El Gran Rosario alcanzó una desocupación del 11,5% durante el segundo trimestre de 2026, la más alta entre los 31 aglomerados urbanos relevados por el INDEC. El informe del CEPA aporta un dato todavía más preocupante: el salto no se explica principalmente porque más personas salieron a buscar trabajo, sino por la pérdida de unos 22.000 puestos en apenas un año. Mientras la economía cotidiana muestra esas señales de deterioro, la política provincial y municipal concentra buena parte de su agenda pública en obras, grandes eventos y en un escenario electoral que comienza a asomar.
Rosario tiene por estos días dos fotografías que conviven en la misma ciudad. Una es la de los Juegos Suramericanos, los nuevos escenarios deportivos, el Fan Fest, las multitudes y una infraestructura que quedará como patrimonio después de la competencia. El Gobierno provincial sostiene que el evento superó sus expectativas y destacó la masiva participación registrada desde su inauguración.
La otra fotografía es mucho menos celebratoria. El Gran Rosario terminó el segundo trimestre de 2026 con una tasa de desocupación del 11,5%, contra el 7,7% del mismo período de 2025. Son 3,8 puntos porcentuales más en un año y el registro más elevado de los 31 aglomerados urbanos medidos por la Encuesta Permanente de Hogares. Detrás aparecen Gran Córdoba con 10,5%, Mar del Plata con 9,9% y Bahía Blanca-Cerri con 9,7%. El promedio de los aglomerados relevados fue 7,9%.
No se trata simplemente de una estadística para completar una planilla. Según las estimaciones presentadas por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), alrededor de 83.000 personas estaban desocupadas en el Gran Rosario, unas 28.000 más que un año atrás.
El dato más preocupante: se destruyeron puestos de trabajo
La explicación del aumento permite comprender mejor la dimensión del problema. Una tasa de desempleo puede crecer porque más personas deciden incorporarse al mercado laboral y salen a buscar trabajo, aun cuando la cantidad de puestos se mantenga. Pero eso no es lo que ocurrió principalmente en Rosario.
La tasa de actividad prácticamente no se movió: pasó de 52,8% a 53%. La tasa de empleo, en cambio, retrocedió del 48,8% al 46,9%. Traducido a personas, el CEPA estima que la cantidad de ocupados pasó de aproximadamente 663.000 a 641.000. Son alrededor de 22.000 puestos de trabajo menos en doce meses. El informe calcula que 3,6 de los 3,8 puntos que aumentó la desocupación pueden explicarse por esa caída del empleo.
La diferencia con el comportamiento agregado de los 31 aglomerados es significativa. Mientras allí el empleo creció en alrededor de 265.000 ocupados, el Gran Rosario perdió puestos. Y la presión laboral es todavía mayor cuando se incorporan quienes tienen empleo pero buscan otro: el CEPA estima 182.000 personas demandando trabajo entre desocupados y ocupados que buscan una alternativa.
Ese es probablemente el dato que debería ocupar buena parte de la discusión pública rosarina. Porque detrás de cada punto porcentual aparecen hogares que perdieron un ingreso, trabajadores que buscan reinsertarse y una economía urbana que comienza a sentir el efecto multiplicador de tener menos dinero circulando.
La industria ayuda a explicar por qué Santa Fe lo siente más
El deterioro tampoco aparece aislado del comportamiento productivo. El informe del CEPA advierte que durante el segundo trimestre de 2026 la economía nacional creció 2% interanual, pero con diferencias profundas entre actividades. La industria manufacturera cayó 2,1% y acumuló cuatro trimestres consecutivos de retroceso. Frente al segundo trimestre de 2023, la contracción acumulada alcanza el 12,7%. Comercio permaneció sin variaciones y construcción apenas avanzó 0,2%, mientras el crecimiento estuvo impulsado por actividades como agro, minería, pesca e intermediación financiera.
Eso tiene una incidencia particular en Santa Fe porque la industria manufacturera representa aproximadamente el 21% del empleo registrado provincial, con 126.251 trabajadores a junio de este año. Entre noviembre de 2023 y junio de 2026, el empleo registrado santafesino cayó 3,2%, pero en la industria manufacturera el retroceso llegó al 8,4%.
El propio informe introduce, sin embargo, una precaución metodológica importante: la EPH no permite determinar qué sectores explican específicamente la totalidad de los puestos perdidos dentro del Gran Rosario. Por eso no corresponde atribuir los 22.000 empleos menos exclusivamente a la industria. Lo que sí puede señalarse es que uno de los sectores de mayor peso laboral en Santa Fe atraviesa una contracción pronunciada y que Rosario y Córdoba, dos grandes aglomerados industriales de la región pampeana, encabezan el desempleo nacional.
Rosario no está sola: Santa Fe también quedó por encima del promedio
El problema tampoco termina en Rosario. El Gran Santa Fe registró una desocupación del 8,6%, contra 5,5% un año antes. En este caso la explicación es diferente: el empleo se mantuvo prácticamente estable y aumentó la cantidad de personas que ingresaron al mercado laboral buscando una oportunidad. Por primera vez desde 2020, según el CEPA, los dos grandes aglomerados santafesinos quedaron simultáneamente por encima del promedio nacional durante un segundo trimestre.
La región pampeana completa el cuadro. Su desocupación alcanzó el 9,7%, el nivel regional más alto del país y 2,3 puntos superior al de un año atrás. Los cuatro aglomerados con mayor desempleo —Rosario, Córdoba, Mar del Plata y Bahía Blanca-Cerri— pertenecen precisamente a esa región.
Es decir, sería incorrecto presentar el 11,5% rosarino como un fenómeno exclusivamente atribuible a decisiones municipales o provinciales. Los datos muestran una dinámica regional y productiva más amplia, atravesada también por la política económica nacional. Pero esa aclaración tampoco exime a los gobiernos provincial y municipal de discutir qué herramientas propias pueden utilizar frente a sus consecuencias.
Pullaro: críticas en los discursos y señales de acercamiento a Milei
El dato del desempleo también interpela al Gobierno provincial. Maximiliano Pullaro viene cuestionando aspectos del modelo económico nacional.
Pero esas críticas conviven con una relación política con Javier Milei en la que Pullaro mantiene abiertos los puentes y acumula coincidencias puntuales. Esa combinación es cuestionada por sectores opositores que consideran insuficiente su confrontación con la Casa Rosada. El contraste adquiere otra dimensión cuando se observa lo que sucede en Rosario: mientras el gobernador reivindica públicamente la generación de empleo como una de las prioridades de su administración, el principal aglomerado de la provincia acaba de alcanzar la tasa de desocupación más alta del país. El propio CEPA señala que el Gran Rosario perdió aproximadamente 22.000 ocupados en apenas un año.
Pullaro sostiene que Santa Fe desarrolla políticas contracíclicas, financiamiento, alivio tributario, infraestructura y programas destinados a defender la producción y el empleo. Esas herramientas existen y deben formar parte del análisis. Pero el resultado laboral obliga a discutir también su alcance: si el gobernador afirma que “gobernar es generar empleo”, el 11,5% de desocupación en el Gran Rosario constituye un indicador que su gestión no puede explicar únicamente señalando las decisiones de Nación.
El desafío para la Casa Gris es, entonces, doble. Puede responsabilizar al modelo económico nacional por medidas que considera perjudiciales para la matriz productiva santafesina y, al mismo tiempo, debe responder qué está haciendo —y qué más puede hacer— para amortiguar sus consecuencias. Porque mantener una relación institucional con el Presidente es una obligación de cualquier gobernador; el debate político comienza cuando esa convivencia no se traduce en resultados suficientes para proteger el empleo de una provincia industrial y solo se lo ve en clave politica.
Javkin tampoco puede mirar para otro lado
Pero si el número compromete políticamente a Nación y obliga a responder a la Provincia, también coloca a Pablo Javkin frente a una responsabilidad que no puede esquivar. El 11,5% corresponde al Gran Rosario y no exclusivamente al municipio, y buena parte de las variables macroeconómicas que determinan la creación o destrucción de empleo están fuera de las atribuciones de un intendente. Esa precisión es necesaria. Utilizarla para sacar al gobierno municipal de la discusión sería otra cosa.
Javkin gobierna Rosario desde diciembre de 2019. Después de casi siete años al frente de la ciudad, su administración también debe rendir cuentas sobre qué modelo de desarrollo económico construyó, qué condiciones generó para atraer inversiones productivas, cómo acompañó a las pequeñas y medianas empresas y qué políticas locales impulsó para ampliar las oportunidades laborales. La Municipalidad posee incluso una Secretaría de Desarrollo Económico y Empleo; por lo tanto, el trabajo no es una cuestión completamente ajena a sus responsabilidades institucionales.
El dato conocido ahora obliga a revisar prioridades. Rosario atraviesa una etapa en la que la gestión municipal ha colocado buena parte de su capital político en las grandes intervenciones urbanas, la transformación del espacio público y proyectos que Javkin presenta como parte de una nueva ciudad. Las obras pueden ser necesarias, generar actividad y dejar infraestructura. Pero ninguna postal urbana puede ocultar que 83.000 personas del Gran Rosario estaban desocupadas en el segundo trimestre y que se perdieron alrededor de 22.000 ocupados respecto de un año atrás.
La discusión, entonces, no debería ser obras sí u obras no. La pregunta es qué lugar ocupa el empleo entre las prioridades de una administración municipal que lleva casi siete años gobernando Rosario. Porque una ciudad no se transforma solamente modificando su espacio público, organizando grandes acontecimientos o inaugurando infraestructura. También se transforma cuando logra generar condiciones para que sus habitantes puedan trabajar, producir, invertir y sostener sus ingresos.
Y allí el 11,5% deja de ser solamente una estadística del INDEC para convertirse también en un problema político para el Palacio de los Leones. Javkin no tiene las herramientas monetarias, cambiarias, laborales o fiscales de la Nación, ni los recursos y competencias de la Provincia. Pero tampoco es un espectador. Es el intendente de la ciudad cabecera del aglomerado que hoy registra la mayor desocupación del país.
Con 2027 cada vez más presente en las conversaciones políticas, el oficialismo rosarino tendrá que explicar no solamente qué ciudad construyó físicamente durante estos años, sino qué ciudad productiva y laboral deja después de dos mandatos de Javkin. Y ese balance, a diferencia de una obra terminada o de una inauguración, se mide también en una cifra mucho más incómoda: cuántos rosarinos encuentran trabajo y cuántos dejaron de tenerlo.
2027 ya aparece, pero 2026 todavía exige respuestas
El calendario político agrega otro elemento. Pullaro transita la segunda mitad de su mandato con la posibilidad constitucional de competir nuevamente por la Gobernación, mientras Javkin ocupa su segundo período consecutivo al frente del municipio, correspondiente a 2023-2027. Las discusiones sobre alianzas, candidaturas y estrategias para el próximo turno electoral comienzan inevitablemente a formar parte de las decisiones de los espacios políticos.
Pero el mercado laboral acaba de colocar sobre la mesa una urgencia que pertenece al presente.
11,5% de desocupación. 83.000 personas sin trabajo. 28.000 desocupados más que hace un año. 22.000 ocupados menos. Son estimaciones de una encuesta y, como recuerda el propio informe, están sujetas a márgenes de error; además corresponden al Gran Rosario, no exclusivamente al municipio rosarino. Aun con esas precisiones metodológicas, la magnitud y la variación interanual muestran un deterioro que no puede quedar reducido a una disputa estadística.
Rosario puede discutir sus grandes obras, celebrar los Juegos Suramericanos y comenzar a imaginar su mapa político de 2027. Santa Fe puede reclamarle cambios al Gobierno nacional y al mismo tiempo mantener canales de negociación con Javier Milei. Todas esas discusiones forman parte de la política.
Pero hay otra, mucho más inmediata, que los números acaban de poner delante de todos: cómo vuelve a generar trabajo una de las regiones productivas más importantes del país.





