Mientras desde el gobierno provincial se intenta mostrar una gestión consolidada y con capacidad de proyectarse hacia 2027, en las últimas semanas comenzó a desplegarse una estrategia política mucho más silenciosa y territorial: encuentros reservados con dirigentes de Unidos en distintos puntos de Santa Fe para fortalecer el discurso oficial y pedir mayor presencia pública en defensa de la gestión de Maximiliano Pullaro.
Formalmente, desde la Casa Gris describen estas reuniones como espacios para escuchar a referentes locales, compartir información de gestión y fortalecer políticamente al oficialismo.
Pero distintas fuentes que participaron de esos encuentros describen un clima bastante más complejo que el relato optimista que empezó a circular públicamente.
Lejos de un entusiasmo homogéneo, varios dirigentes transmitieron preocupaciones por el humor social, el impacto económico de algunas medidas y el desgaste que empieza a mostrar el gobierno después de casi dos años de gestión.
La necesidad de multiplicar voces
Uno de los diagnósticos que habría llevado al gobierno a desplegar esta serie de reuniones fue una conclusión interna que empezó a consolidarse durante los últimos meses: gran parte del costo político de la gestión termina concentrándose exclusivamente en la figura del gobernador.
En ese marco, comenzaron encuentros en distintos departamentos con funcionarios provinciales, legisladores, intendentes, presidentes comunales y dirigentes partidarios de Unidos.
El objetivo habría sido claro: pedir que más dirigentes salgan públicamente a defender la gestión y amplificar los logros del gobierno provincial.
Sin embargo, según reconstruyó este medio a partir de testimonios de participantes, el ida y vuelta no fue tan lineal.
“Nos piden defender cosas que en la calle cuestan explicar”
Uno de los dirigentes presentes en uno de esos encuentros, luego de compartir una cena con funcionarios provinciales, describió un escenario más incómodo del esperado.
“Maxi quiere que salgamos a defender los logros de la gestión, pero en la calle la gente está enojada. Porque el que no es trabajador del Estado tiene uno en el entorno y el ajuste tarifario en alza se siente mucho. Entonces es difícil defender algunas cosas”, resumió.
La frase refleja una tensión que distintos referentes territoriales vienen describiendo desde hace meses: muchas veces el balance interno sobre gestión no coincide con el humor que perciben en recorridas, barrios y actividades locales.
Varios de esos dirigentes hablan además de un fenómeno que empieza a repetirse: menor entusiasmo espontáneo y necesidad de mayor explicación política para sostener determinadas decisiones del gobierno.
Promesas postergadas y ruido en el interior
Otro dirigente del norte provincial, cercano a un legislador oficialista, también relató una situación que habría aparecido en algunos encuentros.
“En nuestra zona se prometieron cosas que después se fueron desdiciendo y ahora nos dicen que quedarán para un segundo mandato si lo hay. Eso cayó mal”, explicó.
La frase deja entrever una preocupación creciente en dirigentes territoriales: que parte de la construcción política realizada en campaña todavía no logró traducirse completamente en resultados visibles para sus localidades.
Y allí aparece un problema adicional.
Muchos referentes admiten que trasladar explicaciones ya no alcanza cuando los vecinos empiezan a medir más por resultados concretos que por expectativas futuras.
El asado, el aplauso y la metáfora del gobierno
Uno de los momentos que más comentarios generó entre quienes participaron fue una metáfora repetida por algunos de los oradores oficiales.
La explicación fue la siguiente: el reparto de bienes públicos funciona como un asado.
“Todos participan porque previamente lo pagaron vía impuestos. Pero hubo uno que fue a comprar la carne, prendió el fuego, soportó el calor e hizo el asado: ese es el gobernador”.
Y el cierre de la idea buscaba un objetivo político concreto: pedir que los dirigentes salgan a “pedir un aplauso para el asador”.
Sin embargo, puertas adentro algunos dirigentes hicieron una lectura distinta.
Porque si en el asado todos aplauden cuando sale bien, también saben que cuando la carne llega cruda, escasa o pasada, difícilmente el reconocimiento sea automático.
El diálogo que dejó una frase política
Entre las versiones que circularon después de uno de los encuentros aparece además un intercambio que llamó la atención.
Según relatan dirigentes presentes, un referente de bajo perfil se acercó al gobernador y le hizo una pregunta directa:
“Maxi, ¿por qué seguís apostando por gente que te resta más de lo que te suma?”
La respuesta atribuida al mandatario sorprendió a varios.
“Voy a morir con las botas puestas. Llegué con ellos y me voy a ir con ellos, salvo que renuncien por una causal muy justificada”.
Más allá de si la escena refleja literalmente lo ocurrido, varios dirigentes interpretaron esa idea como una señal política: Pullaro parece decidido a sostener el núcleo central de su equipo incluso frente al desgaste.
El problema que empieza a aparecer
Lo que empieza a observarse en distintos sectores de Unidos no necesariamente es ruptura ni crisis interna.
Pero sí una pregunta cada vez más frecuente.
Hasta dónde el desgaste que hoy muestra parte de la gestión responde exclusivamente al paso del tiempo y cuánto tiene que ver con nombres, estilos de conducción y figuras que generan resistencia tanto afuera como dentro del propio oficialismo.
Porque detrás de los encuentros, del pedido de salir a defender logros y de las recorridas territoriales aparece una realidad política difícil de ignorar: el gobierno entiende que 2027 ya empezó.
Y por eso empezó a buscar algo que ningún indicador reemplaza completamente: volver a recuperar entusiasmo entre los propios.









