El radicalismo presentó este miércoles su proyecto de Código Electoral, mientras que el socialismo hará lo propio durante la sesión legislativa de este jueves. También el PRO prepara su propia iniciativa. Aunque todos integran el frente Unidos, las diferencias sobre la Boleta Única, los pisos electorales y el diseño del futuro sistema electoral comienzan a profundizar una disputa política que ya trasciende lo técnico y deja al descubierto dos modelos distintos de construcción del poder.
La discusión por la reforma electoral de Santa Fe ingresó definitivamente en su etapa más política.
Después de semanas de reuniones reservadas, negociaciones internas y borradores que circulaban entre los principales referentes del oficialismo, la Unión Cívica Radical presentó este miércoles su proyecto integral de Código Electoral.
El socialismo hará lo mismo este jueves durante una nueva jornada legislativa y el PRO también tiene previsto ingresar su propia iniciativa.
La decisión de presentar textos separados deja una primera conclusión: Unidos mantiene la unidad parlamentaria, pero cada vez exhibe con mayor claridad profundas diferencias políticas e ideológicas sobre el futuro sistema electoral.
La coalición sigue funcionando como herramienta de gobierno y volumen legislativo, aunque las discusiones internas muestran que los acuerdos muchas veces se sostienen con dificultad.
El proyecto radical
La propuesta impulsada por el radicalismo busca unificar toda la legislación electoral en un único Código Electoral, en línea con el mandato que dejó la reforma constitucional. También crea un Tribunal Electoral independiente, mantiene las PASO y ratifica la continuidad de la Boleta Única de Papel.
Sin embargo, el punto más novedoso aparece en el formato de votación.
El proyecto propone mantener las cinco boletas durante las elecciones primarias, pero reducirlas a dos para las elecciones generales.
En una de ellas quedarían agrupadas todas las categorías provinciales —gobernador, vicegobernador, diputados y senadores— y en la otra las categorías municipales y comunales.
Además, incorpora un casillero que permitirá seleccionar con un solo tilde todas las categorías de una misma fuerza política.
La lógica es clara.
Después de que la reforma constitucional eliminara la mayoría automática de diputados para el gobernador, el radicalismo busca fortalecer el arrastre electoral del candidato a la Casa Gris y facilitar la construcción de mayorías legislativas.
También impulsa elevar los pisos electorales para reducir la fragmentación política y consolidar bloques con mayor volumen parlamentario. Ese porcentaje todavía continúa en discusión, aunque oscila entre el 4 y el 5 por ciento para la elección general.
El socialismo marca diferencias
Aunque comparte buena parte de la arquitectura institucional del proyecto, el Partido Socialista decidió tomar otro camino.
Su iniciativa mantendrá las cinco boletas también en la elección general y rechaza modificar uno de los rasgos distintivos del sistema santafesino.
Para el socialismo, la actual Boleta Única garantiza mayor libertad al elector, evita el efecto arrastre entre categorías y preserva la autonomía política de cada candidatura.
Detrás de esa postura también aparece una diferencia conceptual.
Mientras el radicalismo prioriza fortalecer la gobernabilidad del Ejecutivo, el socialismo pone el acento en preservar la independencia del voto y evitar que la figura del gobernador termine condicionando la elección legislativa.
Una discusión mucho más política que técnica
El debate ya dejó de girar exclusivamente alrededor de la cantidad de boletas.
En realidad, lo que está en discusión es el modelo político que tendrá Santa Fe durante las próximas décadas.
Reducir las boletas podría simplificar la experiencia del votante y potenciar el proyecto político encabezado por el gobernador.
Pero también implicaría disminuir la autonomía de la categoría diputados y fortalecer el denominado «efecto arrastre», que puede beneficiar o perjudicar a toda una lista según el momento político que atraviese quien encabece la fórmula para gobernador.
Del otro lado, sostener las cinco boletas preserva la libertad del elector para combinar distintas categorías, aunque mantiene un sistema que algunos consideran excesivamente fragmentado.
Unidos, unido… pero no tanto
Las diferencias entre radicales y socialistas no son nuevas.
Ya aparecieron durante la discusión de la reforma constitucional, en distintos proyectos vinculados a seguridad, justicia, educación y organización institucional.
Ahora vuelven a emerger alrededor de una de las leyes más importantes que deberá sancionar la Legislatura.
La imagen que comienza a consolidarse es la de una coalición que conserva cohesión para gobernar y para competir electoralmente, pero donde cada uno de sus principales socios mantiene una identidad política cada vez más marcada.
La alianza sigue ofreciendo volumen electoral y parlamentario.
Sin embargo, las diferencias estratégicas muestran que ese equilibrio permanece sostenido por delicados consensos que permanentemente necesitan ser renegociados.
Lo que viene
Con los proyectos del radicalismo, el socialismo, el PRO y los ya presentados por el peronismo, el debate legislativo comenzará a tomar forma durante las próximas semanas.
Las PASO, los pisos electorales, la cantidad de boletas, el Tribunal Electoral independiente y la forma de construir mayorías serán algunos de los ejes centrales.
Pero detrás de cada artículo aparecerá una discusión mucho más profunda.
No sólo se definirán las reglas de juego para las elecciones de 2027.
También comenzará a delinearse qué modelo de poder pretende construir Unidos después de la reforma constitucional y hasta dónde sus socios estarán dispuestos a ceder posiciones para mantener una alianza que, por momentos, parece pendiendo de un hilo.










