La economista Celina Calore, directora del CESO Santa Fe y Rosario, advirtió sobre el cambio que experimentaron las finanzas provinciales. La gestión de Maximiliano Pullaro pasó de una política históricamente prudente de endeudamiento a una estrategia que el centro de estudios define como “audaz”: emitió el bono SF34 por US$800 millones, elevó considerablemente la exposición en moneda extranjera y concentró la devolución del capital entre 2031 y 2034. El dato político no es menor: la actual administración tomó la deuda y utilizará sus recursos, pero la mayor parte del capital deberá ser devuelta por los gobiernos que vengan después.
Durante años, Santa Fe construyó una reputación financiera alrededor de dos conceptos: prudencia y bajo endeudamiento. La Provincia conserva además un antecedente que el propio Gobierno de Maximiliano Pullaro reivindica cada vez que sale a buscar financiamiento: nunca reestructuró su deuda y mantiene una trayectoria de cumplimiento de sus compromisos. Pero algo cambió y ese cambio fue uno de los puntos centrales que Celina Calore, economista, docente, investigadora y directora del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO) en Santa Fe y Rosario, planteó durante una entrevista en Democráticamente, el programa que conduce Juan Francisco por AGOFA TV.
Para el CESO, la Provincia pasó “de la prudencia a la audacia”, y no se trata solamente de una frase. El Gobierno de Pullaro decidió tomar US$800 millones en el mercado internacional mediante el bono SF34, una operación de una magnitud considerablemente superior a las últimas emisiones realizadas por Santa Fe. Según explicó Calore, las colocaciones efectuadas durante la gestión de Miguel Lifschitz en 2016 y 2017 habían sido de US$250 millones cada una. Ahora se colocaron US$800 millones de una sola vez.
“Hay un salto importante en el monto de la deuda”, señaló la economista, quien indicó que el endeudamiento total muestra un incremento del 117% respecto de 2023. Para el CESO, justamente allí se encuentra el cambio de estrategia: Santa Fe abandonó el comportamiento más conservador que venía mostrando y decidió asumir un nivel considerablemente mayor de compromisos financieros.
Pullaro tomó la deuda, pero el capital comenzará a pagarse en 2031
Hay un dato que convierte la discusión económica en una discusión profundamente política: el bono SF34 fue emitido durante la administración de Maximiliano Pullaro, pero el capital no comenzará a amortizarse hasta diciembre de 2031. Hasta entonces, la Provincia deberá afrontar intereses y luego llegará el período de devolución de los US$800 millones, con una concentración de vencimientos durante los cuatro años siguientes.
Es decir, el Gobierno actual consiguió el financiamiento y podrá ejecutar las obras vinculadas a esos recursos, pero la devolución del capital quedará fundamentalmente en manos de las administraciones futuras. Calore lo señaló directamente durante la entrevista: “Hay un riesgo futuro porque no cae sobre esta gestión que es la que lo tomó”. Incluso planteó que, aun considerando la posibilidad de continuidad política habilitada por la nueva Constitución, el calendario de vencimientos se extiende mucho más allá de la actual administración.
Ese es uno de los puntos más sensibles de toda la operación, no porque tomar deuda para infraestructura constituya por sí mismo un problema. Una obra que será utilizada durante décadas puede razonablemente financiarse a largo plazo. La discusión es otra: cuánto se toma, en qué moneda, bajo qué condiciones y qué margen fiscal tendrán quienes deban devolverla.
Según explicó Calore, actualmente Santa Fe afronta alrededor de US$70 millones anuales vinculados a deuda. Desde 2031, solamente el SF34 obligará a devolver aproximadamente US$200 millones de capital cada año y no será el único compromiso. A esos vencimientos deberán agregarse otras obligaciones contraídas con organismos internacionales, por lo que la economista estimó que determinados años podrían acumular compromisos cercanos a US$250 millones.
“Vamos a pasar a pagar entre 200 y después se van a sumar otros bonos, otra deuda contraída con organismos multilaterales, que pueden llegar hasta vencimientos de 250 millones de dólares”, explicó.
El CESO no afirma que Santa Fe vaya a incumplir. Lo que advierte es que la Provincia está construyendo hoy un calendario de pagos mucho más exigente para el futuro y eso obliga a una pregunta elemental: ¿en qué condiciones económicas estará Santa Fe en 2031? Nadie puede responderla hoy.
Una Provincia que recauda pesos y deberá conseguir dólares
El segundo riesgo señalado por Calore está en la moneda. Según explicó durante la entrevista, alrededor del 96% del endeudamiento santafesino está expresado en moneda extranjera, por encima del promedio que señaló para el resto de las provincias. El problema es sencillo de explicar: Santa Fe recauda fundamentalmente en pesos. Ingresos Brutos, Patente y otros tributos provinciales ingresan en moneda argentina, pero una porción muy elevada de sus compromisos deberá pagarse en moneda extranjera.
Si el peso se devalúa fuertemente durante los próximos años, harán falta más pesos para comprar los mismos dólares. “Si nosotros recaudamos en pesos es mucho más fácil poder después afrontar deuda en pesos, porque es tu moneda. Ahora, si es en dólares, tenemos siempre otros riesgos distintos”, explicó Calore.
La economista evitó plantear un escenario de incumplimiento como inevitable. De hecho, destacó que Santa Fe posee antecedentes positivos en materia de cumplimiento de sus obligaciones. La advertencia del CESO apunta a otra cuestión: Argentina atravesó numerosas crisis cambiarias durante las últimas décadas y nadie puede conocer hoy cuál será el valor del dólar ni las condiciones macroeconómicas cuando comiencen los principales vencimientos en 2031. Por eso el problema del SF34 no está necesariamente en el presente, sino en qué economía argentina encontrará Santa Fe cuando llegue el momento de devolver el capital.
El 83% de la inversión tuvo que buscar recursos por afuera
La decisión de endeudarse tampoco apareció en el vacío. Según el diagnóstico presentado por Calore, las cuentas provinciales comenzaron a tensionarse durante 2026. Santa Fe había cerrado 2025 con un escenario de equilibrio entre ingresos y gastos, pero durante el primer semestre los recursos comenzaron a resultar insuficientes para sostener simultáneamente las distintas erogaciones provinciales.
“Los gastos de la Provincia están sobrepasando los recursos propios”, explicó la economista.
El escenario tiene múltiples causas. Nación redujo su participación en la obra pública, disminuyó transferencias hacia las provincias y modificó el esquema de subsidios, mientras la actividad económica no logró una recuperación homogénea y eso afectó tanto los recursos coparticipables como la recaudación santafesina. Frente a esa situación, el Gobierno de Pullaro tomó una decisión política: no abandonar la obra pública provincial. Eso permitió mantener inversiones y sostener actividad, particularmente en sectores como la construcción, pero tuvo un costo financiero.
Calore puso sobre la mesa un número que permite comprender la magnitud del cambio. Entre enero y mayo de 2026, el 83% del gasto de capital de Santa Fe tuvo que financiarse por fuera del ahorro corriente. En términos sencillos, los recursos ordinarios que ingresaban a la Provincia no alcanzaban para financiar el nivel de obra pública que el Gobierno decidió mantener.
Para hacerlo se recurrió a reservas acumuladas y al endeudamiento. “Se recurrió al FUCO”, explicó Calore, describiéndolo como una suerte de reserva disponible dentro del Estado provincial.
El dato adquiere todavía más relevancia cuando se compara con lo que había previsto el Presupuesto 2026. Según explicó la economista, se había proyectado financiar alrededor del 90% de la obra pública mediante recursos corrientes, pero terminó sucediendo prácticamente lo contrario. Para Calore, hubo una sobreestimación de los ingresos esperados: el crecimiento proyectado no se produjo en los términos previstos y la evolución económica terminó modificando las cuentas.
La obra se hace hoy; la cuenta llegará después
Este es probablemente el núcleo político de la discusión. El Gobierno tiene un argumento concreto: frente a una Nación que abandonó buena parte de la inversión en infraestructura, Santa Fe decidió seguir haciendo obra pública. Rutas, infraestructura energética, seguridad y proyectos urbanos necesitan financiamiento, y sostener esas inversiones también permite mantener actividad económica y puestos de trabajo.
Pero la advertencia del CESO obliga a mirar la otra cara de la decisión. La infraestructura se ejecuta durante esta administración, la deuda queda y los US$800 millones de capital comenzarán a devolverse cuando la actual gestión ya haya finalizado. No es una discusión sobre si corresponde o no realizar obra pública, sino sobre cuánto de esa obra puede sostenerse con endeudamiento y qué obligaciones se trasladan hacia quienes gobiernen después.
Calore utilizó incluso el antecedente de Buenos Aires para explicar por qué considera necesario seguir de cerca estos procesos. Recordó que aquella provincia tomó un volumen importante de deuda en dólares durante la gestión de María Eugenia Vidal y posteriormente debió reestructurar obligaciones que terminaron siendo administradas por otro gobierno. No planteó que Santa Fe vaya inevitablemente hacia ese escenario. De hecho, destacó que la Provincia tiene históricamente un comportamiento financiero sólido y antecedentes de cumplimiento. Su advertencia es precisamente que ese patrimonio de prudencia debe cuidarse.
El ajuste nacional no desapareció: cambió quién lo financia
Hay otro elemento que atraviesa todo el análisis. El Gobierno provincial recurrió al endeudamiento en parte para amortiguar el retiro del Estado nacional. Calore explicó que Nación se retiró de distintas responsabilidades que anteriormente financiaba, entre ellas obra pública, transporte y transferencias hacia las provincias. Santa Fe decidió cubrir una parte de ese vacío, pero financiar con deuda aquello que antes tenía otras fuentes de recursos no elimina el costo: lo traslada hacia adelante.
Mientras tanto, según la economista, existe otro sector que ya está absorbiendo parte del ajuste: los trabajadores públicos. Calore sostuvo que los salarios provinciales vienen perdiendo poder adquisitivo y vinculó ese deterioro con el esfuerzo fiscal realizado para sostener otras partidas.
“Hay sectores a los que no se les está compensando o el esfuerzo de seguir sosteniendo ciertos gastos recae sobre las espaldas, en este caso, de los trabajadores públicos”, señaló.
La combinación resulta políticamente significativa: más obra pública sostenida mediante reservas y deuda, mientras una parte del ajuste corriente se refleja en el poder adquisitivo de los empleados provinciales, según el diagnóstico del CESO.
¿Y los US$200 millones que todavía quedan autorizados?
La discusión no terminó con los US$800 millones. La Legislatura autorizó al Gobierno provincial a tomar deuda por hasta US$1.000 millones y hasta el momento se colocaron US$800 millones. Queda entonces un margen autorizado de otros US$200 millones.
“¿Qué va a pasar con los otros 200? ¿Los va a colocar? ¿Los vamos a utilizar como deuda y vamos a acrecentar ese endeudamiento o vamos a ser más cautos?”, preguntó Calore.
Cuando en Democráticamente le preguntaron directamente qué recomendaría hacer, su respuesta fue mucho menos técnica y mucho más contundente: “Mi sugerencia sería no seguir endeudándose”. Para la economista, las condiciones actuales de las cuentas provinciales no son mejores que las existentes cuando Santa Fe concretó la colocación anterior y la carga asumida ya representa una apuesta suficientemente “audaz” hacia el futuro.
Pullaro cambió el esquema; los próximos gobernadores recibirán la cuenta
La discusión sobre el endeudamiento santafesino no debería simplificarse. Santa Fe no está hoy ante una cesación de pagos y el Gobierno provincial cuenta con argumentos para defender su estrategia: financia infraestructura, mantiene obra pública frente al retiro nacional y conserva antecedentes de cumplimiento.
Pero los números señalados por el CESO tampoco permiten reducir la operación a una simple demostración de confianza financiera. La Provincia modificó su estrategia histórica, tomó una deuda considerablemente mayor que las emisiones internacionales anteriores, tiene casi la totalidad de sus obligaciones expresadas en moneda extranjera según los datos citados por Calore, financió el 83% del gasto de capital analizado por fuera del ahorro corriente y concentró los mayores compromisos del SF34 a partir de 2031.
Pullaro tomó la decisión y su Gobierno podrá mostrar las obras que se financien con esos recursos, pero la devolución del capital quedará esencialmente para quienes gobiernen Santa Fe después. Ese es el punto que Calore puso sobre la mesa y que probablemente merezca una discusión política mucho más profunda que la que tuvo hasta ahora.
Porque la pregunta ya no es solamente cuánto puede endeudarse Santa Fe, sino cuánto margen de decisión tendrán los próximos gobiernos cuando comiencen a llegar los vencimientos de una deuda que no tomaron, pero que igualmente deberán pagar.




