13/09/2026 2:12 pm

Rucco sacude la interna de Unidos: “¿Vamos a tener voz o vamos a ser obsecuentes?”

El dirigente del PDP puso en discusión el lugar de los partidos minoritarios dentro del frente gobernante y cuestionó a quienes priorizan cargos por encima de sus convicciones. Para Rucco, acompañar a Pullaro no debería significar renunciar a tener una posición propia.

El empresario rosarino y dirigente del PDP puso en discusión el lugar que ocupan los partidos minoritarios dentro de la coalición que gobierna Santa Fe. Reclamó que el partido recupere identidad, autonomía y capacidad para cuestionar decisiones, y advirtió sobre dirigentes que terminan priorizando cargos e ingresos por encima de sus convicciones. Reconoció contactos con otros espacios, incluso La Libertad Avanza, aunque no anunció cambios de pertenencia ni candidaturas. Sus declaraciones exponen una discusión más profunda dentro de Unidos: si la próxima etapa continuará dominada por las decisiones de un sector del radicalismo o comenzará a incorporar verdaderamente las distintas miradas que integran el frente.

Unidos para Cambiar Santa Fe nació como una coalición amplia. Radicales, socialistas, dirigentes del PRO, demócratas progresistas y otros espacios construyeron un frente electoral que consiguió reunir bajo una misma propuesta a sectores con historias, tradiciones e incluso posiciones ideológicas diferentes.

La amplitud fue una de sus fortalezas para llegar al poder. Pero gobernar una coalición es bastante más complejo que construirla para ganar una elección. Porque una cosa es sumar partidos a una boleta. Otra es compartir verdaderamente las decisiones.

Después de casi tres años de gestión de Maximiliano Pullaro, esa discusión empieza a adquirir otra dimensión puertas adentro del oficialismo. Especialmente entre aquellos espacios que internamente suelen ser considerados “socios minoritarios” y que comienzan a preguntarse cuál será su papel cuando llegue el momento de reafirmar alianzas y construir nuevamente una propuesta electoral.

Miguel Rucco, empresario rosarino y dirigente del Partido Demócrata Progresista, puso palabras a una parte de esa incomodidad durante una entrevista y lo hizo con una pregunta sencilla, pero políticamente profunda: “¿Vamos a ser un partido dentro de una coalición con voz, con postura y con opinión o vamos a ser obsecuentes?”

El PDP frente al espejo

Rucco parte de una discusión interna. El Partido Demócrata Progresista atraviesa una etapa de renovación dirigencial y, según explicó, necesita reconstruir su institucionalidad y volver a conectarse con las ideas que históricamente lo identificaron.

Transparencia. Anticorrupción. Defensa de los intereses nacionales. Producción. Comercio. Empresa. Las banderas que el dirigente vincula con el legado de Lisandro de la Torre. “Hay nueva dirigencia en el PDP y estamos en construcción de lo local”, explicó.

Para Rucco, el momento representa una oportunidad para “transparentar y sincerar” lo que sucede dentro del partido. Pero esa reconstrucción inevitablemente conduce a una segunda discusión. ¿Qué PDP quiere reconstruirse?. Uno que forme parte de Unidos simplemente para acompañar al Gobierno. O uno capaz de pertenecer a la coalición y, simultáneamente, conservar una posición propia.

Rucco elige claramente la segunda alternativa. “Tiene que haber una mirada diferente, constructiva, que sume, aporte y vuelva a mirar sus bases”, sostuvo.

Ser parte no significa decir que sí a todo

La definición excede al PDP. Porque toca uno de los problemas clásicos de cualquier coalición de gobierno: cómo convivir con un liderazgo fuerte sin convertir al resto de los partidos en acompañantes silenciosos.

Pullaro es indiscutiblemente el conductor político de Unidos. El radicalismo constituye su columna vertebral. Y dentro del propio radicalismo existe un núcleo de dirigentes que concentra buena parte de las decisiones estratégicas de la gestión y del frente.

En determinadas discusiones aparecen el socialismo y sectores del PRO. Más lejos de esa mesa quedan otras fuerzas que también forman parte de Unidos.

La cuestión no pasa por desconocer que en toda coalición existen relaciones de fuerza. El partido que aporta el gobernador y posee mayor representación institucional inevitablemente tendrá mayor incidencia. El problema comienza cuando una diferencia cuantitativa termina transformándose en una subordinación política permanente. Y allí la pregunta de Rucco cobra sentido. ¿Tener menos votos significa tener menos poder o directamente no tener voz?. 

Los socios minoritarios empiezan a incomodarse

Rucco reconoció que existe malestar en algunos sectores de Unidos por la escasa participación que sienten tener en determinadas decisiones. “Seguramente en algunos casos sucede”, respondió cuando fue consultado sobre esa situación. Pero inmediatamente dirigió una parte de la crítica hacia los propios dirigentes de esos partidos.

Para él, el problema no consiste solamente en que alguien concentre el poder. También importa quién acepta esa concentración a cambio de conservar un lugar. “Sucede esto de mirarse el ombligo y defender su lugar, su cargo, su puesto. Entiendo que hace falta una mirada crítica o una autocrítica”, afirmó.

La frase es incómoda porque cambia el foco. Si existe una coalición donde algunos deciden y otros simplemente acompañan, la responsabilidad política no corresponde exclusivamente a quienes toman las decisiones. También alcanza a quienes renuncian voluntariamente a discutirlas.

El cargo o los ideales

Rucco profundizó todavía más ese razonamiento. ¿Qué sucede cuando un dirigente de un partido minoritario ingresa al Gobierno?. Comienza a formar parte de una administración. Recibe responsabilidades. En algunos casos, también un salario. Pero continúa representando al partido que lo llevó hasta allí.

Para Rucco, esa segunda condición no debería desaparecer. “No hay que olvidarse de que representás un partido primero. Estás ahí porque representás un partido”, sostuvo. Y luego endureció su planteo: “Si no defiendo los ideales del partido, si no defiendo la postura partidaria más allá de mi economía personal, es muy miserable y es ingrato”.

Su pregunta posterior resume la tensión: “¿Qué antepongo? ¿El bien personal o familiar, o mis ideales y los de mi partido?”. No dio nombres. Y eso importa. No señaló específicamente a ningún funcionario ni afirmó que determinado dirigente acompañe al Gobierno para conservar un sueldo.

Pero instaló una crítica hacia una lógica política que considera existente: cuando pertenecer al Gobierno comienza a pesar más que representar al partido, la coalición pierde diversidad y empieza a transformarse en una estructura vertical.

Unidos y una mesa que no siempre parece tan unida

El interrogante planteado por Rucco permite ampliar la mirada sobre el funcionamiento político del oficialismo santafesino. En los papeles, Unidos es una coalición. En los hechos, el liderazgo de Pullaro y el peso de su sector radical han construido una conducción fuertemente centralizada.

Eso no significa que socialistas, PRO y demás fuerzas carezcan completamente de incidencia. Hay ministros, legisladores, intendentes y dirigentes de diferentes partidos que participan de la administración y de las negociaciones políticas. Pero participación en el Gobierno no necesariamente equivale a participación equivalente en las decisiones. Y allí se encuentra la discusión.

¿Un frente amplio puede continuar considerándose políticamente amplio cuando las decisiones estratégicas terminan concentradas recurrentemente en una mesa mucho más pequeña que la coalición que lo conforma?. 

Hasta ahora, la enorme fortaleza política de Pullaro permitió contener esas contradicciones. Pero los tiempos electorales suelen modificar los equilibrios.

Ganar juntos y gobernar entre pocos

Existe una paradoja en muchas coaliciones. Necesitan amplitud para ganar. Pero una vez que ganan, el poder tiende a concentrarse. Los partidos pequeños aportan estructura territorial. Dirigentes. Fiscalización. Historia. Votos.  Representación sectorial. Identidad. Incluso legitimidad política para ampliar una propuesta más allá del partido dominante.

El problema aparece cuando esos aportes son valorados durante la construcción electoral pero relativizados durante el ejercicio del poder. Entonces comienza una sensación difícil de administrar: todos son necesarios para ganar, pero no todos parecen igualmente necesarios para gobernar.

Una mirada productiva que Rucco reclama incorporar

El empresario considera además que el PDP puede aportar algo que, a su entender, necesita mayor representación política dentro de Unidos. La mirada productiva. “Si no hay comercio, si no hay pymes, si no hay industria, no hay trabajo”, resumió.

No se trata solamente de una definición partidaria. Rucco proviene del sector empresario y pretende construir desde allí su perfil político.

Por eso sostiene que dentro de la coalición debería existir una representación más directa de comerciantes, industriales, pequeños y medianos empresarios. No como actores invitados para una fotografía. Sino participando en la elaboración de las políticas públicas que después impactan sobre esos sectores.

Empresarios dentro de la política

Su planteo tiene además una dimensión sectorial. Rucco cree que los empresarios deberían involucrarse mucho más directamente en política. No limitarse a reclamar desde cámaras comerciales o entidades productivas. Participar.  Competir. Ocupar bancas. Integrar gobiernos. “Tiene que empezar a involucrarse en política, como sucede en otras partes del mundo”, sostuvo.

Su argumento es que la representación política mejora cuando quienes conocen directamente una actividad participan de las decisiones que la regulan.

Mencionó el ejemplo del sindicalismo, aunque también dejó allí una advertencia. Cuando la vinculación con el poder se vuelve demasiado estrecha, cualquier sector puede terminar perdiendo independencia. El problema, otra vez, es el mismo. Participar sin quedar subordinado.

La obsecuencia como método de construcción de poder

Las palabras de Rucco permiten avanzar hacia una discusión que supera ampliamente su situación personal. El poder político nunca se concentra solamente porque alguien decide concentrarlo.

Para hacerlo necesita una estructura que lo permita. Mayorías legislativas. Acuerdos. Funcionarios. Dirigentes.  Partidos aliados. Y, fundamentalmente, pocos cuestionamientos internos.

La obsecuencia puede resultar cómoda para quien gobierna. Evita conflictos. Acelera decisiones. Reduce discusiones. Ordena verticalmente una coalición. Pero tiene un costo. Un frente que deja de debatir internamente corre el riesgo de empezar a parecerse cada vez más a un solo partido con varias siglas alrededor. Y esa probablemente sea una de las preguntas que Unidos deberá responder en la próxima etapa.

Cuando llegue el momento de volver a necesitarlos

La proximidad del próximo ciclo electoral inevitablemente obligará a Unidos a volver a mirar hacia sus socios. Llegará el momento de armar listas. Distribuir lugares. Buscar candidatos. Recorrer territorios. Defender gestiones. Fiscalizar. Militar. Y ampliar nuevamente la base electoral.

Entonces aquellos partidos que durante el ejercicio cotidiano del poder pudieron sentirse secundarios volverán a ser necesarios.

El desafío para esas fuerzas será decidir qué hacen con esa necesidad. Si negocian solamente cargos. O si negocian también políticas.

¿Voz u obsecuencia?

Rucco planteó la pregunta desde el PDP. Pero podría formularse para todos los socios menores de Unidos. “¿Vamos a tener voz o vamos a ser obsecuentes?”. 

Esa discusión probablemente sea mucho más importante que determinar cuántos lugares recibe cada partido en una lista. Porque detrás está en juego la naturaleza misma de la coalición gobernante.

Hasta ahora, durante los años que lleva la gestión, la toma de las principales decisiones mostró una fuerte centralidad del gobernador y de su núcleo político, con grados diferentes de consulta y participación del resto de los socios.

El desafío que viene es saber si Unidos profundizará esa lógica o comenzará a construir una verdadera mesa de poder compartido. La pregunta no corresponde responderla solamente a Pullaro. También deben hacerlo los propios socios. Porque la obsecuencia necesita dos partes: alguien dispuesto a exigirla y alguien dispuesto a practicarla. Y cuando llegue el momento de reafirmar acompañamientos para el próximo proyecto electoral, la discusión debería superar el reparto de lugares.

¿Se priorizará conservar un cargo?, ¿Se aceptará acompañar a cambio de pertenecer?, ¿O cada fuerza llevará a la mesa aquello que piensa, representa y cuestiona?.  En definitiva, ¿Unidos quiere continuar siendo una coalición de partidos o convertirse definitivamente en una coalición alrededor de una persona?. 

La respuesta será importante para el PDP. Pero mucho más para Santa Fe. Porque una provincia construida desde distintas miradas necesita algo más que muchas siglas en una boleta. Necesita que esas voces también sean escuchadas cuando llega el momento de gobernar.

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