20/10/2026 8:10 pm

El dato que golpea a Rosario: tiene la desocupación más alta del país y el comercio está en alerta

El desempleo llegó al 11,5% en el Gran Rosario. Mientras tanto, comerciantes acumulan meses de caída en las ventas, menor rentabilidad y endeudamiento.

El Gran Rosario registró una desocupación del 11,5% en el segundo trimestre de 2026 y, según el análisis del CEPA, unas 83 mil personas se encontraban sin trabajo. Al deterioro laboral se suma la situación del comercio: APYME alertó por locales que bajan definitivamente sus persianas y un relevamiento de FECOI mostró que el 52% de los negocios consultados vendió menos en septiembre. Mientras el impacto tiene como principal origen el modelo económico nacional, desde el sector comercial aparecen reclamos para que también los gobiernos provincial y municipal instrumenten herramientas que permitan sostener la actividad, preservar empresas y evitar nuevas pérdidas de puestos de trabajo.

Rosario comienza a mostrar distintas caras de un mismo problema económico. Por un lado, el Gran Rosario alcanzó una tasa de desocupación del 11,5% durante el segundo trimestre de 2026, ubicándose al frente de los 31 aglomerados urbanos relevados por la Encuesta Permanente de Hogares. Por otro, los comerciantes advierten sobre meses consecutivos de caída de ventas, endeudamiento, pérdida de rentabilidad y locales que directamente dejan de funcionar.

Son fenómenos que no deberían analizarse por separado. Menos empleo significa menos ingresos disponibles; salarios que pierden capacidad de compra implican menor consumo; menos consumo reduce las ventas y, cuando esa situación se prolonga, los comercios comienzan a achicar estructuras, reducir jornadas, endeudarse o cerrar. En el final de esa cadena vuelve a aparecer el mismo problema con el que comenzó: menos puestos de trabajo.

Mercedes Martinelli, integrante del CEPA Rosario, explicó en Democráticamente, el programa conducido por Juan Francisco en AGOFA TV, que los últimos indicadores laborales permiten observar con especial preocupación lo que sucede en la región. A ese escenario se suman las advertencias realizadas por APYME Rosario y los resultados del último relevamiento de FECOI sobre la actividad comercial de la ciudad.

Gran Rosario: 11,5% de desocupación y unas 83 mil personas sin trabajo

El último informe elaborado por el CEPA sobre el mercado laboral santafesino tomó como referencia los datos de la Encuesta Permanente de Hogares correspondientes al segundo trimestre de 2026. El resultado coloca al Gran Rosario frente a un dato particularmente preocupante.

“La desocupación más alta del país la tiene el Gran Rosario, con un 11,5%. Es decir, de los 31 aglomerados urbanos que mide la Encuesta Permanente de Hogares, Rosario encabeza la lista con la desocupación más alta de todo el país”, explicó Martinelli.

La cifra representa aproximadamente 83 mil personas desocupadas en el Gran Rosario y supone un incremento de 3,8 puntos porcentuales respecto de la comparación interanual señalada por CEPA.

Pero hay un elemento todavía más importante para comprender qué está ocurriendo. Según Martinelli, el aumento de la desocupación en la región no se explica principalmente porque más personas hayan comenzado a buscar empleo, sino porque cayó efectivamente la cantidad de personas ocupadas.

“No es que más personas salieron a buscar trabajo, sino que lo que pasó es que cayó la tasa de empleo, es decir, que hay personas que efectivamente tenían un trabajo y hoy en día no lo tienen”, explicó.

La diferencia resulta central. El deterioro del indicador no estaría mostrando únicamente una mayor demanda de empleo, sino destrucción de puestos de trabajo.

20 mil puestos registrados menos en Santa Fe

Los datos provinciales aportados durante la entrevista permiten ampliar el escenario. De acuerdo con la información analizada por CEPA a partir de registros de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, Santa Fe perdió alrededor de 3 mil empleadores con trabajadores asegurados y unos 20 mil puestos de trabajo registrados.

Martinelli señaló que la industria encabeza la pérdida de empleos, mientras que transporte y almacenamiento aparecen especialmente afectados cuando se observa la reducción de empleadores.

La economista vinculó esos números con las características del modelo económico nacional y con el diferente peso que cada actividad tiene en la generación de empleo. “Los sectores que explican el 40 o 45% de los puestos de trabajo registrados hoy son los sectores que están más golpeados por este modelo económico, mientras que los sectores más beneficiados, que son agroindustria, minería y energía, explican nada más el 9% del empleo registrado”, señaló.

Su preocupación apunta precisamente a esa contradicción: actividades capaces de aportar exportaciones y divisas pueden crecer sin necesariamente compensar la cantidad de puestos que pierden sectores mucho más intensivos en generación de empleo.

Tener trabajo tampoco garantiza llegar a fin de mes

Existe además otra dimensión que los indicadores tradicionales no siempre permiten observar completamente. Estar estadísticamente ocupado no necesariamente significa tener un ingreso suficiente para vivir.

Martinelli explicó que para la Encuesta Permanente de Hogares una persona puede ser considerada ocupada si trabajó al menos una hora durante la semana de referencia. La expansión del trabajo mediante plataformas introduce entonces una nueva dificultad para interpretar los indicadores.

“Hoy en día, con los trabajos de plataforma, es muy común que las personas se rebusquen y se autogeneren el empleo a través de estas aplicaciones. Entonces, toda persona que trabajó al menos una hora en la semana de referencia se considera ocupada”, explicó.

Una persona que perdió un empleo registrado y consigue realizar algunas horas de reparto, viajes mediante una aplicación u otra actividad ocasional puede dejar de aparecer estadísticamente como desocupada, aunque su situación económica continúe siendo extremadamente precaria.

“Una persona que trabajó un par de horas haciendo una changa en la semana porque fue lo que pudo hacer no tiene un salario como para poder subsistir y llegar a fin de mes”, agregó.

El fenómeno permite comprender por qué el deterioro del mercado laboral puede ser incluso más profundo que el reflejado exclusivamente por la tasa de desempleo: desocupación, informalidad y subocupación comienzan a mezclarse dentro de una estructura laboral cada vez más fragmentada.

El comercio rosarino empieza a mostrar las consecuencias

El deterioro del empleo encuentra rápidamente su correlato en el consumo. Y allí aparece otro de los indicadores que comienzan a preocupar en Rosario: el cierre de comercios.

APYME Rosario decidió visibilizar la situación mediante una intervención sobre persianas y fachadas de negocios que dejaron de funcionar en distintos puntos de la ciudad. Sobre esos locales colocó una consigna directa: “Los comercios/pymes no soportan este modelo económico”.

La entidad vincula los cierres con la caída del mercado interno, las dificultades de financiamiento y la pérdida del poder adquisitivo de los consumidores. El fenómeno puede observarse cotidianamente en diferentes corredores comerciales: persianas definitivamente bajas, carteles de alquiler y emprendimientos que no consiguen sostener sus costos.

El problema excede al propietario de cada negocio. Detrás de cada comercio que desaparece existen puestos laborales que pueden perderse, proveedores que venden menos y recursos que dejan de circular dentro de la economía rosarina.

APYME reclama por eso medidas que permitan aliviar financieramente a pequeñas y medianas empresas y evitar nuevas bajas. Para la entidad, una recuperación sostenible necesita estabilidad económica, pero también un mercado interno capaz de sostener ventas, producción y empleo.

El 52% de los comercios vendió menos en septiembre

Los datos relevados por FECOI permiten dimensionar ese escenario. Durante septiembre, el 52% de los comercios consultados aseguró haber vendido menos que durante agosto, mientras un 30% mantuvo sus niveles y solamente un 18% consiguió incrementarlos.

Esto significa que el 82% no logró mejorar sus ventas respecto del mes anterior.

La comparación trimestral tampoco ofrece señales demasiado diferentes. El 54% manifestó haber reducido sus ventas durante los últimos tres meses, el 30% dijo mantenerse sin variaciones y apenas el 16% consiguió incrementarlas. Nuevamente, más de ocho de cada diez establecimientos relevados quedaron estancados o retrocedieron.

Miguel Rucco, integrante de FECOI, sintetizó el diagnóstico: “Lamentablemente comunicamos que hay una caída interanual y sostenida en el tiempo, tenemos una recesión que afecta al comercio”.

La continuidad es uno de los factores que más preocupa. No se trata solamente de un mes malo compensado inmediatamente por otro bueno. Según el dirigente, la caída lleva alrededor de seis meses, aun cuando determinadas fechas comerciales puedan generar recuperaciones circunstanciales para algunos rubros.

“Los meses malos le van ganando a los positivos, así que es una ecuación complicada”, resumió.

Menos ventas, más deuda y menor rentabilidad

La caída del consumo no ocurre en un escenario de reducción equivalente de los costos. Ese desfasaje empieza a comprometer la supervivencia de muchos establecimientos.

FECOI advierte sobre un proceso de endeudamiento comercial, provocado por ventas menores frente a estructuras de gastos que continúan aumentando. Mercadería, energía, gas, alquileres, servicios y otras obligaciones deben seguir pagándose aunque ingrese menos dinero por caja.

Rucco describió un escenario de “endeudamiento de muchos comercios frente a gastos cada vez mayores” y una rentabilidad que se reduce porque muchos empresarios intentan evitar trasladar completamente esos incrementos a precios.

Cuando FECOI preguntó cuáles son los principales desafíos para los próximos meses, las respuestas fueron contundentes: el 66% mencionó recuperar ventas, el 54% mantener la rentabilidad, el 40% reducir costos y el 30% afrontar la presión tributaria. Sólo un 18% ubicó entre sus principales problemas la competencia de las plataformas digitales.

Los números muestran que la principal preocupación continúa estando en algo elemental para cualquier negocio: volver a vender.

Sin salario tampoco hay comercio

La situación del mercado laboral y la crisis comercial terminan encontrándose inevitablemente en el poder adquisitivo.

“Si los salarios caen, el consumo se va a reprimir. Eso es así y lo estamos viendo en los números”, explicó Martinelli durante la entrevista.

FECOI llega a una conclusión similar desde la mirada del comerciante. Rucco sostuvo que “obviamente la recomposición salarial se tiene que dar” porque, en definitiva, las ventas dependen del poder adquisitivo del consumidor.

El dirigente advirtió además que muchas paritarias vienen cerrándose por detrás de una inflación que, según su evaluación, tampoco representa completamente lo que sucede con los gastos cotidianos de las familias debido al peso creciente del transporte y los servicios.

Allí se forma un círculo difícil de romper: menos empleo y salarios deteriorados reducen el consumo; la caída del consumo afecta las ventas; los comercios pierden rentabilidad y empleo; y la pérdida de esos puestos vuelve a reducir el consumo.

El reclamo también empieza a mirar a Provincia y Municipalidad

El origen de buena parte de la situación que describen CEPA, APYME y FECOI está vinculado a decisiones macroeconómicas que corresponden fundamentalmente al Gobierno nacional. Tipo de cambio, apertura de importaciones, política salarial, nivel de actividad, tasas de interés y orientación productiva exceden ampliamente las posibilidades de intervención de un municipio.

Pero para comerciantes y pequeñas empresas, esperar exclusivamente un cambio de rumbo nacional tampoco aparece como una respuesta suficiente frente a problemas que necesitan resolver hoy.

En ese contexto comienza a tomar mayor relevancia qué herramientas pueden aportar el Gobierno de Santa Fe y la Municipalidad de Rosario dentro de sus respectivas competencias: alivios impositivos, programas de financiamiento, acceso al crédito, políticas de promoción comercial, reducción o revisión de determinados costos, acompañamiento a pymes y estrategias que permitan fortalecer el consumo y preservar puestos de trabajo.

Los propios datos de FECOI muestran dónde están algunas de las demandas: recuperar ventas, sostener rentabilidad, reducir costos y afrontar la presión tributaria. No todas esas variables dependen de Provincia o Municipio, pero tampoco todas les resultan completamente ajenas.

El desafío para las administraciones locales y provinciales será determinar hasta dónde pueden construir instrumentos que amortigüen los efectos de una economía nacional que golpea particularmente a los sectores vinculados al mercado interno.

Una preocupación que va más allá de 2026

Martinelli planteó que una de sus mayores preocupaciones no está solamente en los números actuales, sino en el tipo de estructura económica que puede quedar hacia adelante.

“El Gobierno claramente hizo una elección de ganadores y perdedores en términos de sectores económicos”, sostuvo. En su análisis, agroindustria, minería y energía son actividades necesarias y estratégicas para generar divisas y desarrollo, pero eso no debería producirse a costa de sectores que generan valor agregado y grandes cantidades de empleo.

“No podemos tener la mitad de la población siendo Uber”, graficó al advertir sobre el desplazamiento de trabajadores desde empleos formales hacia plataformas y actividades de menor estabilidad.

Su planteo no pasa por abandonar los sectores exportadores, sino por complementar ese desarrollo con políticas capaces de sostener industria, construcción y actividades intensivas en empleo.

Los números del próximo trimestre permitirán conocer si el escenario comenzó a modificarse. Martinelli evitó realizar una proyección concreta, aunque adelantó que, a partir de los indicadores de actividad disponibles, no observa por ahora elementos que permitan esperar una mejora significativa.

Rosario frente a un problema que empieza a verse en sus calles

Los números suelen resultar abstractos hasta que comienzan a tener una expresión concreta. En Rosario esa expresión aparece de distintas maneras: una persona que perdió su empleo, otra que trabaja mediante aplicaciones para completar ingresos, una familia en la que ahora dos integrantes necesitan buscar trabajo, una pyme endeudada o una persiana que deja de levantarse.

11,5% de desocupación en el Gran Rosario. Unas 83 mil personas sin empleo. Alrededor de 20 mil puestos registrados perdidos en Santa Fe. Un 52% de comercios que vendió menos en septiembre y un 82% que no consiguió mejorar sus ventas respecto del mes anterior.

Son indicadores diferentes, pero todos empiezan a contar una misma historia.

El modelo económico nacional aparece en el centro de los cuestionamientos de las entidades que representan a sectores vinculados al mercado interno. Sin embargo, a medida que sus consecuencias se hacen visibles en las calles rosarinas, la discusión también comienza a interpelar a los otros niveles del Estado.

Porque Nación define las principales variables macroeconómicas, pero los comercios que cierran están en Rosario, los trabajadores que pierden su empleo viven en la región y las consecuencias sociales terminan siendo atendidas también por Provincia y Municipio.

Esa parece ser la advertencia que empieza a quedar detrás de los números: mientras se espera una recuperación económica nacional que todavía no alcanza de igual manera a todos los sectores, Rosario necesita discutir qué puede hacer ahora para evitar que cada nueva persiana baja se transforme también en otro puesto de trabajo perdido.

 

Facundo Acosta
Facundo Acosta

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