La Cámara de Diputados dio media sanción a un Código Electoral de 297 artículos que modifica aspectos centrales de un sistema que los santafesinos utilizan desde hace una década y media. La Boleta Única continúa, pero ya no será igual en las generales: habrá tres papeletas, Gobernación quedará vinculada con Diputados y aparecerá la opción de votar lista completa. También suben los pisos electorales, se podrán presentar listas legislativas sin candidatos ejecutivos y un mismo postulante a gobernador podrá competir en las PASO con hasta tres candidatos a vice. Detrás de los cambios técnicos hay una fuerte lectura política: varias de las nuevas reglas permiten administrar las desconfianzas y necesidades internas de Unidos ante la desaparición de la mayoría automática en Diputados. ¿Qué habría ocurrido con estas reglas en 2023? El oficialismo habría obtenido apenas 17 bancas en lugar de las 28 que consiguió.
Santa Fe está a un paso de modificar sustancialmente la manera en que sus ciudadanos eligen gobernador, legisladores, intendentes y concejales.
Después de 15 años de utilización de la Boleta Única de Papel bajo una mecánica incorporada por los santafesinos y que llegó hasta aquí sin grandes objeciones respecto de su funcionamiento, la provincia se prepara para ingresar en una nueva etapa.
No desaparecerá la Boleta Única. Tampoco las PASO. Pero cambiarán reglas importantes alrededor de ambas.
El nuevo Código Electoral y de Partidos Políticos obtuvo media sanción en la Cámara de Diputados y ahora deberá atravesar el Senado, donde todo indica que el oficialismo cuenta con las condiciones políticas para convertirlo definitivamente en ley.
Se trata de una reforma extensa, de 297 artículos, que pretende concentrar en un único cuerpo normativo disposiciones que hasta ahora estaban distribuidas entre diferentes leyes y decretos. El texto fue acompañado en general por nueve de cada diez diputados presentes, incluso por sectores opositores que posteriormente rechazaron artículos particulares.
Pero reducir la discusión a una mera actualización normativa sería quedarse con una parte de la historia. Porque detrás de las nuevas reglas también existe política. Mucha.
Las negociaciones de las últimas semanas mostraron las dificultades que atravesó Unidos para conciliar los intereses de radicales, socialistas y PRO. Y varias soluciones incorporadas al Código parecen destinadas, además de modificar el sistema electoral, a encontrar mecanismos que permitan ordenar esas tensiones pensando directamente en 2027.
¿Qué cambia realmente para el ciudadano?
La primera aclaración es importante. En las PASO, el santafesino seguirá encontrándose con cinco Boletas Únicas, una por cada categoría: gobernador y vice, diputados provinciales, senador departamental, intendente y concejales.
El gran cambio aparecerá en las elecciones generales. Allí ya no habrá cinco. Habrá tres boletas. Una boleta provincial reunirá la fórmula de gobernador y vice con la lista de candidatos a diputados provinciales.
Una segunda continuará exclusivamente destinada a senador departamental. Y la tercera agrupará intendente y concejales. Parece una modificación sencilla, pero políticamente es una de las decisiones más relevantes de toda la reforma.
Gobernador y diputados juntos: el cambio que puede modificar el comportamiento electoral
Desde la implementación de la Boleta Única, Santa Fe acostumbró al elector a separar con claridad las categorías. Un ciudadano podía elegir a un candidato a gobernador de una fuerza y, segundos después, tomar otra papeleta y votar diputados de un espacio completamente diferente.
Ahora Gobernación y Diputados convivirán en una misma boleta durante las generales. El elector conservará la posibilidad de elegir de manera diferenciada, pero la proximidad física entre ambas categorías introduce inevitablemente otra dinámica. Además aparecerá un casillero de “lista completa”.
Con una sola marca podrá acompañarse a las diferentes categorías de una misma fuerza comprendidas dentro de esa boleta. También seguirá siendo posible combinar opciones políticas diferentes. Aquí aparece la primera gran lectura política.
El arrastre que necesita el próximo gobernador
La reforma constitucional terminó con una de las particularidades más importantes del sistema político santafesino: la mayoría automática en Diputados. Hasta ahora, la lista más votada se aseguraba 28 de las 50 bancas. Eso desaparece.
Desde 2027, las 50 bancas serán distribuidas proporcionalmente entre las fuerzas que superen el umbral electoral. Para cualquier gobernador, pero especialmente para quien tenga aspiraciones de continuar conduciendo la provincia, el cambio representa un problema.
Ganar la Casa Gris ya no garantizará controlar Diputados. Y allí la decisión de juntar Gobernación y Diputados en una misma boleta adquiere otro sentido.
La potencia electoral del candidato a gobernador podrá tener mayor capacidad de arrastre sobre su nómina legislativa. No garantiza una mayoría. Pero puede ayudar a construirla.
¿Qué hubiera pasado en 2023?
El ejercicio permite comprender la magnitud del cambio.
Si el nuevo sistema de distribución de bancas se hubiese utilizado con los resultados electorales de 2023, la composición de Diputados habría sido radicalmente diferente. Unidos habría obtenido 17 bancas; el PJ, 15; Somos Vida, 10; el Frente Amplio por la Soberanía, cuatro; y Viva la Libertad, otras cuatro.
El dato central es el primero. Unidos consiguió 28 diputados en 2023 gracias al sistema de mayoría automática. Con las nuevas reglas habría tenido solamente 17. Once diputados menos.
Ese simple ejercicio explica buena parte de la preocupación oficialista. El próximo gobernador podrá ganar una elección y encontrarse al día siguiente obligado a negociar prácticamente cada ley.
Un piso del 4% que también cambia el tablero
La desaparición de la mayoría automática no fue la única modificación importante para Diputados. También cambia el umbral. Hasta ahora era del 3%. El proyecto aprobado lo eleva al 4% del padrón electoral para participar de la distribución proporcional de bancas.
Tomando como referencia el padrón de la última elección provincial, significaría necesitar más de 115 mil votos para atravesar esa barrera. Y aquí existió una de las mayores diferencias entre los espacios políticos.
La UCR pretendía 5%. El socialismo defendía 3%. El PRO proponía 4%. El peronismo, 3,5%. Y el Frente Amplio por la Soberanía directamente planteaba eliminar el piso. El acuerdo terminó en 4%.
El cuestionamiento: ¿ordenar o restringir?
Para el oficialismo, establecer ese umbral permite equilibrar la participación con la necesidad de que quienes accedan a la Legislatura tengan un respaldo electoral significativo.
Para las fuerzas más pequeñas, ocurre exactamente lo contrario. Carlos Del Frade lo calificó directamente como un piso “proscriptivo” y sostuvo durante el debate que “sin representación de las minorías no hay democracia”.
Incluso Somos Vida, pese a acompañar el proyecto en general, manifestó su desacuerdo. Emiliano Peralta planteó que el porcentaje debería calcularse sobre los votos efectivamente emitidos y no sobre la totalidad del padrón. La diferencia no es menor.
Con niveles decrecientes de participación electoral, calcular un 4% sobre el padrón completo eleva proporcionalmente la exigencia sobre quienes efectivamente concurren a votar.
También habrá un piso para superar las PASO
El Código incorpora además un umbral del 1% del padrón correspondiente para superar las primarias.
Por lo tanto, existirán dos filtros diferentes. Primero habrá que conseguir el 1% para atravesar las PASO. Después, en las categorías legislativas correspondientes, alcanzar el 4% para ingresar al reparto proporcional de bancas.
Esta combinación será particularmente relevante para las fuerzas provinciales más pequeñas. Y puede comenzar a condicionar desde bastante antes de las elecciones la estrategia de alianzas.
La gran innovación política: un gobernador y hasta tres candidatos a vice
Si la modificación de la Boleta Única afecta directamente al ciudadano, existe otro artículo que golpea de lleno sobre la arquitectura de las coaliciones. Y especialmente sobre Unidos.
El nuevo Código permite que una misma persona sea precandidata a gobernador en hasta tres fórmulas diferentes dentro de una agrupación política. Cada una deberá tener un candidato distinto a vicegobernador y respetar la paridad de género.
Llevado a un ejemplo concreto: Maximiliano Pullaro podría eventualmente presentarse a una PASO como candidato a gobernador en tres fórmulas distintas, acompañado por tres aspirantes diferentes a la Vicegobernación. Una podría responder al PRO. Otra al socialismo. Otra al radicalismo. La ciudadanía definiría entonces no solamente la interna para Gobernador, sino quién termina acompañándolo.
Una regla que tiene nombre y apellido político
La incorporación de este punto generó ruido dentro de Unidos, especialmente en sectores del PRO. Y es comprensible.
En 2023, la coalición encontró una distribución relativamente clara de los principales espacios de poder. La UCR consiguió la Gobernación con Pullaro. El PRO obtuvo la Vicegobernación con Gisela Scaglia. El socialismo consiguió protagonismo legislativo con Clara García. El problema aparece con las nuevas reglas.
Si Gobernación y Diputados quedan más estrechamente vinculados electoralmente, la categoría legislativa puede perder parte de aquella autonomía que permitía a cada socio mostrar sus propios votos. ¿Dónde medir entonces el peso de cada integrante de Unidos?. La Vicegobernación apareció como respuesta.
Hasta esta reforma, una eventual candidatura de Pullaro a la reelección parecía conducir naturalmente a otra discusión: si repetiría la fórmula con Scaglia. Ahora esa certeza desaparece. El socialismo consiguió que el segundo lugar del binomio pueda transformarse en un territorio de competencia.
Por eso este artículo fue uno de los que menor consenso consiguió: recibió 34 votos, pese a que todo el oficialismo terminó acompañándolo. El peronismo, Somos Vida y el Frente Amplio por la Soberanía lo rechazaron.
Celia Arena sintetizó la crítica del PJ sosteniendo que el mecanismo “desvirtúa el concepto de las PASO”.
Los votos no se suman
Este punto es fundamental para entender el nuevo sistema. Los votos obtenidos por las diferentes fórmulas encabezadas por un mismo candidato a gobernador no serán acumulativos.
Supongamos un escenario hipotético. Pullaro participa con tres candidatos a vice. Una fórmula consigue 300 mil votos. Otra 200 mil. Y la tercera 150 mil. No podrá sumar 650 mil para competir contra otro precandidato a gobernador. Su resultado será el correspondiente a cada fórmula individualmente considerada.
Esto introduce un riesgo inesperado. Un candidato extremadamente competitivo puede fragmentar su propio caudal entre varias fórmulas y terminar siendo superado por otro postulante que concentre todos sus votos en una sola.
Es decir: la herramienta creada para ordenar una coalición también podría complicar electoralmente a quien decida utilizarla.
La desconfianza interna quedó convertida en sistema electoral
Y aquí aparece uno de los elementos políticos más interesantes del Código. Las reformas electorales deberían diseñarse pensando en reglas generales y duraderas. Pero es imposible ignorar que algunos artículos responden perfectamente a problemas que Unidos tiene hoy.
La coalición necesita administrar una eventual reelección de Pullaro. Necesita encontrar protagonismo para el socialismo. Necesita contener al PRO. Necesita conservar el peso territorial de los senadores. Y necesita construir una mayoría legislativa sin aquella garantía de 28 diputados que desapareció con la reforma constitucional. Varias respuestas a esos problemas terminaron incorporadas a la nueva arquitectura electoral.
Los senadores conservaron su propio juego
Hay otro detalle revelador. Gobernación y Diputados se unen. Intendente y concejales también. Pero Senado queda solo.
Los senadores departamentales conservarán una Boleta Única propia. No es una cuestión menor en una provincia donde los legisladores departamentales —oficialistas y opositores— construyeron durante décadas estructuras territoriales muy poderosas.
Incorporarlos a una gran boleta provincial hubiera significado sujetarlos mucho más al desempeño del candidato a gobernador. Finalmente, esa categoría quedó preservada.
Listas de Diputados sin candidato a gobernador
Otro cambio importante es que ya no será obligatorio completar una candidatura ejecutiva para competir legislativamente. Una fuerza podrá presentar candidatos a diputados provinciales sin llevar candidato a gobernador. En el ámbito municipal sucederá algo equivalente: podrán existir listas de concejales sin candidato a intendente.
Esto puede beneficiar a fuerzas que concentran su potencia electoral en una categoría determinada. El caso de Amalia Granata es probablemente el ejemplo provincial más evidente.
Una construcción con importante capacidad para captar votos legislativos ya no necesitará montar necesariamente una candidatura a gobernador para participar. Pero la herramienta también puede servir a Unidos.
En ciudades gobernadas por la coalición, diferentes sectores podrán presentar alternativas para los concejos sin necesidad de poner candidatos a intendente que compitan contra el jefe municipal oficialista. Otra manera de administrar diferencias internas sin necesariamente romper el frente.
Ojo!!!, aquí aparece la posibilidad de las listas colectoras. El ejemplo cercano se dio en las elecciones a Convencionales Constituyentes, donde una lista armada en el tablero estratégico del radicalismo terminó generando votos a las necesidades del oficialismo.
Un nuevo Juzgado Electoral
El Código también modifica la estructura institucional encargada de administrar y controlar las elecciones. Se establece un Juzgado Electoral Provincial especializado y permanente, que será autoridad de aplicación tanto en cuestiones electorales como de partidos políticos.
Según el proyecto, no implicará la creación de nuevos cargos: se utilizarán puestos provenientes de la Cámara Contenciosa Administrativa. Las decisiones del nuevo juzgado podrán ser revisadas por un tribunal compuesto por tres jueces. El objetivo declarado es diferenciar con mayor claridad las tareas judiciales, administrativas y operativas.
Campañas, financiamiento, debates y accesibilidad
Los cambios no terminan en el cuarto oscuro. El Código incorpora también disposiciones sobre financiamiento de campañas, rendición de cuentas, acceso a información pública y debates electorales. Además contempla mecanismos relacionados con accesibilidad y participación de personas con discapacidad.
Es decir, la norma intenta funcionar como un gran paraguas para reemplazar la dispersión normativa acumulada durante años. Ese probablemente sea uno de sus aspectos menos controvertidos. La discusión aparece cuando ese ordenamiento se mezcla con modificaciones concretas sobre la competencia electoral.
¿Qué hubiera cambiado realmente en 2023?
Volver sobre la última elección permite observar el nuevo sistema desde una perspectiva menos abstracta. El dato más impactante es Diputados. Con las nuevas reglas de proporcionalidad, Unidos habría pasado de 28 a 17 legisladores. El PJ habría tenido 15. Somos Vida, diez. El Frente Amplio por la Soberanía, cuatro. Y Viva la Libertad, cuatro.
La Cámara habría quedado muchísimo más fragmentada. Nadie habría tenido mayoría propia. Y el gobernador habría necesitado construir acuerdos parlamentarios permanentes.
Paradójicamente, mientras el aumento del piso es cuestionado por las minorías, aplicado al resultado concreto de 2023 el cambio global del sistema habría terminado reduciendo considerablemente la representación del propio oficialismo.
El verdadero desafío comenzará después de aprobar la ley
Todo indica que el Senado avanzará con el Código y completará su sanción. Pero la sanción no cerrará la discusión. En realidad abrirá otra. Porque entonces comenzará la etapa en la que cada fuerza tendrá que diseñar su estrategia con las nuevas reglas.
Unidos deberá resolver cómo administra las ambiciones de sus socios. El peronismo tendrá que definir si logra construir una oferta capaz de aprovechar una Cámara de Diputados mucho más proporcional. Las fuerzas minoritarias deberán decidir si compiten individualmente o buscan alianzas para superar los nuevos umbrales.
Los senadores seguirán defendiendo sus territorios con boleta propia. Y los intendentes tendrán que acostumbrarse a que puedan existir listas de concejales sin candidatos que les disputen directamente el Ejecutivo.
Quince años después, Santa Fe vuelve a cambiar las reglas
La Boleta Única no desaparece. Y ese dato debe quedar claro. Lo que cambia es la lógica con la que se utilizará.
Los santafesinos pasarán de votar cinco boletas separadas en las elecciones generales a utilizar tres. Gobernación y Diputados estarán juntas. Intendente y concejales también. Habrá voto por lista completa. Subirán los umbrales. Desaparecerá la mayoría automática en Diputados. Podrán existir listas legislativas sin candidaturas ejecutivas. Y las coaliciones podrán llevar un mismo candidato a gobernador con hasta tres opciones diferentes para la Vicegobernación.
Después de 15 años, por lo tanto, Santa Fe no abandona el sistema que conoce. Lo reforma profundamente.
La explicación oficial habla de modernización, simplificación, transparencia y adaptación a la nueva Constitución. La lectura política agrega otra dimensión: Unidos también construyó reglas destinadas a convivir con sus propias tensiones y con un escenario mucho más incierto después de perder la garantía de controlar Diputados.
La gran incógnita llegará en 2027. Porque una cosa es diseñar un sistema imaginando cómo puede funcionar y otra muy diferente es poner las boletas frente al elector. Y algunas de las herramientas incorporadas para resolver problemas internos podrían producir efectos inesperados cuando sean los santafesinos quienes, finalmente, empiecen a marcar los casilleros.










