primero. “Son decisiones políticas. Decisiones de dónde vas a gastar la plata”, afirmó.

Su preocupación es que esas diferencias terminen profundizando una ciudad partida territorialmente, con sectores preparados para mostrarse hacia afuera y otros en los que persisten problemas estructurales.

Gago sostuvo que Rosario necesita prestar mayor atención a sus barrios para evitar esa fragmentación. “Si se presta más atención a los barrios, vamos a tener una ciudad mucho más equilibrada”, señaló.

El potencial que también existe lejos del centro

La mirada territorial no se limita a señalar carencias.

Gago puso como ejemplo el potencial del Saladillo y del Parque Regional Sur. Desde su perspectiva, Rosario podría aprovechar mucho más esos espacios, generar nuevos atractivos turísticos y descentralizar actividades que suelen concentrarse en otras zonas.

La propuesta que mencionó durante la entrevista fue pensar el Parque Regional Sur incluso como un espacio que pudiera incorporar infraestructura para camping y articularse después con circuitos turísticos hacia otros lugares de Rosario.

Su razonamiento es que desarrollar los barrios no significa solamente llevar asistencia o solucionar emergencias. También supone detectar oportunidades económicas, turísticas, culturales y productivas que pueden modificar la realidad de un territorio.

El ejemplo del City Center en la zona sur fue utilizado para demostrar que inversiones importantes también pueden desarrollarse fuera de los lugares tradicionales de concentración urbana y producir transformaciones en su entorno.

Vecinales sin disciplinamiento político

Otro de los debates planteados por Gago fue la relación entre las organizaciones barriales y los gobiernos.

El dirigente reconoció que existen vecinales identificadas con diferentes sectores políticos y rechazó que todas las organizaciones funcionen de la misma manera. Pero también describió situaciones en las que la posibilidad de conseguir respuestas del Estado puede terminar condicionada por el vínculo político que cada organización mantiene con la administración de turno.

Para Gago, allí existe un problema de fondo. Una vecinal debería poder cuestionar a un gobierno sin que eso signifique perder capacidad de gestión para su barrio.

Según relató, quienes trabajan ad honorem dentro de esas instituciones enfrentan además la presión de los propios vecinos: si reclaman y no consiguen soluciones, comienza a ponerse en duda para qué sirve la organización. Esa situación puede empujar a algunos dirigentes a buscar cercanía política simplemente para conseguir respuestas.

“Si tu necesidad fundamental en el barrio es tener una asistencia alimentaria y vos no la podés conseguir de ninguna manera porque sos crítico al gobierno de turno, se te complica un montón”, sostuvo. Se trata de la descripción y valoración de Gago sobre el funcionamiento político territorial, no de una constatación generalizable a todas las vecinales o áreas municipales.

El desafío es precisamente evitar que la participación se convierta en dependencia y que la necesidad determine la adhesión política.

Rosario será observada por el vecinalismo de todo el país

En ese contexto llegará noviembre.

Durante tres días, vecinalistas de diferentes provincias desembarcarán en Rosario con realidades probablemente muy distintas, pero con una característica compartida: todos trabajan en el nivel donde la política deja de ser una discusión abstracta y comienza a convertirse en una calle sin pavimentar, una plaza abandonada, una escuela con dificultades, una luminaria que falta, un problema de seguridad o una familia que necesita asistencia.

Rosario tendrá además una oportunidad particular. Mientras recibe experiencias provenientes de todo el país, podrá discutir también su propia relación entre poder político y participación ciudadana.

La ciudad cuenta con vecinales, Presupuesto Participativo, mecanismos institucionales y una extensa historia de participación territorial. Al mismo tiempo, casos recientes como el debate por el Parque Acuático muestran que existen controversias concretas acerca de cuánto pesa la opinión ciudadana cuando contradice decisiones gubernamentales.

Por eso el Congreso puede ser bastante más que un encuentro de organizaciones.

Puede transformarse en una oportunidad para recuperar una idea elemental que Gago resumió: la ciudad no se transforma solamente desde los despachos municipales ni exclusivamente desde las organizaciones barriales. Necesita de ambos.

Las políticas públicas requieren planificación, presupuesto y decisiones gubernamentales, pero los barrios aportan algo que ningún escritorio puede reemplazar: el conocimiento cotidiano del territorio. Y si algo puede dejar el regreso de un Congreso Nacional de Vecinales a Rosario después de más de dos décadas es precisamente esa discusión: las ciudades pueden diseñarse desde arriba, pero difícilmente puedan transformarse de espaldas a quienes las viven todos los días.

 

Facundo Acosta

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