No fue un jueves más en el Senado santafesino. Una sesión que estuvo atravesada por siete ausencias y que por momentos obligó al oficialismo a contar legisladores para no perder el cuórum terminó desatando el enojo de Felipe Michlig. El presidente provisional de la Cámara alta apuntó especialmente hacia sus propios compañeros de Unidos y después trasladó el reclamo hacia Diputados, donde exigió acelerar las reformas de seguridad enviadas por Maximiliano Pullaro. Todo ocurrió mientras el Senado daba media sanción a una importante reforma sobre violencia de género que ahora pasará a la Cámara baja y podría recibir nuevas modificaciones. El episodio encuentra a uno de los principales constructores políticos del oficialismo después de un año atravesado por tensiones internas y cuando comienzan a acercarse nuevas definiciones dentro de la coalición.
Algo no funcionó como habitualmente ocurre este jueves en la Cámara de Senadores de Santa Fe.
La actividad legislativa de la semana estuvo atravesada por dudas alrededor de la realización de la sesión y varios integrantes del cuerpo habían organizado sus agendas territoriales. Finalmente hubo sesión. Y cuando llegó el momento de ocupar las bancas, siete de los 19 senadores no estaban presentes.
Las ausencias fueron justificadas, pero eso no alcanzó para evitar el enojo de Felipe Michlig.
De acuerdo con el registro difundido después de la sesión, faltaron cuatro integrantes de Unidos para Cambiar Santa Fe: Julio “Paco” Garibaldi, Orfilio Marcón, Esteban Baumgartner y Germán Giacomino. Por el justicialismo no estuvieron Armando Traferri, Osvaldo Sosa y Eduardo Rosconi.
El dato político que encendió a Michlig estaba dentro de su propia coalición.
Unidos tiene 14 de los 19 senadores. Es decir, prácticamente tres de cada cuatro bancas de la Cámara alta pertenecen al oficialismo. Con semejante mayoría, depender de la presencia opositora para sostener cómodamente una sesión previamente acordada resultó difícil de digerir para quien conduce políticamente el cuerpo. Y Michlig decidió decirlo públicamente.
“Dos veces en el mes solamente sesionamos”
El senador por San Cristóbal tomó la palabra y dejó de lado cualquier intento por disimular el fastidio.
Recordó que Unidos posee casi el 74% de la Cámara y planteó que la responsabilidad primaria de garantizar el cuórum para tratar los proyectos enviados por el Poder Ejecutivo corresponde justamente al oficialismo.
“No podemos terminar una sesión a las apuradas, contando cuántos somos para tener el cuórum”, cuestionó. Pero después fue todavía más directo con sus compañeros. “Dos veces en el mes solamente sesionamos”, recordó Michlig antes de remarcar que los legisladores deben estar en el recinto y en la ciudad de Santa Fe para cumplir con su función parlamentaria.
La frase tiene además una particularidad institucional. El reglamento establece sesiones los jueves, pero existe un acuerdo político mediante el cual la Cámara alta concentra habitualmente su actividad de recinto cada quince días. Es precisamente esa frecuencia la que Michlig utilizó para reforzar su reproche: si el Senado sesiona dos veces por mes, entiende que sus integrantes deben acomodar sus agendas para garantizar la presencia.
El mensaje tuvo un destinatario general, pero una dirección política evidente. Michlig estaba hablando fundamentalmente hacia adentro de Unidos.
Una mayoría que no debería contar votos para tener cuórum
Ese probablemente haya sido el elemento que más molestó al presidente provisional.
Una cosa es tener dificultades para conseguir cuórum cuando las fuerzas están equilibradas. Otra muy diferente es que suceda cuando el oficialismo controla 14 de las 19 bancas.
La propia sesión terminó dependiendo también de la presencia de senadores opositores. El proyecto central de la jornada consiguió finalmente unanimidad, pero Michlig dejó claro que no pretende que esa situación vuelva a repetirse.
No cuestionó que los senadores recorran sus departamentos. De hecho, reconoció esa tarea territorial. Lo que planteó fue que una responsabilidad no puede reemplazar a la otra.
Los senadores representan territorialmente a cada uno de los 19 departamentos de Santa Fe, pero además tienen una función legislativa que se ejerce dentro del recinto.
Ese jueves, para Michlig, algunos no cumplieron suficientemente con esa segunda parte.
Y decidió pasarles factura públicamente.
Del enojo con el Senado al mensaje para Diputados
Pero la intervención de Michlig no terminó allí.
Después de mirar hacia sus propias bancas, giró políticamente hacia la otra Cámara. Y el tono no disminuyó.
El dirigente radical reclamó que Diputados acelere el tratamiento de los proyectos de seguridad impulsados por el Gobierno de Maximiliano Pullaro que todavía permanecen pendientes.
Incluso apuntó, aunque sin mencionarla inicialmente por su nombre, hacia la diputada socialista Lionella Cattalini, presidenta de una de las comisiones por las que atraviesa parte de esa discusión.
“Que se pongan en Diputados a aprobar proyectos que hace cinco meses entraron y todavía no tienen aprobación”, reclamó.
No fue una frase menor. Porque Cattalini pertenece al Partido Socialista y, por lo tanto, forma parte de la misma coalición que gobierna Santa Fe.
Lo que ocurrió en el Senado terminó entonces mostrando dos reclamos internos diferentes.
Primero Michlig pidió responsabilidad a los senadores de Unidos para garantizar el funcionamiento de la Cámara alta.
Después reclamó velocidad a los diputados —también con destinatarios dentro de Unidos— para acompañar las herramientas de seguridad que solicita Pullaro.
Una suerte de llamado al orden de uno de los dirigentes con mayor peso dentro del oficialismo provincial.
Michlig y un año que estuvo lejos de ser tranquilo
La escena tampoco puede analizarse aisladamente de lo que atravesó Michlig durante 2026.
El presidente provisional del Senado protagonizó en abril uno de los momentos de mayor tensión interna que tuvo Unidos desde que llegó al Gobierno.
El conflicto comenzó por la continuidad de obras de viviendas en el departamento San Cristóbal. Michlig cuestionó públicamente al Ministerio de Obras Públicas por el criterio utilizado para distribuir recursos y llegó a presentar un pedido de informes contra la cartera conducida entonces por Lisandro Enrico.
La discusión escaló cuando Leticia Di Gregorio, senadora por General López y dirigente políticamente vinculada a Enrico, salió en defensa del ministro dentro del propio recinto.
Michlig respondió recordando incluso que el Senado había autorizado originalmente la licencia de Enrico para asumir como ministro y cuestionó aquella decisión. La disputa dejó expuesta una interna que hasta entonces se había procesado con mucha mayor reserva dentro de Unidos y del radicalismo.
Meses después hubo gestos públicos de distensión y ambos dirigentes volvieron a compartir actividades oficiales. Pero aquel episodio mostró algo que este jueves volvió a aparecer: Michlig no suele evitar las discusiones públicas cuando entiende que están en juego intereses de su departamento, el funcionamiento del Senado o la estrategia política del oficialismo.
Mucho más que el presidente del Senado
Felipe Michlig tampoco es solamente el senador por San Cristóbal.
Es uno de los dirigentes históricos de la Unión Cívica Radical santafesina, ocupa la presidencia provisional del Senado y fue uno de los actores centrales en la construcción política que terminó conformando Unidos para Cambiar Santa Fe.
Desde la Cámara alta cumple además un papel determinante para la estrategia legislativa de Pullaro.
La mayoría de 14 senadores le permitió al oficialismo atravesar prácticamente sin sobresaltos buena parte de las discusiones impulsadas por la Casa Gris. Michlig es una pieza central para que ese engranaje funcione. Por eso sus palabras adquieren otra dimensión.
Cuando pide asistencia no habla simplemente un senador molesto porque faltaron compañeros. Habla uno de quienes tienen la responsabilidad política de garantizar que la mayoría oficialista funcione.
Y cuando reclama a Diputados que acelere las reformas de seguridad tampoco está haciendo exclusivamente una observación parlamentaria. Está pidiendo que la coalición acompañe en la Cámara baja una agenda que el gobernador considera prioritaria.
Una ley importante que quedó detrás del enojo
Paradójicamente, la discusión política terminó opacando parcialmente el asunto más importante que trató el Senado.
La Cámara otorgó media sanción por unanimidad a un proyecto de 89 artículos destinado a modificar profundamente la respuesta estatal frente a situaciones de violencia de género.
La iniciativa había llegado desde el Poder Ejecutivo, pero sufrió modificaciones durante su paso por el Senado. Los cambios fueron trabajados entre oficialismo y oposición y, según explicó Michlig, fueron evaluados también con los ministros Pablo Cococcioni, Victoria Tejeda y Fabián Bastia.
Entre las modificaciones más importantes aparece un cambio en la actuación judicial frente a situaciones urgentes.
La propuesta establece que cualquier juez que tome conocimiento de un caso pueda disponer inmediatamente medidas de protección aunque posteriormente resulte incompetente para continuar con la causa. La intención es evitar que una discusión de competencia demore una respuesta cuando existe una situación de riesgo.
También se establece que el control del cumplimiento de las medidas judiciales corresponde al Estado y no debe recaer sobre la persona que necesita protección, además de crearse un Fondo Provincial de Asistencia Urgente para Personas Protegidas.
Los números expuestos durante el debate explican la dimensión del problema: Ciro Seisas señaló que uno de cada cuatro llamados al 911 está relacionado con violencia de género y que Rosario concentra 20 de los 37 femicidios registrados en la provincia mencionados durante la sesión.
Ahora le toca a Diputados
El proyecto pasó ahora a la Cámara de Diputados. Y allí seguramente tendrá una nueva discusión.
En la Cámara baja ya existen otras iniciativas vinculadas con la problemática y los propios senadores dejaron abierta la posibilidad de que el texto vuelva a modificarse. Si Diputados introduce cambios, el proyecto deberá regresar al Senado para una nueva revisión.
Pero después de lo ocurrido este jueves, su llegada tendrá inevitablemente otro condimento político. Porque Michlig no solamente envió la ley. También envió un mensaje.
Pidió celeridad, reclamó que Diputados avance con las reformas de seguridad pendientes y dejó una crítica directa hacia sectores de la propia coalición.
Un jueves que dejó varias señales
No fue un día más en el Senado santafesino. Hubo una ley importante. Hubo siete ausencias. Hubo riesgo de terminar contando legisladores para sostener el cuórum. Y hubo un Felipe Michlig visiblemente molesto, dispuesto a utilizar el recinto para ordenar hacia adentro y reclamar hacia afuera.
Primero fueron sus compañeros senadores. Después fue Diputados.
El episodio encuentra además a Unidos ingresando progresivamente en una etapa política donde comenzarán a discutirse estrategias, posicionamientos y definiciones hacia los próximos años. En ese escenario, las diferencias internas adquieren inevitablemente mayor visibilidad.
No es posible afirmar que el enojo de Michlig responda a esas futuras definiciones. Pero sí existe un dato concreto: uno de los principales constructores de la coalición decidió hacer públicas sus diferencias cuando consideró que el funcionamiento legislativo no estaba acompañando las necesidades del Gobierno.
Después de un año en el que discutió públicamente con Enrico, se cruzó con Di Gregorio y debió administrar distintas tensiones dentro del oficialismo, este jueves volvió a mostrar su carácter.
Quizás por cansancio. Quizás por responsabilidad política. Quizás porque entiende que se aproxima un tiempo donde Unidos necesitará nuevamente ordenar a todas sus partes.
Lo comprobable ocurrió dentro del recinto: Michlig miró las bancas vacías, contó a los presentes y decidió que esta vez no iba a dejar pasar el faltazo en silencio.





