La interna a cielo abierto dentro de Unidos para Cambiar Santa Fe comenzó a mostrar sus primeras consecuencias concretas. Luego de semanas de cruces y cuestionamientos públicos, el ministro de Obras Públicas, Lisandro Enrico, formalizó su renuncia a la banca de senador provincial que había obtenido en 2023, en una decisión que busca cerrar un frente de conflicto que venía escalando dentro del oficialismo.
La dimisión fue tratada y aprobada en la sesión de este jueves en la Cámara alta, en un movimiento que no pasó desapercibido por su contexto político y por las discusiones que reabre hacia adentro del espacio gobernante.
Una renuncia que llega después de la tormenta
El anuncio no fue anticipado en la agenda legislativa. Fue la propia senadora Leticia Di Gregorio, quien actualmente ocupaba la banca en reemplazo de Enrico, la encargada de presentar formalmente la renuncia en pleno recinto.
“Tengo en mis manos la renuncia de Enrico a su banca de senador por el departamento General López”, expresó durante su intervención, sorprendiendo incluso a sectores de la oposición.
La decisión llegó luego de días de alta tensión política dentro de Unidos, particularmente tras el enfrentamiento público con el presidente provisional del Senado, Felipe Michlig, quien había cuestionado con dureza el accionar del ministro.
El trasfondo: la licencia que nunca cerró
Enrico había solicitado licencia a su banca en diciembre de 2023 para asumir como ministro en el gabinete del gobernador Maximiliano Pullaro.
Esa decisión fue avalada por la mayoría oficialista, pero desde el inicio generó críticas del peronismo, que cuestionó la legalidad de la doble condición de legislador y funcionario del Ejecutivo.
Incluso, en la última sesión, el propio Michlig había admitido su “arrepentimiento” por haber acompañado aquella licencia, en una señal que dejó al descubierto la profundidad de la interna radical.
La oposición: “llega tarde”
El bloque justicialista decidió abstenerse en la votación, manteniendo la misma postura que había sostenido en 2023.
El senador Rubén Pirola fue contundente: “La renuncia llega tarde”, sostuvo, al remarcar que, según la Constitución provincial, Enrico ya había cesado en su cargo al asumir funciones en el Ejecutivo.
El legislador insistió en que la incompatibilidad estaba clara desde el inicio y que la licencia otorgada fue un error político e institucional.
La defensa del oficialismo
Desde el oficialismo, Di Gregorio salió a respaldar al ministro y buscó bajar el tono del conflicto.
Recordó que Enrico había obtenido un respaldo electoral contundente en su departamento y que su decisión de asumir como ministro implicó un dilema político.
Además, sostuvo que el tiempo demostró que se trata de un funcionario que logró consolidarse en su rol dentro del gabinete provincial.
Un gesto para cerrar el conflicto
Más allá de las posiciones formales, la renuncia de Enrico tiene una lectura política clara: descomprimir la interna dentro de Unidos.
El enfrentamiento con Michlig, que incluyó acusaciones sobre discrecionalidad en el reparto de obras y cuestionamientos personales, dejó al descubierto tensiones profundas dentro del radicalismo santafesino.
En ese contexto, la decisión de dejar definitivamente la banca aparece como un intento de ordenar la situación y evitar que el conflicto siga escalando.
Enrico, enfocado en la gestión
Con la renuncia ya concretada, Enrico queda plenamente enfocado en su rol como ministro de Obras Públicas, una de las áreas más sensibles del gobierno provincial.
Se trata, además, de uno de los dirigentes radicales con mayor proyección dentro de la provincia, con fuerte respaldo territorial y presencia política consolidada.
Su perfil combina gestión, conocimiento del territorio y capacidad de construcción, elementos que lo posicionan como una de las figuras a seguir dentro del oficialismo.
Una señal hacia adentro de Unidos
La renuncia no cierra todas las tensiones, pero sí marca un punto de inflexión. Expone que las internas existen, que pueden escalar y que, en algunos casos, terminan generando consecuencias concretas.
También deja una enseñanza política hacia adentro del oficialismo: las decisiones que no se resuelven a tiempo, terminan resolviéndose bajo presión.
Lo que viene
El capítulo Enrico-Michlig deja más preguntas que certezas. Sobre la convivencia interna. Sobre los límites del poder.
Y sobre cómo se administran las diferencias dentro de una coalición que gobierna.
Por ahora, una cosa está clara: la primera consecuencia ya llegó. Y no será la última.



