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15/04/2026 12:30 am

La interna radical escala y deja en evidencia un gobierno sin orden

Tanto Felipe Michlig, como Lisandro Enrico, brindaron declaraciones que dejan expuesta la falta de conducción de Pullaro para ordenar la interna.

Lejos de disiparse, la interna entre dos de los principales dirigentes del oficialismo santafesino no solo continúa, sino que se agrava con el correr de los días. El enfrentamiento entre Felipe Michlig y Lisandro Enrico volvió a escalar esta semana con nuevas declaraciones públicas que echaron por tierra cualquier intento de descomprimir el conflicto.

Si en un primer momento se especulaba con una posible instancia de diálogo para acercar posiciones, lo cierto es que ocurrió todo lo contrario: entre lunes y martes ambos dirigentes salieron a los medios y profundizaron el cruce, dejando en evidencia que la disputa está lejos de resolverse.

Declaraciones que reavivan el conflicto

Desde el entorno de ambos dirigentes confirmaron a este medio que las últimas expresiones públicas generaron más malestar que acercamiento.

En el caso del Ministro de Obras Publica Lisandro Enrico, no cayó bien una frase de Felipe Michlig en la que el senador remarcó su rol en la construcción política del frente oficialista: “Trabajé mucho para que Pullaro sea gobernador, como otros no lo hicieron”.

Según interpretaron en el entorno del ministro, esa afirmación fue leída como una crítica directa a su figura.

Del otro lado, en el círculo de Michlig tampoco cayó en gracia la respuesta de Enrico, quien fue más allá de lo técnico y cuestionó el perfil político del senador: “Pareciera que no está a la altura de un dirigente provincial”.

A eso se sumó otra definición que terminó de tensar el vínculo: “Tiene una lógica comarcal”.

Las frases cruzadas no hicieron más que echar leña al fuego en una interna que ya es a cielo abierto.

Una pelea que va más allá de las viviendas

Aunque el detonante del conflicto fue el reclamo por la paralización de 54 viviendas en San Cristóbal, lo que está en juego es mucho más profundo.

La discusión expone una disputa por el poder territorial, por la distribución de recursos y por el posicionamiento político dentro del oficialismo.

Michlig, como senador y referente del departamento, reclama respuestas concretas para su región.
Enrico, como ministro, defiende los criterios de asignación y sostiene que San Cristóbal es uno de los departamentos más beneficiados en materia de obra pública.

Pero detrás de ese cruce técnico, lo que aparece es otra cosa: una competencia política que se intensifica en un contexto preelectoral.

La ausencia de conducción

En medio de este escenario, hay un dato que empieza a consolidarse como el eje central del problema: la falta de liderazgo político del gobernador Maximiliano Pullaro.

La interna se desarrolla sin ningún tipo de contención visible, sin una línea clara y sin intervención efectiva desde la conducción del Ejecutivo.

Todo ocurre en público, sin filtros, sin orden y sin un mensaje unificado.

En la política santafesina ya no se discute si hay interna. Se discute quién la conduce o si alguien la conduce.

Un gobierno que comunica hacia adentro, pero no hacia la sociedad

El conflicto también deja expuesto otro problema que atraviesa a la gestión: la comunicación.

Mientras las disputas internas se multiplican, el gobernador elige responder en medios seleccionados, con discursos guionados y sin dar explicaciones sobre los temas que preocupan a la ciudadanía.

La falta de respuestas concretas, sumada al ruido interno, empieza a generar un desgaste que ya no se limita a la política, sino que impacta directamente en la percepción social del gobierno.

Una interna que ya es estructural

Lo que comenzó como un cruce puntual hoy se consolida como un conflicto estructural dentro del oficialismo.

Las diferencias no se resuelven puertas adentro. Se exponen en los medios. Se profundizan con cada declaración. Y escalan sin control.

La interna radical dejó de ser un problema sectorial para convertirse en un problema del gobierno.

Lo que viene

Por ahora no hay señales de distensión. No hay reuniones confirmadas. No hay gestos de acercamiento. Solo hay más declaraciones, más tensión y más ruido. Y en ese escenario, la pregunta que empieza a instalarse es inevitable: ¿hasta dónde puede escalar una interna que nadie parece dispuesto —o capaz— de frenar?.

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