La apertura del nuevo Polo de la Niñez, en pleno centro de Rosario, dejó dos imágenes completamente diferentes. Mientras el Gobierno presentaba un edificio de 2.600 metros cuadrados y destacaba el trabajo de los equipos que atenderán allí, trabajadores vinculados al área reclamaron por precarización, bajos salarios y demoras en los pagos. Esta vez eligieron manifestarse con máscaras, una modalidad que refleja el temor que expresan frente a posibles identificaciones y represalias. No es la primera protesta que atraviesa una actividad de Maximiliano Pullaro: la relación de su gestión con diferentes sectores estatales acumula conflictos salariales, previsionales y laborales. Incluso detrás del discurso oficial sobre seguridad comienza a aparecer otro interrogante: cuánto tiempo puede sostenerse la tensión salarial entre quienes integran las propias fuerzas encargadas de garantizarla.
Maximiliano Pullaro volvió a encontrarse con una protesta de trabajadores estatales durante una actividad oficial. Esta vez ocurrió en pleno centro de Rosario, durante la inauguración del Polo de la Niñez, el nuevo dispositivo provincial ubicado en Santa Fe y Sarmiento destinado a atender a niños, niñas y adolescentes cuyos derechos hayan sido vulnerados.
La jornada dejó una postal difícil de ignorar. Adentro, el Gobierno inauguraba uno de los proyectos que presenta como referencia de su política de protección de las infancias. Afuera y alrededor del acto, trabajadores reclamaban por sus propias condiciones laborales. Algunos lo hicieron utilizando máscaras, evitando exponer públicamente sus rostros en una protesta contra la misma administración para la que prestan servicios.
El contraste fue todavía mayor porque durante su discurso Pullaro destacó precisamente la “motivación y el amor de los trabajadores” y recordó las malas condiciones que, según describió, encontró en la Secretaría de Niñez al asumir. El gobernador sostuvo que la idea del Polo fue madurando gracias al compromiso de los equipos.
Mientras esas palabras se escuchaban durante la inauguración, parte de los trabajadores tenía otro mensaje para el Gobierno.
“No somos ñoquis, somos trabajadores”
Los manifestantes denunciaron precarización laboral, bajos ingresos y demoras en los pagos. Según expresaron, existen trabajadores que cumplen funciones dentro del sistema provincial de Niñez pero deben facturar por sus servicios y no cuentan con las condiciones y derechos propios de una relación laboral formal.
La consigna elegida fue contundente: “No somos ñoquis, somos trabajadores. Y sin trabajadores no hay Polo de la Niñez”.
También cuestionaron que la inauguración se realizara, según su expresión, “a espaldas de las trabajadoras” y plantearon una contradicción entre la presentación pública de un espacio dedicado a restituir derechos y las condiciones laborales que denuncian quienes diariamente sostienen parte de ese sistema.
“Hoy en el acto inaugural estuvimos presentes, no como invitados”, señalaron, al tiempo que afirmaron haber recibido muestras de acompañamiento de familiares de niños y niñas que forman parte del dispositivo.
Su comunicado terminó con una advertencia política al Ejecutivo: “Si no hay respuesta para nuestras condiciones, no habrá paz para el gobierno”.
Las máscaras como símbolo de una relación quebrada
Pero hubo un elemento que convirtió esta protesta en algo diferente: las máscaras.
Trabajadores decidieron reclamar sin mostrar sus rostros. Más allá de que no puede establecerse solamente a partir de esa decisión que existiera una amenaza concreta de despido, la modalidad expresa por sí misma un dato político: quienes protestaron consideraron necesario preservar su identidad mientras cuestionaban públicamente a la administración provincial. Ese temor merece atención.
El derecho a reclamar condiciones laborales no debería depender de que un trabajador pueda o no ser reconocido en una fotografía o en un video. Mucho menos cuando la protesta se desarrolla alrededor de una actividad pública y sin que ello implique, por sí mismo, la comisión de ningún delito.
Las máscaras terminaron convirtiéndose así en una imagen potente del conflicto: trabajadores del Estado reclamándole al Estado, pero procurando que el propio Estado no pueda identificarlos.
Un Polo pensado para garantizar derechos en medio de un reclamo por derechos
El contraste tampoco puede analizarse desconociendo la importancia de la obra inaugurada.
El Polo de la Niñez ocupa 2.600 metros cuadrados, reúne aproximadamente 190 profesionales y contará con guardias presenciales las 24 horas durante todo el año. Posee ocho salas de escucha, espacios lúdicos y un auditorio, y brindará atención a Rosario y a la región sur provincial.
El dispositivo está organizado alrededor de la denominada “ruta de los derechos”, basada en los principios de la Convención sobre los Derechos del Niño. La intención oficial es centralizar intervenciones, evitar revictimizaciones y mejorar la articulación entre los organismos encargados de actuar cuando un niño o adolescente atraviesa una vulneración de derechos.
La secretaria de Derechos de Niñez, Adolescencia y Familia, Daniela León, sostuvo que allí serán recibidos niños y niñas con derechos vulnerados. La ministra Victoria Tejeda planteó durante la inauguración: “Si el Estado no está garantizando los derechos, ¿quién lo va a hacer?”.
Precisamente esa frase permite trasladar el interrogante hacia quienes trabajan para ese mismo Estado. ¿Quién garantiza sus derechos?
Pullaro y una modalidad de protesta que se repite
El episodio tampoco aparece aislado dentro de la gestión provincial. Pullaro ya atravesó diferentes protestas de trabajadores estatales y organizaciones gremiales durante actos e inauguraciones. Los reclamos fueron transformando determinadas actividades públicas del gobernador en escenarios elegidos por sectores laborales para conseguir una visibilidad que, según sostienen, muchas veces no encuentran por otras vías.
El propio mandatario reaccionó anteriormente con dureza frente a esta metodología. Según las crónicas sobre esos episodios, llegó a caracterizar como “fascistas” y “violentos” a pequeños grupos que se presentaban en actividades gubernamentales para reclamar y sostuvo que las manifestaciones debían realizarse mediante concentraciones organizadas específicamente para ese fin.
Pero el método continúa. Y la reiteración merece una lectura política que vaya más allá de cada episodio individual.
No existe un registro objetivo que permita afirmar que Pullaro sea literalmente el gobernador santafesino que más escraches recibió durante los últimos veinte años. Lo que sí puede observarse es una repetición significativa de protestas laborales alrededor de sus actividades públicas, en un contexto de fuerte conflictividad con distintos sectores estatales.
Una relación atravesada por la tensión
Desde el comienzo de la administración Pullaro, la relación con sectores del empleo público atravesó diferentes conflictos. La discusión salarial, el presentismo docente, los cambios previsionales, las condiciones laborales, los descuentos por medidas de fuerza y las políticas de reorganización estatal fueron construyendo una relación particularmente tensa con distintos gremios.
El Gobierno sostiene que buena parte de esas medidas forman parte del ordenamiento del Estado, de la recuperación de capacidades institucionales y de una administración más eficiente de los recursos públicos.
Del otro lado, trabajadores y organizaciones sindicales denuncian pérdida de poder adquisitivo, precarización y deterioro de condiciones laborales. Son dos interpretaciones enfrentadas. Pero las protestas que siguen apareciendo alrededor de los actos oficiales demuestran que el conflicto está lejos de haberse cerrado.
Una contradicción difícil de ocultar
La inauguración del Polo dejó entonces una contradicción política potente. Pullaro destacó públicamente el compromiso y el amor de quienes trabajan en Niñez. Al mismo tiempo, trabajadores vinculados al área denunciaban precarización y reclamaban mejores condiciones.
El Gobierno inauguraba un edificio pensado para garantizar derechos mientras una parte de quienes sostienen cotidianamente esa política pública reclamaba por los propios. Y algunos decidieron hacerlo con el rostro cubierto.
La discusión no invalida el valor del Polo de la Niñez. Un dispositivo con atención permanente, profesionales especializados y espacios específicamente preparados para niños y adolescentes constituye una herramienta relevante para el sistema provincial de protección.
Precisamente por eso la situación laboral de quienes deben hacerlo funcionar no debería quedar relegada detrás de la obra. Un edificio puede ser moderno. Una política pública puede estar correctamente diseñada. Pero ninguna de las dos funciona sin trabajadores.
Un problema político que Pullaro todavía no consigue resolver
Cada escrache puede tener protagonistas diferentes, demandas particulares y dimensiones distintas. Sería incorrecto convertirlos automáticamente en una única protesta homogénea contra el Gobierno. Pero cuando los episodios se repiten aparece un patrón que merece ser observado.
Pullaro mantiene elevados niveles de exposición pública y una agenda permanente de recorridas e inauguraciones. Eso naturalmente aumenta las posibilidades de encontrarse con manifestaciones. Pero también existe una conflictividad concreta con sectores estatales que encuentra en esas apariciones una oportunidad para hacerse visible.
El desafío para la Casa Gris consiste en decidir cómo interpretar esas escenas. Puede entenderlas exclusivamente como acciones destinadas a incomodar políticamente al gobernador. O puede preguntarse por qué trabajadores del propio Estado consideran que necesitan llegar hasta un acto oficial para conseguir que sus reclamos sean escuchados.
Lo ocurrido en Rosario agregó un elemento todavía más incómodo. Esta vez algunos fueron a reclamar sin mostrar la cara. Y quizás esa sea la imagen que debería preocupar más al Gobierno.
Porque detrás de una máscara puede haber un manifestante que no quiere ser reconocido. Pero también puede haber algo políticamente más profundo: un trabajador del Estado que ya no confía en que pueda reclamarle al Estado sin temor a las consecuencias.




