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25/08/2026 10:19 pm

La Economía Circular, una respuesta feminista para el cambio económico.

Por Laura Lorena Utrera y Mercedes Posada Meola.

En la historia de la Humanidad, tenemos numerosos ejemplos sobre el activismo de las mujeres en los procesos de cambio social aunque el patriarcado se empeñe en que el inicio de muchas batallas sea consecuente al capricho femenino. Basta recordar a la magnífica Helena de Troya y al valor comercial (de ganado) que su cuerpo obtuvo entre Agamenón y Paris. Excusa, claro, para conquistar territorios pero que, al tiempo, no hace más que mostrar que son los cuerpos feminizados de mujeres, travestis y trans quienes, desde siempre, han tenido que pagar más caro las consecuencias. Hoy, ese cuerpo está castigado por altas tasas de desempleo, precarización, exclusión e inequidad laboral. Los motivos hartamente conocidos son el sexismo y la discriminación.

Se ha vuelto moda, oír hablar de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS) y de la Economía Circular (EC). Numerosos informes en las redes intentan desentrañar los conceptos y pocos logran el interés suficiente para instalarlos en las agendas públicas. Así las cosas, el propósito de los ODS, “Sin dejar a nadie atrás”, gira sobre su propio eje, se vuelve sólo un slogand y se vacía de contenido. Ni qué hablar del manejo que los Estados hacen de esta información, utilizando discursos que involucran contenidos vacíos o, creando, incluso, dependencias y oficinas públicas dedicadas a medioambiente, género, diversidad pero que sólo funcionan como cáscaras burocráticas de moda.

Más para mal que para bien, la situación por la que atraviesa toda Latinoamérica, en materia de trabajo y oportunidades, no está en su mejor momento, pero esto hace que sigamos necesitando una salida esperanzadora y concreta que nomine las cosas por su nombre y ponga en juego la libertad, las oportunidades, la equidad, la igualdad, el trabajo y la felicidad de todas las personas. Ante esta realidad que, asimismo, la pandemia se encargó de encrudecer y mostrar cómo diariamente los derechos humanos son vulnerados, la EC resulta, al menos, una estación confortable a la cual prestar atención en medio de este desconcierto diario. ¿Por qué?, porque fomenta un cambio de mentalidad, instala hábitos que como sabemos, ante la creación de ellos, se logra el cambio cultural. Para agregarle un plus que la vuelve aún más interesante, la EC puede incrementar la participación de las mujeres en ese sistema económico. Según la Fundación Ellen Mc Arthur, la EC debe ser el motor para construir una coalición global para la acción que sea, a la vez, diversa e inclusiva.

Para comprender qué es la EC, tenemos que volver a decir, volver a nombrar casi como en el génesis. El lingüista francés, Émile Benveniste sostiene que nos constituimos en el lenguaje, y a través de él volvemos a presentar la realidad. Cuando hablamos creamos mundos, enamoramos o destruimos corazones. Así, por ejemplo tenemos que al volver a decir basura, conviene resignificar el término y despojarlo del sentido de desecho, de desperdicio y de mal olor, para ver las oportunidades que provee. La basura es dinero. No sólo por la venta devenida de la separación de residuos sino por lo que ella genera. La basura debe pensarse no como un fin sino como el inicio de un circuito integral que propone crear capital económico, natural y social. En este sentido, resulta fundamental el accionar de las empresas para que la sustentabilidad de esta economía sea efectiva y no deje a nadie atrás. Estos principios proponen: Eliminar residuos y contaminación desde el diseño, mantener productos y materiales en uso y regenerar sistemas naturales. Así, la EC se basa en la reutilización, el rediseño, reciclaje y remanufacturación de bienes y materias primas que ya tuvieron uso original, pero cuya vida útil puede extenderse. Este circuito integral fomenta un cambio de mentalidad y de cultura e incrementa la participación de las mujeres en el sistema económico o, como propone el académico Carlos Brown, este cambio resulta de un modelo “feminizado” porque atiende mejor a las consecuencias de nuestras acciones y a cómo se construye una comunidad.

Hoy, la EC logra empoderar a las mujeres, logra su visibilidad y la competencia en campos que aún hoy requieren de su mayor participación como el de las ciencias, las tecnologías, las matemáticas e ingenierías. Así, tenemos muchos ejemplos de cómo las mujeres están en esta sintonía y con su implementación han logrado desde llevar el sustento a sus hogares hasta liderar empresas que están comprendiendo que la salida a esta crisis es a través de la EC. Claros ejemplos de una respuesta feminista a este proceso son Vanesa Vázquez, a cargo de Sustentabilidad en la Cervecería y Maltería Quilmes, que ha logrado desde su participación establecer un sistema circular de reciclado de residuos y valor económico; o Belén Daghero quien es gerente de Desarrollo Sustentable Holcim, productora de cemento y hormigón verde; o Gabriela Ruggeri, managing partner de Kamay Ventures. Mujeres empresarias algunas, otras, a cargo de movidas sororas como las llevadas a adelante por asociaciones dedicadas a reciclajes que se transformaron en herramienta de empoderamiento y garantizaron el sustento diario, como es el caso de Gertrudis Plata Olivera en Villa Montes con su asociación “Las emprendedoras”.

 

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