Después de semanas de tensión, negociaciones cruzadas y amenazas de interna, el radicalismo de la ciudad de Santa Fe alcanzó un acuerdo que ordena —al menos en lo institucional— la disputa por la conducción partidaria. La síntesis llegó fuera de término, pero a tiempo para evitar una elección interna que amenazaba con exponer públicamente las diferencias dentro de un espacio que hoy gobierna la provincia y forma parte central de la gestión en la capital.
El entendimiento no fue casual ni espontáneo. Respondió a una lógica clara: preservar el poder. La conducción partidaria en la capital santafesina no solo implica ordenar la estructura interna, sino también posicionarse de cara a las futuras negociaciones de candidaturas y cargos dentro del esquema de Unidos.
Reparto, equilibrio y unidad
El acuerdo alcanzado dejó un esquema de distribución que contempla a todos los sectores en pugna. Sergio Basile continuará al frente del comité departamental; Leandro González será delegado al comité provincial; y José Corral ocupará un lugar en la Comisión de Acción Política.
La fórmula no es nueva en la política partidaria: todos adentro, todos contenidos. La consigna fue clara: evitar la ruptura y sostener la unidad, aún a costa de diluir diferencias que hasta hace pocos días parecían irreconciliables.
El acuerdo también se inscribe en una estrategia más amplia impulsada desde la conducción provincial del radicalismo, encabezada por Felipe Michlig, que buscó evitar conflictos internos en un momento donde el oficialismo necesita cohesión.
Una interna con aspiraciones electorales
Detrás de la disputa partidaria se esconde otro objetivo: la carrera por la intendencia de la ciudad. En ese escenario aparecen tres nombres con aspiraciones claras.
Por un lado, González, con un perfil de gestión y con recorrido reciente en el Concejo Municipal, busca consolidarse como una alternativa competitiva. Por otro, Basile, actual presidente del cuerpo deliberativo, aparece como un dirigente alineado con el gobernador Maximiliano Pullaro, lo que le otorga volumen político dentro del esquema oficialista.
En tanto, Corral, con dos mandatos como intendente, sigue siendo una figura de peso dentro del radicalismo capitalino. Aunque su proyección parece más vinculada a lo provincial, su presencia en la mesa de decisiones lo mantiene como un actor central.
Unidad hacia afuera, tensiones hacia adentro
El acuerdo logró desactivar la interna, pero no necesariamente resolver las diferencias de fondo. Las negociaciones dejaron en evidencia que el principal punto de conflicto no era ideológico, sino el reparto de poder.
En ese sentido, la unidad alcanzada aparece más como un equilibrio transitorio que como una síntesis política profunda. La convivencia entre sectores con aspiraciones propias se sostiene, por ahora, en la necesidad de no debilitar al espacio en un contexto donde el radicalismo tiene responsabilidades de gestión tanto a nivel provincial como local.
La política como construcción de poder
Lo que ocurrió en la UCR de La Capital es una muestra clara de cómo funciona la lógica partidaria: los liderazgos se negocian, los espacios se distribuyen y las tensiones se administran en función de un objetivo mayor.
En este caso, ese objetivo es doble: sostener el control partidario y posicionarse estratégicamente para lo que viene. Porque detrás del acuerdo, lo que realmente está en juego no es solo la conducción del radicalismo, sino la posibilidad de definir quién tendrá la mejor silla cuando llegue el momento de disputar el poder en la ciudad.
El radicalismo logró evitar la interna. Ahora, el desafío será sostener esa unidad cuando la competencia deje de ser partidaria y pase a ser electoral.



